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Plan de Formación Ciudadana, una prescipción curricular con aires de autonomía y libertad para la escuela

Por Cristóbal Vera Del Canto. Profesor de Historia, Geografía y Ciencias Sociales; Magíster (c) en Educación, mención Currículum, Universidad Católica Raúl Silva Henríquez.

 

Actualmente todas las instituciones reconocidas por el Estado, según la resolución del Tribunal Constitucional en el oficio Nº 155-2016, que valida el proyecto de ley Nº 20.911, deben construir y ejecutar un Plan de Formación Ciudadana que cumpla con nueve objetivos dispuestos por dicha ley. Esta iniciativa pretende abordar los bajos resultados en materia de formación ciudadana y educación cívica alcanzados por los estudiantes chilenos, a partir de lo que podría considerarse un fracaso en las prescripciones curriculares dispuestas hasta ahora por el Estado de Chile.

En el país históricamente se han realizado cambios curriculares en el ámbito de la formación ciudadana. A partir del año 1980, durante la dictadura militar, se crea una asignatura para 3º medio con 2 horas semanales, la cual básicamente tenía como finalidad presentar a los estudiantes la Constitución de 1980. Un nuevo currículo en la materia aparece el año 1997, en el cual se instauran varios objetivos relacionados con la educación cívica, sin embargo, no se planifican de manera transversal y son confinados a una asignatura.

Según García y Flores (2001)[1], Chile ha experimentado una crisis representativa de la democracia, que conlleva un debilitamiento de la cohesión social. Ambos autores plantean que con la reforma impulsada en 1997 no se logró la integración transversal de la formación ciudadana al currículo, lo cual impidió el éxito de esta reforma. Puede evidenciarse que existe una contradicción entre el ámbito teórico y el práctico: en las escuelas se asiste a una falta de ejercicio ciudadano. Ello sería subsanado con el Plan de Formación Ciudadana.

Este plan instruye a la escuela a abordar acciones de manera transversal e integrar a todos los miembros de la comunidad educativa. Paralelamente, la asignatura de Historia, Geografía y Ciencias Sociales (HGyCS), cuenta con un eje de formación ciudadana que propone desarrollar habilidades para la vida cívica del educando. Adicionalmente, según ha señalado el Ministerio de Educación, se incorporará próximamente la signatura de Formación Ciudadana en 3º y 4º medio.

Las escuelas dependientes del Estado deben procurar construir un PFC que, por una parte, incluya a los diversos actores de las comunidades educativas y, por otra, de cumplimiento a los objetivos impulsados por la ley, mediante la creación y puesta en práctica de acciones colegiadas por los miembros de la institución. Además, la ley solicita que la escuela logre alcanzar congruencia entre su PFC, su Proyecto Educativo Institucional (PEI) y su Plan de Mejoramiento Educativo (PME), velando por ciertos rasgos identitarios y de contextualización ante la realidad propia, lo que puede ser considerado como un acercamiento a la innovación curricular.

El PFC ofrece la oportunidad de que sea creado y aplicado por la propia escuela, entregándole autonomía y libertad a la institución. Sin embargo, al mismo tiempo, el Estado endosa a las comunidades educativas la responsabilidad y el desafío de promover -con los medios que tengan disponibles- el desarrollo de habilidades cívicas y ciudadanas dentro de las escuelas, y vincularlas con los perfiles de formación de cada institución.

En el proceso de creación e implementación del PFC, es fundamental que el equipo de gestión y el resto de la comunidad educativa le otorguen la relevancia curricular que le corresponde. Este plan surge como una prescripción curricular simbiótica, construida en distintos niveles educativos, instruida por el Estado (macro) pero diseñada y aplicada por la escuela (meso); de esta manera se hace parte del currículum oficial al igual que los Programas de Estudio o las Bases Curriculares vigentes.

También es importante destacar un elemento clave para la creación e implementación del PFC: la formación profesional docente. Según Cárcamo (2008)[2], los programas de estudio de pedagogía no han abordado de manera transversal los valores cívicos y ciudadanos, ni mucho menos han instado a los estudiantes a desarrollar habilidades en esta área. Lo anterior ha sido reservado exclusivamente a las especializaciones disciplinarias del área humanista, en especial los programas de formación para profesores de HGyCS. En otras palabras, el currículum prescrito exige un abordaje holístico de la formación ciudadana, sin embargo, los programas universitarios de pedagogía no integran esta exigencia de manera transversal.

Debido a lo anterior, en la actualidad, la formación profesional en el ámbito de la formación cívica es considerada casi exclusiva del profesor de HGyCS, al que podrían delegarse con mayor exclusividad ciertos roles o trabajos en el Plan de Formación Ciudadana. Ello mermaría la intención original de construir y llevar a cabo el PFC entre todos los miembros de la comunidad educativa y de manera transversal.

 


[1] García, C. & Flores, L. (2011). Los desafíos de la formación ciudadana y la cohesión social frente a la des-subjetivación del sistema. Hacia una interpretación del fenómeno social desde la subjetividad. Estudios Pedagógicos, XXXVII (2), 329-344.

[2] Cárcamo, H. (2008). Ciudadanía y formación inicial docente: explorando las representaciones sociales de académicos y estudiantes. Revista De Pedagogía, 29 (85).