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La carrera docente aisla a los docentes¹

Por Christian Miranda J.²

 

Cristopher Day, académico inglés y uno de los investigadores más respetados en el campo del desarrollo profesional docente, estuvo en el CPEIP (MINEDUC) hace algunos meses. En el espacio del café, posterior a su conferencia, realizó una reflexión reveladora: ha llegado a la constatación que la carrera docente basada en estándares de desempeño e incentivo económico individual resulta en el aislamiento de los docentes y al parecer la reforma en Chile no ha tomado nota de esto. Por eso, las reformas neoliberales en todas partes han sido tan cuestionadas y los maestros se han mostrado tan reacios a este tipo de políticas sectoriales. El desarrollo docente exitoso está basado en modelos de formación que enfatizan el trabajo colaborativo y la conformación de comunidades profesionales. Los docentes, por ello, hoy viven en una contradicción, como consecuencia de la tensión entre buscar el éxito individual, aplicando las pruebas para ascender en la carrera y las dificultades para seguir el ritmo de tanto examen. No solo se han mostrado disconformes con la carrera docente, sino también con la propia forma en que ésta se presenta.

La pedagogía dejó de ser una vocación humanista para convertirse en una idea liberal. Una profesión racional, instrumental y un espacio laboral en el que se respira la rendición de cuentas y el constante cuestionamiento pedagógico, por las mediciones que se realizan a los estudiantes en las escuelas, por las evaluaciones de diagnóstico y de egreso que se aplicarán a los docentes en formación, por la exigencias del currículo oficial de cuanto curso de actualización asoma como relevante para atenuar la “brecha de capacidad” de los docentes en servicio. Una carrera para docentes liberales, líderes narcisistas, hombres y mujeres que ven en la pedagogía un medio para satisfacer necesidades personales y económicas. Para el resto de los docentes, aquí es difícil entrar, es muy extenuante permanecer y muy degradante culminar. Pero la carrera no está en peligro, quienes están al borde de la extinción son los docentes humanistas, seguramente lo propio de una de las profesiones más representativas de la modernidad y más relevantes en el campo social.

La vocación humanista de la carrera docente es de tal fortaleza que seguirá atrayendo a estudiantes idealistas, personas que han encontrado en la educación su esperanza de una sociedad mejor, jóvenes muy bien preparados en busca de una carrera que satisfaga sus aspiraciones, aunque tal vez no la encuentren atractiva en lo económico, pero saben que constituye un espacio privilegiado para el cambio social. Las escuelas de pedagogía han quedado empequeñecidas para hacer frente en solitario a este desafío formativo y social.

La paradoja es de época: el futuro de la pedagogía no garantiza el futuro de los docentes, al menos los de espíritu colaborativo y con vocación humanista. Están invitados a mutar o emigrar, aunque sea a una tarea cercana como la orientación o la formación valórica. Una carrera docente que aísla a los maestros de sus pares es la opción propuesta por tomadores de decisiones, ingenieros y economistas venidos a expertos en políticas educativas, no obstante, su consolidación académica y social, está puesta en duda por la consistencia científica recordada por Day, la resistencia del magisterio docente a ver doblegada su identidad profesional y por jóvenes humanistas que ven en la pedagogía la última de las utopías modernas.

 


[1] Artículo que forma parte de la investigación “Hacia un modelo de seguimiento de la formación permanente de profesores: análisis desde los programas de postítulo en matemáticas para docentes de primaria”, financiado por CONICYT mediante el proyecto FONDECYT Nº 1140827.

[2] Profesor de Educación Básica, Licenciado en Historia y Doctor en Ciencias de la Educación. Actualmente es académico del Departamento de Educación de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile.