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Por: Andrea Carrasco, Coordinadora de la Línea de Liderazgo y Gestión Escolar; Programa de Educación Continua para el Magisterio, Universidad de Chile.

 

La formación de directores/as y directivos/as ha sido un foco de desarrollo importante desde las políticas públicas en los últimos 15 años. Esto a raíz de que las investigaciones sobre gestión y liderazgo escolar han demostrado que el rol del director/a -como líder pedagógico que promueve la participación, el desarrollo profesional docente y el liderazgo de sus propios docentes en la comunidad educativa- es clave en los procesos de aprendizajes institucionales y, por ende, en los aprendizajes de los y las estudiantes.

Debido a lo anterior, tanto el Centro Perfeccionamiento Experimentación e Investigación Pedagógica (CPEIP) como la División General de Educación (DEG) del Mineduc, han impulsado múltiples iniciativas de formación e investigación que apuntan fortalecer y/o desarrollar el rol del liderazgo escolar en los directores/as y directivos/as de los establecimientos educativos del país.

En este contexto, el Programa de Educación Continua para el Magisterio (PEC) ha participado por más de 10 años en la formación de estos actores claves, desarrollando una formación del liderazgo escolar centrada en el desarrollo profesional de los sujetos, vinculando su experiencia y su trayectoria formativa, para desde ahí estimular una reflexión crítica sobre las propias prácticas y generar aprendizajes que promuevan mejoras en los espacios educativos que tienen a su cargo. Se ha querido promover un liderazgo distribuido y participativo, con foco en lo pedagógico.

Los desafíos en la formación sobre liderazgo escolar son permanentes. Los cambios y reformas que se promueven desde las políticas macro educativas repercuten en el espacio escolar, tensionando el quehacer de todos los actores de la comunidad educativa. En este sentido, la política de Convivencia Escolar, la Ley Inclusión, la Ley de Carrera Docente y la Ley de Formación Ciudadana han tensionado las prácticas normativas históricamente construidas y legitimadas en las escuelas, con un nuevo enfoque que busca promover prácticas para la participación, el diálogo, la inclusión y la justicia social.

Los/as directores/as están siendo desafiados/as a liderar espacios educativos que promuevan un enfoque de inclusión y participación. Ello ciertamente no ha sido fácil y ha despertado resistencias por parte de algunos, pero también ha estimulado la resignificación y apropiación de estos conceptos por parte de otros, con el fin de aprender a desarrollarlos y promoverlos en sus comunidades educativas.

Sin duda alguna, el liderazgo para la inclusión y para la justicia social son los próximos desafíos en la formación y desarrollo profesional de los/as directores/as y directivos/as del país.