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Alcances a la política de carrera docente

 

La Política Nacional Docente presenta lineamientos generales muy valiosos, tales como la revaloración y re significación de la profesión docente y las mejoras asociadas a las condiciones de enseñanza, además de definir un derrotero para implementar una carrera profesional docente. Pero esos lineamientos generales, todos muy importantes, presentan ciertas tensiones cuando se inicia la  caracterización de los mismos. Por lo mismo cabe preguntarnos; ¿estamos asistiendo a un cambio de paradigma en la materia?

Si entendemos la profesión como una trayectoria de carrera y a eso agregamos medidas para un mayor interés de las nuevas generaciones por la  formación docente, parece muy pertinente, pero también existe el riesgo de que esas medidas en la dirección correcta, se neutralicen, si colocamos en el centro los instrumentos de la evaluación de ese desempeño y no en una real re significación de la carrera docente.

La propuesta contiene un modelo para ir evaluando la formación inicial, una suerte de SIMCE terciario, pero por lo mismo ¿quién asegura que finalmente las instituciones de educación superior en vez de preparar profesores críticos, contextualizados, autónomos, reflexivos, con sólida formación didáctica y disciplinar, terminen focalizándose en la preparación para esos exámenes? ¿Vamos a re impulsar la tristemente frase “enseñar para el examen” ahora en la formación inicial docente?  He ahí un primer llamado de atención.

Luego, en la carrera docente, se genera otra tensión cuando se plantea que las mejoras laborales estarán en coherencia con el “buen desempeño”. Ahí se corre el riesgo de que finalmente se genere una deformación del desarrollo profesional, donde los docentes terminen preparándose para exámenes centralizados y no para atender el fin educativo.

La Política presenta medidas orientadores significativas pero habría que colocar una alerta en ciertas modalidades de acción. Estudiantes y profesores no pueden estar eternamente bajo una sobre valorización de instrumentos estándares. En la propuesta se evidencia el riesgo de una sobre evaluación de los profesores, más aún, cuando no está claro quién diseña esos instrumentos. Es importante señalar que los modelos organizacionales de la empresa e industria no necesariamente son pertinentes a la realidad educativa.

También es necesario revisar la evaluación docente. Esta no puede ser un distractor de la tarea formativa. No podemos permitir que los profesores se focalicen en la obtención de un buen “portafolio” y no para la tarea principal que es formar ciudadanos y ciudadanas.

Otro punto crítico es que se regula la escala de remuneraciones según el “mérito” y la certificación nacional. ¿Volvemos a instalar la competencia y no la colaboración entre pares? ¿Dónde se establece la valorización de la constitución de comunidades profesionales de aprendizaje? ¿Cómo se reconocerá el “mérito colectivo”? ¿Dónde están las comunidades educativas que aprenden y se desarrollan? ¿Acaso no hay desempeño laboral docente detrás de esas experiencias colectivas?  ¿Por una parte formamos en servicio esas competencias para construir comunidades de aprendizaje, pero no las reconocemos como “mérito profesional”?

El desafío de la reforma educacional y que evidenció el movimiento ciudadano que impulsó los actuales cambios es que la educación finalmente nos ayude a generar la mayor cantidad de libertad humana, entendiéndola como un derecho social, educando para la democracia y educando en democracia, bajo la consigna de una educación pública, gratuita y de calidad.

 

 

La muy necesaria carrera docente debe estar al servicio del fin educativo y del rol y desarrollo docente y no al servicio de la competencia entre pares e instrumentos estándares que evalúan y certifican desempeños. De lo contrario, no estaremos atendiendo un real y significativo cambio de paradigma, como se señala en el Programa de Gobierno que sustenta la Reforma.

Hoy es el momento, no podemos desaprovecharlo.

 

 

IVÁN PÁEZ P. es Director Ejecutivo del Programa de Educación Continua para el Magisterio (PEC) de la Universidad de Chile.