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¿Carrera Docente o Competencia Docente?

area-estudiosÁREA DE ESTUDIOS del Programa de Educación Continua para el Magisterio desarrolla investigación académica sobre docencia.
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En la actualidad nadie podría poner en duda la importancia de los docentes en los procesos de reforma educativa. La importante tarea que asume este gobierno de entregar una arquitectura necesaria en la trayectoria profesional de los docentes de nuestro país, es clave. Hoy, nos vemos enfrentados a un desborde de opiniones en favor de mejorar la carrera docente de distintas envergaduras y alcances. Todas estas opiniones en su conjunto representan un reconocimiento de la precariedad de las condiciones laborales de nuestros docentes, quizá por esta razón el acento ha estado sobre la variable económica; remuneraciones, que lejos de ser algo no urgente, aportaría con una tono de justicia redistributiva a la profesión docente.

A nuestro juicio, centrarse solo en este reconocimiento económico oscurece toda una trama de condiciones profesionales que permiten el sano ejercicio de esta profesión. Si bien celebramos la iniciativa que podría dejar atrás una de trabas heredadas de la dictadura (estatuto docente, 1982) creemos que sentarse a discutir una “carrera profesional docente”, obliga a una sociedad a reflexionar sobre una mirada más amplia de los maestros, que ponga al centro de la discusión el entendimiento del trabajo docente como una profesión que se despliega “con otros y para otros”.

Nebulosa Propuesta

¿Qué sucede con la relación con los otros actores? ¿Cómo me relaciono con mi comunidad educativa y con el contexto sociocultural que habita mi espacio laboral? ¿Qué sucede con la “comunidad de aprendizaje?

Al mirar en detalle la propuesta del Mineduc, se observa una carrera en trayectoria compuesto por tres tramos o escalafones profesionales y con un componente de mejoramiento de condiciones laborales, donde se incluyen escalas de salarios ligados al tránsito a través de ellos y a una nebulosa formación en servicio profesional. Estos componentes serían los elementos que configuran la carrera docente o que ha nuestro juicio hemos denominado: “competencia docente”.

La evaluación docente cobra un papel fundamental, ya que se vislumbra como el dispositivo certificatorio del tránsito en esta carrera. En otras palabras, podemos deducir una propuesta de profesional docente construida desde una perspectiva individual, donde su profesionalización es como una gran maratón que debe correr solo y cuyo avance dependerá de su capacidad de dar buenas evaluaciones. Aquí surgen las primeras preguntas o sospechas ¿Qué sucede con la relación con los otros actores? ¿Cómo me relaciono con mi comunidad educativa y con el contexto sociocultural que habita mi espacio laboral? ¿Qué sucede con la “comunidad de aprendizaje? Por otro lado y con la misma urgencia de las sospechas, ¿Aún no hemos aprendido la lección de las evaluaciones de altas consecuencias, como Simce?

Inclusiva y Participativamente

“Si entendemos que los resultados académicos no son individuales, son producto de una comunidad educativa, la evaluación docente es parte de la profesión docente y por ende no debe ser considerada desde el “control” sino desde la mejora en el desarrollo profesional”.

Debemos pensar en una carrera docente más inclusiva, partiendo por integrar la propia comunidad educativa; los estudiantes, los apoderados, los asistentes de la educación, el equipo directivo y no sólo el director y por supuesto los docentes, pero todos los docentes, no solo los del sector municipalizado como pretende el proyecto del MINEDUC.

Estamos hablando de una profesión docente de mayor complejidad y con mayor participación y en este caso, con un sistema de evaluación basado en el diálogo y el mejoramiento, para una comunidad con creciente autonomía. Consideramos que con la propuesta de evaluación docente que se indica, se instala desconfianza frente al desarrollo profesional con un marcado énfasis en una evaluación en base a consecuencias, por lo que proponemos una evaluación participativa y de mejora, donde la construcción del juicio evaluativo represente al conjunto de todos los actores de la comunidad educativa. Si entendemos que los resultados académicos no son individuales, son producto de una comunidad educativa, la evaluación docente es parte de la profesión docente y por ende no debe ser considerada desde el “control” sino desde la mejora en el desarrollo profesional.

Si revisamos la propuesta de carrera docente desde esta perspectiva, podemos pensar en una carrera profesional progresiva e inclusiva, donde todos los docentes puedan ser reconocidos por los otros actores y no solo centrado en el docente como individuo dueño del éxito y fracaso.

Es importante señalar que la forma de entender la profesión docente que proponemos no es una novedad, ya que es propio de las discusiones que otros países latinoamericanos han decidido llevar a cabo: Uruguay, Cuba, Ecuador y Costa Rica, y ciertamente cercanas de otras voces del ámbito nacional que proponen una mejora en la carrera docente (ver Plan Maestro), que entienden la propuesta de carrera docente como un acto de “reconocimiento social de los docentes”, y no solo como una categoría laboral.

Formación Continua

“En suma la Formación Continua debe ser un derecho profesional garantizado para todos los docentes, que reconozca las necesidades de los contextos y los tramos de la trayectoria docente”.

Otro aspecto importante y que habitualmente se ha dejado de lado en los proyectos de carrera docente y que en lo expuesto hasta ahora por el MINEDUC no se explicita claramente, es el de las condiciones de la Formación Continua. En este punto esperamos que no sean programas de formación de carácter restitutivo, sino que se esperaría además el desarrollo de programas más extensos y permanentes en la escuela, que contemplen el acompañamiento para que el aprendizaje del docente se sitúe desde su propio espacio laboral y no solo se reduzcan a cursos que entreguen actualización disciplinar o curricular momentánea. Programas de perfeccionamiento docente que sean situados y contextualizados según las necesidades de formación de los docentes que participan (Miradas, 2013).

En este sentido, si aceptamos que un aspecto clave en la calidad de un docente es su experiencia y que su aprendizaje, más sustantivo, comienza cuando éste llega a la escuela e inicia su práctica, creemos que la formación continua, debe dejar de ser el hermano menor de las carreras docentes y transformase en programas que tengan una base de conocimiento sólido, impartidos por Universidades reconocidas y acreditas, y que permita abrir espacios de diálogo y reconocimiento entre pares para validar la experiencia de los docentes en distintos contextos.

Una formación continua como parte integrante de su profesionalización no solo centrada en lo relacionado al dominio del contenido de la asignatura y la técnica, sino en los aspectos formativos de comunidades de aprendizajes entre pares, visitas inter escuelas, pasantías, tutorías y mentorías; en otras palabras, abrirse a la innovación en el aprendizaje profesional y por supuesto vincularse con las universidades locales, asunto muy difundido y recomendado en la literatura internacional referida a educación. En suma la Formación Continua debe ser un derecho profesional garantizado para todos los docentes, que reconozca las necesidades de los contextos y los tramos de la trayectoria docente.

En síntesis el proyecto de una carrera docente es una oportunidad para mirar la profesión docente como una de las tareas complejas de nuestra sociedad, es entrar en las políticas difíciles de los sistemas educativos, ya que no entrega réditos electorales inmediatos. Es proponer una mirada más compleja de la calidad educativa o más bien, es tomar posición por un concepto de sociedad, más inclusiva y responsable del buen vivir de sus ciudadanos, de lo contrario, la carrera es una competencia tipo maratón, insufrible y de larga resistencia física y ética.