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El Toro por las Astas.
El caso del Colegio República Dominicana

 

En tiempos de crisis, como la que se vive en nuestro país en educación, donde se ha mercantilizado el sistema al punto de que las políticas educativas públicas se confunden con administración educativa, y la administración con manejo de “feudos” municipales que toman decisiones antojadizas, las buenas noticias suelen ser pocas. Pero las hay.
El 20 de diciembre del año 2012, ad portas del verano y poco antes de las celebradas fiestas de navidad, cuando los niños y niñas están en su mayoría matriculados para el siguiente ciclo y se aprestan a disfrutar las vacaciones, la comunidad educativa del Colegio República Dominicana supo del cierre inminente del Colegio. ¿Los motivos? Ocupar el terreno para otra iniciativa más productiva. La Comunidad se organizó. El 27 de diciembre decidieron “tomarse” el colegio. Ésta es la historia…

por PRENSA PEC

 

El Colegio atendía una población de 288 niñas y niños de Buin, Paine, La Cisterna, San Miguel, de Pre Kinder a Octavo Básico, que de un día para otro quedaba sin colegio, y debían enfrentar un  cambio inminente, la mayoría de ellos sin recursos para poder financiar colegios subvencionados.
Una de las primeras acciones fue un sitio Web: “No al Cierre del Colegio” a través de la cual se contactaron alrededor de 50 profesoras y profesores jubilados que se sumaron voluntariamente a la idea de la toma.  En marzo el colegio estaba abierto y funcionando.
El Alcalde Rodolfo Carter no apareció más. Se han llevado a cabo dos Asambleas Municipales para discutir el tema de la reapertura del colegio y el Alcalde ha estado ausente. De parte del Concejo, han recibido apoyo de 5 concejales para enfrentar los argumentos municipales para el cierre: Mala estructura del colegio, mala calidad de la educación y baja matrícula. La verdad es otra, explica Eulalia Flores, apoderada, cuyo rol actual como asistente de educación en el colegio la tiene “haciendo de todo”:
“Si había baja matrícula se debe a que la Población Villa O’Higgins es de adultos mayores, pero aún así venían 288 niñas y niños a las escuela. Ahora atendemos a 75. Incluso, en estos últimos meses ha aumentado la matrícula, porque partimos con muy pocos alumnos”. Tampoco están de acuerdo en la alusión al deterioro de la estructura. “Este colegio ha soportado 2 terremotos y se debió invertir en reconstrucción y construcción de la cancha, en febrero del 2012, pero el proyecto se tiró para atrás porque la directora de entonces estaba de acuerdo con el Alcalde. En cuanto a la calidad, esgrimen un buen SIMCE hasta el año pasado.

 

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LAS GESTIONES

 

“A nosotros el Alcalde no nos ha amenazado de desalojo, aunque han pasado cosas oscuras por debajo, pero los otros colegios los entregaron porque amedrentaron a la gente, compraron a los dirigentes, incluso cobraban por sacar a la gente de una supuesta “lista negra” que los amedrentaba con golpes y muertes”.

 

Las políticas neoliberales en educación han llegado a extremos como éste, donde los ediles pueden tomar decisiones tan drásticas y con consecuencias tan significativas para la población como el cierre de colegios, escuelas y liceos. De los 29 colegios municipales de la comuna quieren dejar 3 o 4.
La dirección del Colegio está a cargo de Isabel Rivera, Presidenta del Centro de Padres, quien ha tomado iniciativas, se ha movido, ha logrado aportes de los concejales, algunos políticos, la Embajada de República Dominicana, La Casa de los Jóvenes de La Florida, Editorial Quimantú, entre otras, que han servido para mantener en pie la toma, y especialmente han contribuido con la alimentación de las niñas y niños que asisten al colegio.
Verónica Retamal, trabaja como voluntaria en la manipulación de alimentos, pero también hace aseo –aunque los niños deben dejar limpias las salas- cuida, hace reemplazos y es asistente. “Prácticamente vivo en el colegio”, nos cuenta. “A nosotros el Alcalde no nos ha amenazado de desalojo, pero los otros colegios los entregaron porque amedrentaron a la gente, compraron a los dirigentes, incluso cobraban por sacar a la gente de una supuesta “lista negra” que los involucraba.
En Mayo de este año el Departamento de Estudios Pedagógicos de la Universidad de Chile, inició una asesoría pedagógica en el colegio y varios estudiantes se sumaron como voluntarios. Sebastián Astete, estudiante de Licenciatura en Historia, hace las veces de Profesor de Historia, Profesor Jefe de 6º básico, consejero y sicólogo y Javiera Naveas, egresada de Pedagogía en Lenguaje y Comunicación, es profesora de 5º básico, pero también hace de todo, conocen los aspectos pedagógicos que ha involucrado este proceso y creen fervientemente en la decisión de la toma y en aportar sobre la historia de la comunidad un proyecto docente distinto al neoliberal.

 

LA COMUNIDAD

 

“El colegio tiene un nexo con la población. Eso es muy importante. Villa O’Higgins nació de una toma. Después se les cedió el terreno para la construcción de la iglesia, la junta de vecinos, el consultorio y el colegio. Así que fue la misma gente de la Villa la que construyó este establecimiento, ladrillo a ladrillo, comenta Sebastián”.
El colegio es identitario, respondió a una política educativa que buscaba vincular a toda la comunidad en la construcción social, las mamás más comprometidas estudiaron acá. Hay una tradición que genera esta fuerza. Pero también se quiere generar un cambio de perspectiva, desde la reapertura hacia un proyecto educativo distinto.

 

“La comunidad tiene conciencia de que aquí se está generando algo distinto”

 

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El Departamento de Estudios Pedagógicos asignó al colegio como un Centro de Prácticas, que los estudiantes asumieron con una visión crítica –correspondiente a su formación académica- al modelo tradicional y se dio un cambio cualitativo en las aulas del colegio en resistencia.
“La comunidad tiene conciencia de que aquí se está generando algo distinto”, señala Sebastián. Y Javiera Naveas agrega que este cambio cuantitativo de debió al que los estudiantes abordaron la formación que hasta entonces habían asumido los profesores jubilados. “La nuestra es una nueva forma de hacer clases, con nuevas estrategias y dan resultado. Como anécdota, cuenta que una apoderada le manifestó: “Por primera vez no tengo que despertar a mi hija para ir a la escuela”.
Felipe Ibáñez es profesor de Primer Ciclo Básico y forma parte del voluntariado de la Casona de los Jóvenes de La Florida, y comenta que en este proceso se ha generado un sentido de pertenencia de la comunidad.
“Las mamás tenían la lógica de la escuela tradicional, no la visión de un trabajo conjunto y eso ha cambiado. Estamos trabajando con un sector de niñas y niños de alta vulnerabilidad social, donde ambos padres llegan tarde a la casa, pero incluso así se han vinculado, se suman a las actividades y también algunas van a las marchas”. Es decir, la comunidad sabe qué está haciendo”, explica.

 

EL PROYECTO

 

“Sabemos que la escuela, la educación pasa por un trabajo en conjunto. No sólo los niños vienen a aprender a la escuela”.

 

Nosotros nos mantendremos como un colegio no reconocido por el sistema, porque creemos que el Alcalde no va a dar su brazo a torcer, pero tampoco ha intentado desalojarnos, explica Aurelia (Luli). “Eso nos da la posibilidad de desarrollar otros contenidos, valores humanos, con un desarrollo más integral”.
El nuevo cuerpo docente voluntario del colegio tiene un proyecto educativo a desarrollar a través de talleres de educación popular, donde la comunidad reflexiona sobre qué escuela quiere construir y bajo qué mirada. “Tenemos claro lo que no queremos hacer”, dice Sebastián, y agrega: “Sabemos que la escuela, la educación, pasa por un trabajo en conjunto. No sólo los niños vienen a aprender a la escuela”.
La comunidad, como sujeto de cambio, es uno de los basamentos de esta propuesta. Una comunidad que cuestiona la realidad y decide hacerse parte de las transformaciones. Una comunidad que no está sola y que se ha convertido, ella misma, en una bandera de lucha por una educación realmente pública y ciudadana.
La apuesta es la reapertura del colegio bajo los lemas que se han ido creando. No quieren al municipio, ni a un estado administrador. Quieren darle sentido a lo público, darle sentido a la palabra “calidad”. Quieren participación de verdad. Les interesa demostrar que se necesitan procesos de integración de la comunidad para que la educación tenga sentido y conlleve mejores aprendizajes, con identidad, con historia.
“En este proceso aprendí -comenta Javiera- más que en los tres colegios donde hice prácticas anteriores. Los procesos didácticos, metodológicos, estratégicos aplicados en una realidad como ésta te dan la sensación de que es posible educar de otra manera”.

 

PRENSA PEC