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Nueva Educación Pública y los Derechos Humanos

por Iván Páez P.

 

“La defensa de la vida, la defensa de los derechos humanos, la cultura de la paz, también se enseña y se aprende en el aula y en los espacios formativos”.  

Generalmente en Chile, el abordaje de los Derechos Humanos se asocia a las violaciones de estos en el periodo de la dictadura. Por cierto, aquello se explica en parte porque la humanidad ha construido una significativa concepción de los Derechos Humanos, luego de terminada la segunda guerra mundial. A partir de la Declaración Universal de Derechos Humanos que realizó la ONU en el año 1948, se ha ido consolidando una concepción amplia que aborda los derechos humanos como un conjunto de preceptos basados en una amplia gama de valores universales, reconocibles, aceptados y preservados.

Un ámbito importante es el derecho a la educación como derecho humano. Así, la Declaración en su artículo 26 expone que: “Toda persona tiene derecho a la educación”. Interrogarnos acerca del tipo o carácter de la educación, también es pertinente a la hora de garantizar ese derecho.

Hoy la educación pública chilena transita a un nuevo sistema de organización, la denominada “desmunicipalización”. Una oportunidad para que en ese nuevo orden se instale una concepción más actualizada de educación pública, pertinente a las complejidades de la sociedad digital y los desafíos de la globalización. Sería muy necesario que avancemos en un proceso donde se sitúe la educación pública como un espacio de aprendizaje y enseñanza de la tolerancia, de la aceptación del otro, del respeto a la diversidad, donde se promueva y propicie una formación que contenga una convivencia participativa y democrática. La defensa de la vida, la defensa de los derechos humanos, la cultura de la paz, también se pueden enseñar y aprender en el aula y en los espacios formativos. Es esperable que esa nueva instalación, además de cambios en la arquitectura del sistema, conlleve innovación en la comprensión de “lo público” en educación.

Una comprensión de “lo público” que atienda la enseñanza del respeto a los derechos de otros, que oriente una enseñanza de la participación y promueva el pensamiento reflexivo y crítico. Mientras eduquemos en la consideración y respeto de la diversidad y la inclusión; tendremos una sociedad más tolerante y menos violenta. Más inclusiva y cohesionada, menos individualista y coercitiva. Esta nueva oportunidad histórica que pretende recuperar la educación pública chilena, debería contener un proceso permanente de reflexión profunda acerca del respeto a los derechos humanos, y de cómo estamos abordando hoy la enseñanza de la tolerancia y respeto a la diversidad en nuestras aulas y espacios formativos. Más aún, si consideramos que la Escuela y el Liceo público están llamados a constituirse como el espacio de encuentro de esa diversidad, de la integración de una comunidad, y un espacio de construcción de identidad.

Hay muchos desafíos planteados en la nueva educación pública en construcción. No se trata solo de cambiar una estructura ineficaz por otra con mayor efectividad, sino que de reconstruir una educación pública con sentidos renovados, con paradigmas que den cuenta de los desafíos del siglo XXI. Una Educación Pública que ejerza la tarea de incluir a todas y todos, acogiendo en su interior a personas de diferentes condiciones sociales, económicas, culturales, religiosas e ideológicas; que expresen la pluralidad de una sociedad, que posibilite una convivencia de esa diversidad en un espacio común. Que facilite la formación de ciudadanas y ciudadanos iguales en derecho y reconocidos en sus diferencias, con capacidad y responsabilidad para participar en nuestra sociedad. Una nueva educación pública que se habilite como un espacio de todas y todos, donde nuestra sociedad aprenda a vivir en sus diferencias y que promueva a través de su propia existencia la democracia.

 

 

IVÁN PÁEZ es Director Ejecutivo del Programa de Educación Continua para el Magisterio (PEC) de la Universidad de Chile.