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Educar en ciudadanía para un Chile democrático

Por Álvaro Ramis. Académico del Programa de Educación Continua para el Magisterio, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile.

 

Nuestro sistema educativo debe responder a las necesidades de socialización de los estudiantes y tiene que ayudar en la construcción de las bases morales de la convivencia en sociedad. Este proceso se debe plasmar de forma intencionada y explícita en el espacio escolar, de manera integral, abarcando conocimientos, habilidades y actitudes. En las últimas décadas, este carácter explícito e intencionado del proceso de formación ciudadana no ha tenido la fuerza requerida, por lo cual la sociedad ha interpretado un cierto abandono de este rol formativo en la enseñanza. Este juicio no da cuenta de muchas iniciativas innovadoras que han comenzado a desarrollarse en los establecimientos en los últimos años, de forma transversal a las asignaturas. Sin embargo, el juicio crítico tiene razón cuando constata un déficit en este campo.

En los años noventa se redescubrió la importancia de hacer de este aprendizaje algo vivencial, no sólo racional, y por eso se abandonó la asignatura de educación cívica que se diagnosticó como excesivamente prescriptiva y cognitivista. Y además se valorizó la dimensión transversal del proceso. Pero la transversalidad en educación corre el riesgo quedar abandonada en toda la comunidad. Si las tareas son nominalmente de todos, puede que no sean de nadie a la vez. La Ley Nº 20.911 viene a equilibrar este proceso, ya que el plan de formación ciudadana mantiene la dimensión transversal y vivencial, pero estableciendo responsabilidades explícitas y diferenciadas en la escuela. Y la institucionalización de la nueva asignatura en 3º y 4º medio va a complementar este proceso, aportando elementos cognitivos mínimos, que permitan crear un lenguaje común en nuestra sociedad para entendernos en una democracia pluralista.

Por eso la nueva Ley Nº 20.911, promulgada en marzo de 2016, pide a todos los establecimientos escolares reconocidos por el Estado incluir, en todos los los niveles de enseñanza, un Plan de Formación Ciudadana que integre las definiciones curriculares nacionales en esta materia. Además, esta nueva legislación mandató al MINEDUC la presentación al Consejo Nacional de Educación de una nueva asignatura de “Educación Ciudadana” o “Formación Ciudadana”, la cual será implementada en 3º y 4º medio en los años venideros, probablemente desde 2019. Estos procesos buscan responder al artículo 2 de Ley General de Educación, el cual señala que los estudiantes deben prepararse para vivir en una vida democrática, siendo un aporte para la construcción de un país más justo, más solidario y en búsqueda del bien común.

Además, la inclusión de una nueva asignatura de “Educación Ciudadana” debería asumir algunos elementos de la antigua Educación Cívica, pero comprendiendo que la formación ciudadana va más allá de la civilidad. En el antiguo modelo el alumno era preparado para ser útil a la nación y al Estado. En el nuevo enfoque se reconoce prioritariamente a un sujeto libre, que debe aportar al bien común, pero también puede manifestar expectativas, anhelos, búsquedas individuales o colectivas en coherencia con su proyecto de vida.

De esa forma el aprendizaje de la vida en ciudadanía se realiza al interior de las prácticas pedagógicas cotidianas. No se trata de una actividad adicional, sino que en cada asignatura se pueden sugerir criterios, generar hábitos y desarrollar habilidades en este campo. En la enseñanza de las Artes Visuales se puede fortalecer la capacidad de expresión pública de problemas de la comunidad. En Educación Física se puede abrir un debate sobre hábitos de vida saludable o sobre responsabilidad con el grupo. En Matemática se pueden analizar las estadísticas de la comuna en la que se vive, para descubrir en esas cifras la realidad en la que se está inserto.

Las actividades prácticas no deben ser vistas como eventos extraordinarios o muy producidos. Lo importante es fortalecer los procesos de diálogo en la comunidad escolar. Se deben mejorar y relevar los espacios de reflexión pedagógica, los consejos escolares, las reuniones familiares y de apoderados , los consejos de curso. Estas instancias son espacios fundamentales para formar en ciudadanía, vivenciar los conceptos, ver qué es lo que hay que desarrollar, qué es lo que tenemos que hacer.

Es clave identificar el compromiso del estudiante, su capacidad de participar, de investigar, de generar diálogos, de manifestar su opinión, pero también de respetar la opinión ajena, de buscar acuerdos y argumentar sus posiciones. Implementar los planes de formación ciudadana exige un liderazgo educativo dispuesto a fortalecer estas experiencias, confiando en la comunidad escolar. Es clave el compromiso del director y del equipo directivo, para motivar y dar espacio a la creatividad de los profesores y los alumnos. Si el equipo directivo se compromete, los docentes y los estudiantes van a poder desplegar sus capacidades en esta materia.

La Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, por medio del Programa de Educación Continua (PEC) y del Departamento de Estudios Pedagógicos (DEP), ha contribuido activamente a la difusión, apropiación e implementación de la Ley Nº 20.911, generando metodologías y enfoques específicos en estas materias. Nuestro énfasis radica en que se puede y se debe enseñar conceptos referentes a la vida cívica, pero lo central radica en apropiarse de ciertas virtudes universales y procedimentales, sin las cuales es imposible la convivencia en una sociedad pluralista. Y las virtudes más que entenderse, se deben “entrenar”, como en un deporte, porque son hábitos de vida.