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¿Desigualdad o Franca Miseria?
El lenguaje también enseña…

Las palabras del idioma que hablamos nos permiten decir con resuelta claridad lo que pensamos, vemos y sentimos. Pero no siempre ocurre así. Las palabras también sugieren. Algunos vocablos dicen y no dicen…Otros ocultan, morigeran la realidad.

por Carlos Poblete A.

 

Nuestro lenguaje es también metafórico, esto es, permite la traslación del sentido real a otro figurado. Existen magistrales y muy bellas construcciones verbales creadas por aquellos genios de la literatura. Existe, también, el habla técnica, el lenguaje propio de determinados oficios o áreas del conocimiento, generalmente del dominio de quienes ejercen ciertas actividades. Por otra parte, nuestro bello y buen idioma, suele ser objeto del menoscabo por su lamentable decadencia social, por la pérdida de su gran riqueza conceptual y prosódica. Es asunto de escuchar con atención cómo se habla y cómo se escribe, sin gran rigor, sin cuidar la corrección. Habitualmente se falta a los mínimos y elementales códigos del idioma. Cada vez somos ciudadanos más necesitados de semántica.

El uso del idioma en una sociedad habla del nivel de calidad de vida de la misma. Así como se habla se piensa, y este binomio conceptual dice de la calidad de vida cultural de la sociedad.

 

 

EDUCACIÓN JUSTA

 

En el último tiempo en el plano político-social se han cambiado las palabras pobreza o miseria por desigualdad o iniquidad. Es evidente que estas últimas resultan menos acusadoras y agresivas de una realidad socio-económica y cultural.

 

Cuando las palabras no son objeto del buen uso mueven a equívocos, o deliberadamente a engaño, según esto las palabras hacen creer…La publicidad es una forma de lo dicho. Existe la publicidad engañosa. En el ámbito político se observa con frecuencia ese mismo fenómeno. La propaganda en las campañas electorales dice todo lo que el papel soporta, sobre todo los llamados “slogans”, muchos de los cuales constituyen delito, pues estafan la fe pública cuando se hacen promesas que no se cumplen.  En el último tiempo en el plano político-social se han cambiado las palabras pobreza o miseria por desigualdad o iniquidad. Es evidente que estas últimas resultan menos acusadoras y agresivas de una realidad socio-económica y cultural. Desigualdad puede resultar una palabra hasta algo melosa a ciertos oídos. Es más, algunos gobernantes chilenos del último tiempo hablan de “disminuir la desigualdad”, en ningún caso de ponerle fin. Más aún, dicen de un país “menos desigual”. Pero bastan un sismo, un incendio, una lluvia, y otros fenómenos y carencias para que nuestras miserias queden al desnudo. Entonces no existe una ecuación justa entre lenguaje o palabras, política y ética pública.

Es mejor decir las cosas por su nombre. Hacer caso de las estadísticas verdaderas, de los guarismos reales que en lo social y económico hablan de un país con grandes signos crónicos de franca miseria y no de simple iniquidad
(Palabra esta última que suele usarse, pero que no está registrada en el Diccionario de la RAE).

 

CARLOS POBLETE ÁVILA es Profesor de Estado. Director Centro de Estudios Conciencia Crítica. Rancagua.