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Competencias transversales de un profesional de la educación del siglo XXI

por Jorge Olivo Lillo

 

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Jorge Olivo Lillo

Profesor que ejerció su práctica pedagógica, durante 20 años. Iniciando su ejercicio docente, en el Instituto Superior d Comercio N° 2, INSUCODOS en 1971. Posteriormente, 1992, derivó al mundo de la capacitación y desde 2009, coordina procesos en el CPEIP.

 

Uno de los logros como país, en la Reforma Educacional, impulsada por este gobierno, dentro de otros, es el establecimiento de un “Sistema de Desarrollo Profesional Docente” que considera desde la formación inicial hasta la formación en servicio.

Este enfoque sistémico se desarrolla dentro de un contexto en donde el curriculum debiera migrar del mundo de la enseñanza al mundo del aprendizaje. Pues, a diferencia de hace 50 años atrás, en donde el profesor era la conexión única entre los aprendices y el mundo del saber, en la actualidad, los niños y niñas de hoy, pueden acceder a la información de los que acontecen mediante múltiples plataformas y medios electrónicos.

No olvidemos que los niños y niñas tienen las siguientes características:

“Son inquietos, a veces hiperactivos; desarrollan, preferentemente, sus habilidades usando triple pantalla de manera simultánea (tablets; celular; TV); piensan en hipertextos (nosotros 1234567; ellos 4127349); aprenden haciendo; generalmente son autónomos (están en mejores condiciones para aprender a aprender); lúdicos, a través de los videojuegos desarrollan el sentido lógico, enfrentan distintos grados de dificultad y resuelven diversos problemas. Son nativos digitales. Tienen un desarrollo neuronal y emocional distinto; silenciosamente ruidosos, conciben el error como un detalle dentro del aprendizaje, y tiene un registro de los hechos y de los dichos de los demás que se manifiestan en  su relación con los mayores. Pues su comunicación es de horizontalidad (Nosotros fuimos de estructuras relacionales de verticalidad)  y son amigos de los amigos, de la naturaleza y habitantes permanente del mundo virtual.”

Por todo lo anterior, el curriculum de la escuela primaria, secundaria y terciaria debiera ser transformado, desde el enfoque del aprendizaje, con la colaboración, principalmente de la neurociencias. Poniendo en el centro la emocionalidad, la experimentación, la problematización y su correspondiente búsqueda de soluciones y la toma de decisiones.

 

 

Y correlacionado con lo anterior, los profesionales de la educación debieran desarrollar sus competencias transversales, respecto al mundo del aprendizaje, reconociendo cómo se aprende, en los distintos estadios del desarrollo humano; investigando las condiciones materiales y afectivas que facilitan el aprendizaje; el desarrollo neuronal y emocional de los aprendices y los factores que facilitan el aprendizaje. En definitiva, usar las neurociencias, para mejorar la formación y las prácticas pedagógicas.