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Entrevista a Fabiola Sanhueza, asistente de la educación: 

“Los asistentes han avanzado en su reconocimiento como agentes formadores”

Por: Revista Perspectiva, Créditos fotografía: Javier Salvo, Agencia Uno

María Fabiola Sanhueza Seguel cuenta con más de 35 años de experiencia como asistente de la educación. Trabaja en el Liceo Lastarria desde 1982, año en que llegó al establecimiento para realizar su práctica profesional como secretaria administrativa. Tras su ingreso se creó el cargo de Secretaría de UTP, rol que María Fabiola asumió y que fue configurando con el paso de los años. “En ese entonces no existía el puesto y se formó conmigo en el Liceo Lastarria”, recuerda.

Actualmente está a cargo de una serie de labores administrativas, entre las que se cuentan atención de apoderados y alumnos, preparación de pruebas y guías, atención de estudiantes en práctica pedagógica, entre otras funciones. “Mi parte corresponde a todo el trabajo administrativo-pedagógico de la primera jornada, con alumnos de 2º a 4º medio, que son alrededor de 1.000 estudiantes”, señala.

Fabiola ha continuado formándose y perfeccionándose profesionalmente. Tras obtener su título de Secretaria Administrativa, estudió la carrera de Administración de Empresas, para luego complementar su formación en el Programa de Educación Continua para el Magisterio de la Universidad de Chile, donde cursó un diplomado específicamente dirigido a quienes desempeñan el rol de asistentes de la educación. Además, ha realizado cursos de habilidades blandas, capacitación en Office y otros, para estar al día con las necesidades propias del establecimiento.

En su opinión, ¿cómo ha evolucionado el reconocimiento y la valoración del rol de los asistentes de la educación dentro de las comunidades escolares?

Antes que nada, debo destacar que trabajo en Providencia, donde los asistentes de la educación siempre vamos uno o dos pasos adelante, en cualquier situación de tipo contractual y de empoderamiento en nuestro rol, situación que es muy diferente al resto de las comunas de Santiago y, obviamente, del país. Puede que haya un par de comunas que igualen a Providencia en esta materia, donde los asistentes de la educación se encuentren capacitados y empoderados no solo en sus funciones, sino propiamente en su rol, y en donde el empleador ofrezca los espacios de participación y capacitación para que realmente estos sean un aporte, no solo en conocimiento, sino en experiencia de vida para los estudiantes y para el establecimiento completo.

Yo llevo 35 años en la comuna, específicamente en el Liceo Lastarria, que siempre ha sido considerado el “ícono” de los cambios, a pesar de ser un establecimiento emblemático, tradicionalista y conservador. Si un cambio partía en este colegio, el resto de los establecimientos empezaba a querer lo mismo y el empleador comenzaba a hacer extensivos estos cambios a su establecimiento.

En sus inicios, el “paradocente” o “auxiliar de servicios menores”, como se le llamaba, estaba destinado solo al ejercicio de sus funciones y no a ser un aporte en conocimientos o experiencia dentro de la comunidad. Cuando hubo una modificación en la legislación y cambió el nombre a “asistentes de la educación”, con la Ley 20.244, aunando así a todos los funcionarios en un solo estamento, se inicia en Providencia una mirada diferente hacia estos trabajadores, dando mayores oportunidades de participación y colaboración, y entregando mayores y mejores capacitaciones. Con el cambio de la Ley General de Educación, la LGE, en la cual se indica cuáles son los actores de una comunidad educativa y su rol dentro de las unidades educativas, los asistentes de la educación comienzan a tener voz y voto dentro de los colegios.

Pero aún, a mi parecer, el estamento está estancado. Mientras salen leyes en el país contra la discriminación, a favor de la inclusión y hay una nueva carrera docente para los profesores, los asistentes no pueden optar a mejoras sociales en cuanto a su condición de trabajadores. Se sienten destinados a comenzar y terminar en lo que fueron contratados, aun cuando tengan, en muchos casos, un muy elevado nivel académico.

De acuerdo al manual “Asistentes de la Educación en la Reforma Educativa”, emitido por el MINEDUC el año 2007, los asistentes de la educación pueden contribuir al desarrollo de sus comunidades educativas a través de tres instancias principales: el Proyecto Educativo Institucional, el Reglamento Interno y/o Manual de Convivencia, y los Consejos Escolares. En su caso, ¿qué tal ha sido su experiencia en estas instancias?

La ley destaca lo que podría ser, no lo que debe ser. En Providencia, desde la integración del estamento al Consejo Escolar, ha existido una participación nominativa, ya que todavía no se ve a los asistentes como una parte importante del todo, sino más bien como una imposición de la legislación.

El caso del Liceo Lastarria es distinto a toda comunidad que yo conozca o en la que haya participado, porque en este establecimiento casi todos los asistentes hicieron un Diplomado del Rol del Asistente de la Educación en la Universidad de Chile, lo cual a muchos les ha servido no solo para cumplir con sus funciones, sino también para empoderarse de lo que pueden y deben entregar a sus comunidades. Ha cambiado la relación que tienen con la autoridad interna, y el trato y la convivencia con el estudiantado.

En cuanto al PEI, en general, los establecimientos hacen algunas reuniones para su modificación, siempre con escasa participación de los asistentes, pues no se realizan consejos o reuniones ampliadas para que participe la comunidad en pleno. En los colegios de enseñanza básica solo se elige a dos o tres funcionarios para que nominativamente aparezca la participación del estamento y siempre son electos por la autoridad del establecimiento.

En cuanto a los Manuales de Convivencia, año a año se repiten los mismos intentos de participación, en donde el estamento, representado principalmente por los Asistentes Inspectores, ha reclamado una participación real, democrática y sustentable en el tiempo. Sin embargo, por lo general, este manual después se depura y no representa las necesidades, la experiencia y la opinión del estamento.

Actualmente, bajo toda la problemática que ha traído la convivencia entre la Ley de Inclusión y los Manuales de Convivencia en los establecimientos, donde pareciera que uno es enemigo del otro, el sindicato más representativo de los trabajadores ha solicitado encarecidamente al empleador (Corporación de Desarrollo Social de Providencia) que haga una revisión exhaustiva de estos últimos, a fin de incluir las opiniones de todos los actores de la comunidad, con el objeto de tener instrumentos con base legal y realmente formativos. Este año (2017) se comenzaron a realizar claustros internos dentro de algunos establecimientos con este fin.

Por otra parte, la participación del estamento en los Consejos Escolares se ha ido democratizando lenta y progresivamente. El representante de los asistentes debe llevar la opinión de los colegas en cuanto a temas transversales del establecimiento. El empleador ha dado a cada comunidad un rol resolutivo en casi todas las materias propias de los colegios, así que la toma de decisiones se hace de manera más democrática.

Por mi parte, como asistente de la educación y directora sindical, he luchado por diez años para dar los espacios y las facilidades a mi estamento, porque soy una convencida de que la formación integral de los estudiantes no se hace en un solo lugar, sino en muchos. El patio, el casino, una enfermería, una oficina, son todos lugares donde se enseña, espacios de convivencia humana, de interacción social, que enriquecen lo aprendido por los estudiantes en el aula.

En su experiencia, ¿de qué manera los asistentes de la educación son integrados en el diseño y cumplimiento del Proyecto Educativo Institucional?

El último PEI del establecimiento donde actualmente trabajo fue diseñado en 2010 y casi no hubo participación. En esos tiempos la dirección del liceo designaba a los participantes, para implementar un proyecto a la medida de la autoridad. Sin embargo, el año 2017, se realizó un trabajo mancomunado entre la Universidad de Chile y las comunidades educativas de cada establecimiento de la comuna, con el objeto implementar y/o completar un nuevo modelo, acorde a la legislación vigente. En muchos casos, como en el del Liceo Lastarria, involucró el rediseño de visiones y misiones de los establecimientos. En este proceso ha participado toda la comunidad educativa, tanto por estamento como en reuniones ampliadas con todos los actores de la comunidad escolar.

Como estamos en proceso de rediseño, no se han definido las políticas de cumplimiento aún, pero en la práctica, hasta el momento, no hay retroalimentación del cumplimiento de las metas, no hay evaluación con la comunidad. Solo se toman ciertos aspectos cuantitativos del PEI para responder a necesidades o requerimientos de la Superintendencia y de la CDS (Corporación de Desarrollo Social de Providencia). Esperemos que el nuevo instrumento venga con la evaluación periódica correspondiente para realizar los ajustes necesarios y, así, darle sentido al sello, misión y visión que nos hemos fijado.

¿Qué desafíos supone la Ley de Inclusión en su rol o desempeño como asistente de la educación? ¿Qué exigencias le plantea esta ley en su quehacer cotidiano? ¿Cree que estas exigencias o desafíos se mantendrán en el tiempo o irán aumentando en su complejidad?

La Ley de Inclusión fue una iniciativa que comenzó, como se dice, “construyendo el patio antes que la casa”, tanto para los asistentes como para el resto de la comunidad, pues no hubo una preparación, una explicación, rediseño de objetivos, metas, políticas, etcétera, por parte de la unidad educativa. Se comenzó a aplicar sin preparar a los funcionarios, sin saber, exactamente, a qué o a dónde conducía. Se mezclaron definiciones y se interpretó la Ley de Inclusión como un instrumento que suprimía la autonomía de los establecimientos, que a causa de ella no se podían aplicar sanciones, reglamentos, etc. En general, el alumnado aún cree que, por esa ley, no se le puede sancionar o aplicar los manuales de convivencia o reglamentos de disciplina y, por tanto, se ha notado un relajo en la disciplina de los estudiantes, lo que ha traído grandes problemas en los establecimientos de Providencia.

Los docentes y asistentes están actualmente expuestos al “criterio” del alumno. Esta es una ley que debería haber sido internalizada, en primera instancia, por los sostenedores para que ellos, a su vez, la hubieran implementado progresivamente, poco a poco, para que los establecimientos hubiesen reformulado sus políticas internas.

En la actualidad, Providencia cuenta con un sindicato que se preocupa ampliamente por estos temas y está constantemente ofreciendo charlas y seminarios a todos los funcionarios de la comuna, con el apoyo de especialistas y equipos jurídicos, para mantener a los trabajadores informados y así éstos puedan desempeñarse de acuerdo a la ley y las realidades complejas de los centros educativos.

¿Usted cree que actualmente los asistentes de la educación son considerados o reconocidos como agentes formadores en las comunidades educativas?

Claramente, los asistentes han avanzado en su reconocimiento como agentes formadores. En general, son los apoderados quienes más reconocen este rol del estamento porque ven, en forma tangible, el apoyo y la formación que entregan los asistentes fuera del aula. Los asistentes se han transformado, especialmente en los establecimientos que entregan educación básica, en los “maestros chasquillas” de la educación, pues están en todas partes y hacen de todo lo que ayude a los educandos en su desarrollo integral dentro del establecimiento.

Providencia ha tenido la gran oportunidad de contar con asistentes de excelencia, en el sentido de tener funcionarios con buenas competencias blandas, muy buena preparación académica y alta capacitación para implementar sus Departamentos de Convivencia Escolar. Sin embargo, ha derrochado esta oportunidad a causa de una mala interpretación de la LGE, pues solo han recurrido a docentes para conformar estos departamentos. El sindicato ha insistido de manera reiterada ante la autoridad comunal para que los integre, porque la formación no se hace solo en el aula, y la mirada de los asistentes, especialmente los que se han desarrollado como inspectores de patio, puede complementar las políticas formativas y disciplinarias de los establecimientos, pero ha sido infructuoso, aún más con la nueva gestión.

Quienes obstaculizan este cambio son, principalmente, los directores y los equipos de gestión de los establecimientos, quienes todavía tienen una mirada estática y verticalista del trabajo en equipo, sin dejar de sumar la mirada de la autoridad comunal, que tampoco ha sido innovadora.

Usted es dirigente gremial de un grupo humano diverso, integrado por trabajadores que poseen distintos saberes o ámbitos de especialidad y que se desempeñan en labores bastante variadas. ¿Cómo ha sido su experiencia al momento de representar los intereses de un gremio tan diverso? ¿Existe o ha existido tensión entre los intereses de los distintos tipos de asistentes de la educación?

Este sindicato representa a trabajadores y no a cargos, y los derechos de los funcionarios son para todos iguales. Preservar, defender y luchar por la dignidad de nuestros compañeros y colegas no va por atender sus intereses particulares, sino los de la colectividad. Ese ha sido nuestro sello durante 27 años de labores sindicales.

Por mi parte, soy directora sindical desde el 2007 hasta la fecha, actualmente reelecta por cuarta vez. En los inicios del sindicato costaba que estamentos con tan diferentes tareas comprendieran que los derechos son universales, transversales y legales para todos por igual. En todos los grupos de trabajadores que laboran en una institución siempre hay ciertas tensiones, pero las hemos resuelto realizando negociaciones colectivas diferentes, con puntos en común y algunos especializados. Cada estamento está protegido de acuerdo a sus necesidades y cuando existe alguna necesidad muy específica se conversa y se llega a acuerdo con el empleador para satisfacer, dentro de lo posible, estas demandas.

En su opinión, ¿qué tal es el acceso que tienen los asistentes de la educación a cursos de perfeccionamiento o capacitación? ¿Qué falta por avanzar o mejorar en esta materia?

Con las negociaciones de los sindicatos se ha avanzado en el pago por capacitación y se ha llegado a acuerdos de horarios compartidos (50% horario laboral y 50% horario personal). Los cursos de mejor nivel para los asistentes de la educación se dieron en la gestión de Josefa Errázuriz, a través de Diplomados de la Universidad de Chile. Actualmente se han vuelto a impartir cursos de pocas horas, los que no tienen un impacto real en el trabajo diario de los asistentes y tampoco sirven para la rotación o ascenso laboral. Tenemos, claramente, muchas garantías y beneficios heredados de las negociaciones colectivas, pero el empleador no tiene una política con respecto a las contrataciones, perfiles adecuados y modernos, carrera profesional para los asistentes de la comuna o un programa de ascensos según formación académica. De esa manera se hace difícil que el estamento crezca y se desarrolle profesionalmente, entregando sus conocimientos y experiencias en las unidades educativas. n