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Formación y mentoría para líderes escolares[1]

Por: Andrea Carrasco, Coordinadora de la Línea de Liderazgo y Gestión Escolar & Pablo González, Coordinador de Redes Educativas; Programa de Educación Continua para el Magisterio, Universidad de Chile.

 

Desde hace poco más de una década, se ha instalado a nivel internacional la tendencia que reconoce en los líderes escolares una relevancia creciente al momento de alcanzar mejoras en la calidad de los aprendizajes de los estudiantes, llegando a constituir la segunda variable que más influye en ellos al interior de la escuela (Leithwood, 2006).

El reconocimiento de esta influencia ha significado que diversas políticas públicas y programas de formación de líderes escolares se propongan el desarrollo y fortalecimiento de las competencias profesionales asociadas al desempeño de los líderes educativos, quienes comprenden la relevancia de su rol en relación a la mejora de sus escuelas y a la calidad de los aprendizajes de los estudiantes (Weinstein, Hernández, Cuellar y Flessa, 2015).

A este respecto, la OCDE propone el diseño de programas de formación secuenciados que permitan a los directivos escolares la adquisición y desarrollo de las habilidades requeridas para dirigir las escuelas en sus complejidades actuales, en la perspectiva de satisfacer las necesidades de cada etapa del liderazgo, asegurando que las metodologías y contenidos se adecúen precisamente a dichas necesidades (Pont, Nusche y Moorman, 2009).

De esta manera, junto a los nuevos enfoques de liderazgo, han aparecido también una serie de programas de formación de líderes escolares, los cuales ofrecen una variada gama de acciones de perfeccionamiento. Así, el despliegue del liderazgo es entendido como un continuo formativo que debe ser atendido de modo singular, respondiendo a las necesidades de aprendizaje que el sujeto presenta en cada uno de los momentos de su desarrollo profesional, en el ámbito del liderazgo educativo (Huber, 2008, citado en Weinstein et al., 2015).

 

Antecedentes del concepto de mentoría

Los buenos directores no se hacen solos. Las habilidades y conocimientos de liderazgo escolar que logran portar los directores son claves para que las escuelas logren desarrollar procesos de aprendizaje y mejora organizacional. Los líderes escolares no nacen con estas habilidades. Para llegar a ser líderes altamente calificados, han de transitar no solo por programas de formación tradicionales, donde predomina un clásico ambiente aula. También deben cumplir con procesos formativos que contemplen un debido acompañamiento en la etapa de su ingreso al cargo, gracias a los cuales se “sumergen” en experiencias de liderazgo, en medio de la realidad de la escuela (SREB-Wallace Fundation, 2005).

Esta modalidad de formación, que apunta a satisfacer de modo integral las necesidades de aprendizaje en los directores principiantes, fue adoptada desde principios de los años noventa en Estados Unidos. Una veintena de estados adhirieron a diversos tipos de programa de acompañamiento, conocidos generalmente bajo el nombre de “mentorías”, en los que un profesional experimentado sirve como guía en el proceso de aprendizaje experimental de un principiante (Harris, 2002).

Para algunos especialistas, la mentoría es un proceso de transferencia de información y habilidades directivas desde un director veterano a uno novicio (Harris, 2002). Para otros, en cambio, se trata de un proceso mucho más sofisticado que sólo compartir conocimiento del oficio con quien ha llegado recientemente a la organización. Así, la mentoría debe ser comprendida como un proceso de instrucción proactivo en el que se establece un contrato de aprendizaje entre el mentor y el principiante (John Daresh, en LAB, 2003). En una dirección similar, también se comprende la mentoría como un proceso de colaboración que involucra al director y al mentor en una relación entre pares, diseñada para proporcionar asesoría e información en temas del distrito o territorio (Lubinsky, 2001).

En general, estos programas identifican una serie de problemas asociados a un proceso eficaz de acompañamiento, entre los que se incluyen: (1) el apoyo, la asistencia y la orientación del proceso; (2) la búsqueda de tiempo para comunicarse de manera efectiva; (3) la facilitación de la autosuficiencia; (4) la formación (Huling-Austin, 1992, en Harris, 2002).

Por otra parte, para crear una relación efectiva entre los actores de la mentoría, son esenciales la confianza y el respeto recíprocos, la valoración de ambos actores respecto a la relación y un ambiente de apoyo mutuo. Del mismo modo, por la naturaleza diversa y compleja del papel del mentor, se incrementan las necesidades de formación, porque éste se involucra en variadas funciones de modo simultáneo, entre las que se pueden mencionar: colega de confianza, agente que apoya al aprendiz a desarrollar sus capacidades reflexivas, de evaluación y auto-análisis, y la personificación de una suerte de símbolo, que representa la trayectoria y la experiencia que dan los años en el ejercicio del cargo (Harris, 2002).

Los nuevos directores escolares, más allá de la formación profesional que poseen, están sometidos en sus primeros momentos en el cargo a una serie de situaciones estresantes que obedecen principalmente a sus intentos por adecuar sus comprensiones teóricas o conceptuales sobre el liderazgo, al mundo real de las prácticas presentes en las escuelas, las que se caracterizan por la complejidad y variedad de situaciones, propias de una organización donde confluyen diversos tipos de personas (Lashway, 2003).

Los programas de mentoría para directores principiantes se componen de elementos formales propios de todo proceso de formación, sin embargo, se caracterizan por contar con un sólido componente práctico, centrado en la adquisición de habilidades para la vida real (Malone, 2001). Estos programas deben saber combinar la preparación teórico-conceptual tradicional con prácticas in situ, guiadas por un mentor, con el fin de facilitar en los directores principiantes los conocimientos prácticos y los comportamientos propios de los directores exitosos (Malone, 2001).

En este proceso los directores nóveles se nutren del acompañamiento de un mentor, quien, por lo general, ha de ser una figura de apoyo, empatía y motivación en las prácticas asociadas al ejercicio del cargo, entre las que pueden destacarse habilidades para el trabajo colaborativo y para la reflexión mediante el intercambio de ideas con un par (Navarro, Cordero y Torres, 2013).

La mentoría, además, pone a disposición del director principiante un tipo de apoyo psicosocial que le facilita reconocer y refinar los roles y funciones que necesariamente debe asumir ante su comunidad escolar. Le permite contar con opciones formativas que comprenden al sujeto de manera integral (Strong, 2009, citado en Navarro et al., 2013).

Del mismo modo, cabe destacar que en los programas de mentoría, el mentor es necesariamente una figura cercana al sujeto, a diferencia del coaching, donde prima el estatus del experto que se yergue como una autoridad educativa distante y que establece una relación de experto-aprendiz, tendiente a la rigidez del intercambio y del proceso (Navarro et. al., 2013).

Dicho lo anterior, se podría proponer, en síntesis, que la mentoría es una relación dialógica y colaborativa entre PARES, fundada en los saberes profesionales y en la reflexión sistemática sobre las propias prácticas, que promueve la transmisión permanente del conocimiento acumulado, cuyo propósito es atender la singularidad de las necesidades de aprendizaje del director principiante y del director mentor, sobre la base de reconocer la diversidad y la complejidad propia de los múltiples contextos escolares. Su foco es el ACOMPAÑAMIENTO mutuo entre un director experimentado y un director principiante.

La tarea de un mentor, entonces, es definir una relación única con su protegido/a y satisfacer una necesidad que ningún otro tipo de relación sería capaz de alcanzar (Samier, 2000). Los mejores mentores son profesores/consejeros que actúan hasta alcanzar lo mejor de sus posibilidades, con una clara visión de su protegido y se relacionan en una mutua y compasiva búsqueda por la sabiduría (Malone, 2001).

 

Aprendizajes y recomendaciones para el diseño de un programa de mentoría para directores principiantes

1. La mentoría para directores principiantes es una práctica vastamente desplegada en numerosos países de habla inglesa. Destaca, por cierto, el nivel de expansión y sofisticación que alcanza en los distritos escolares de Estados Unidos, algunos de los cuales cuentan con programas de este tipo desde los años noventa, en los que resalta la existencia de un vasto conocimiento en este ámbito, así como la disposición de recursos materiales, estructuras y equipos dedicados al desarrollo del acompañamiento e inducción, compuestos por organismos públicos en colaboración con universidades y centros de estudios.

2. En oposición al punto anterior, en América Latina las experiencias relacionadas con mentoría a directores principiantes son casi inexistentes. Las únicas tres experiencias evidenciadas en esta indagación, Colombia, Ecuador y Chile, apuntan de modo indirecto a procesos de acompañamiento sistemáticos a directores principiantes.

3. Las claves para la formulación de programas de mentoría que acompañen la inserción de directores nóveles parecen ser:

• Una política pública fundamentada en las evidencias internacionales y sostenida en las necesidades efectivas del sistema escolar chileno.

• Recursos para dotar de soporte material necesario para la instalación de este tipo de prácticas en las escuelas, organismos públicos y universidades.

• Alianzas estratégicas entre el Estado, los sostenedores y las universidades, con el fin de dar soporte teórico-práctico a programas de mentoría que, a partir de las experiencias internacionales, respondan a las necesidades de aprendizaje que tienen los directores principiantes y los directores experimentados que eventualmente puedan ejercer el rol de mentores.

 

Principios de un programa de mentoría

De acuerdo a lo presentado, se propone diseñar un programa de mentoría que se sustente al menos en los siguientes principios:

a) La mentoría

• Definir la mentoría como una relación dialógica única entre pares, basada en la confianza y el trabajo colaborativo y la reflexión profesional sistemática, orientada a la mejora de las prácticas directivas y al incremento del aprendizaje de todos los estudiantes.
• Implementar un programa de mentoría que sea continuo en el tiempo, a través de una ruta de aprendizaje, donde el mentor, mediante “etapas formativas”, pueda ir desarrollando y/o fortaleciendo sus capacidades, las que luego le permitirán el acompañamiento sistemático y efectivo a sus pares.
• Desarrollar la mentoría entre pares, en determinados territorios y escuelas, con el fin de favorecer la constitución de redes de colaboración entre las instituciones y entre los mismos líderes escolares.

b) Formación de mentores

• Los criterios de selección de candidatos a mentor deben ser fundados en la experiencia internacional y en las necesidades de aprendizaje de los directores principiantes en Chile, teniendo siempre presente la diversidad y las singularidades geográfico-culturales propias del país. Por ello, un mentor debiese ser un director en ejercicio, con experiencia en el cargo, que permita generar un contrato de aprendizaje entre él y el director principiante.
• Metodologías de trabajo centradas en la reflexión de sus propias experiencias y la resignificación de sus prácticas; por tanto, algunas técnicas autobiográficas, análisis de casos, simulación de experiencias, entre otras, podrían ser herramientas claves para las etapas formativas del mentor.
• Formar a mentores en ciertos contenidos claves, tales como, liderazgo, resolución de problemas, comunidades de aprendizaje, comunicación efectiva, evaluación y retroalimentación para la mejora, toma de decisiones, cambio educativo, entre otros.
• Garantizar a los directores principiantes su participación en un programa de mentoría con fines formativos, los que han de estar claramente enfocados a responder a sus necesidades singulares de desarrollo profesional docente-directivo y a los requerimientos contextuales de su escuela y localidad.

 

 

Referencias

Barge, J. (2013). Mentors of Induction Phase Principals Training. Trainer’s Preparation Guide. Georgia Department of Education.

Alabama Department of Education. (2010). Alabama New Principal Mentoring Program. Program Guide. Alabama.

Hansford, B. y Enrich, L. (2006). The principalship: How significant is mentoring? Journal of Educational Administration, 44(1), 36-52.

Harris, S. (2002). Facilitating growth of administrative practitioners as mentors. Journal of Research for Educational Leaders (JREL), 1 (2), 5-20.

Lashway, L. (2003). Inducting school leaders. Eugene, OR: Clearinghouse on Educational Management.

Lee, L. (2009). Highlights of Educational Research on Leadership Mentoring: One and a half decades of Singapore experience. International Journal of Evidence Based Coaching and Mentoring, 7 (1), 162-71.

Leithwood, K., Day, C., Sammons, P., Harris, A. & Hopkins, D. (2006). Successful School Leadership. What it is and how it influences pupil learning. UK: National College for School Leadership.

Lubinsky, L. (2001). Principal Coaching vs. Mentoring. School Leadership in Action. Manchester.

Malone, R. (2001). Mentoría a los Directores. Clearinghouse on Educational Management Eugene OR.

Msila, V. (2012). Mentoring and school leadership: Experiences from South Africa. University of South Africa, College of Education.

Muñoz, G y Marfán, A. (2009). Estudio: Inducción de directores en el sistema escolar. Santiago: CPEIP.

LAB & National Association of Elementary School Principals, Brown University. (2003). Making the Case for Principal Mentoring. Recuperado de: https://www.brown.edu/academics/education-alliance/sites/brown.edu.academics.education-alliance/files/publications/prncpalmntrg.pdf

Navarro, C., Cordero, G. y Torres, R. (2013). Acompañamiento para la formación de directores principiantes de educación secundaria en México. Revista Trabalho & Educação, 22(2), 21-36.

 


[1] Este texto corresponde a un extracto de: Carrasco, A. y González, P. (2016). Antecedentes y experiencias de formación de mentores para el acompañamiento a directores nóveles. Antecedentes y experiencias internacionales de la mentoría a directores principiantes. Informe Técnico No. 7. LÍDERES EDUCATIVOS, Centro de Liderazgo para la Mejora Escolar: Chile.