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Mónica Llaña,
La Profesión Docente es la más Compleja

 

Con una trayectoria desarrollada en torno a la formación y perfeccionamiento de  profesores, y centrada en el fortalecimiento de su desempeño a través de la reflexión y el análisis crítico de sus prácticas pedagógicas y de su rol profesional, esta académica e investigadora de la Universidad de Chile se mueve entre la esperanza y la utopía. Egresó del Instituto Pedagógico, como Profesora de Estado en Inglés. Con posterioridad y ya integrante del plantel docente que constituyó el núcleo remanente de las pedagogías, estudió Sociología y con posterioridad un Magíster en Educación. Fue Directora del Departamento de Educación de la Facultad de Ciencias Sociales, entre el 2003 y el 2010, y actualmente  está encargada del nexo entre ese Departamento y el Departamento de Estudios Pedagógicos en materia de investigación y es además docente investigadora del Programa de Educación Continua para el Magisterio (PEC).

Como investigadora se ha especializado en paradigmas cualitativos de investigación social y educativa. Realizando investigaciones en cultura escolar, concentrándose en estudios sobre conflictos y formas de resistencia  al interior de las instituciones educativas. Su trayectoria académica se ha realizado fundamentalmente en la Universidad de Chile, como titular de las cátedras de Metodologías de Investigación y Sociología de la Educación a nivel de pre y postgrado.

Por Carolina Ferreira S.

 

Mónica, a usted le tocó vivir el tránsito entre la desarticulación del Pedagógico y el semillero formativo en la Universidad de Chile, después del golpe militar. ¿Cómo fue ese proceso?

Después que se entregara el Pedagógico, el año 81, quedó un pequeño núcleo que funcionaba en la torre; un grupo de profesores que se organizaron para crear un programa de magíster, como único enclave de educación en la Universidad de Chile. Era un pequeño grupo de 5 profesores que venían del “Peda” –yo era todavía estudiante en esa época- y que para las autoridades de la época eran personas confiables, personas de trayectoria, y que no estaban tan vinculadas políticamente en lo público, al menos y capaces de armar un proyecto de esa naturaleza, muy exigente para su momento, porque en ese tiempo casi no había doctorados. De ellos dos son profesores eméritos, Julia Romeo, y Dina Alarcón. Al transcurrir el tiempo estas personas fueron jubilando y ese núcleo empezó a cambiar, ingresaron otros profesores, con otras características, otros compromisos, con menos miedo, digamos, y hoy por hoy ese programa ya tiene menciones, se ha modificado, ha dado origen a otros programas. Ese primer programa de magíster partió el segundo semestre del año 82. Yo entré el 88, como ayudante, el profesor Silva –actual director del Departamento de Educación -entró conmigo, y posteriormente fueron ingresando muchos profesores egresados del mismo programa, y se fue configurando un cuerpo académico distinto, más resistente, menos temeroso de abordar ciertos problemas, diría yo.

 

Hubo un relevo de actores y un cambio de visión, también, asumo. ¿Cómo percibe comparativamente esos procesos?

El primer periodo fue bastante exigente en aspectos disciplinarios que yo creo que no eran peligrosos, por decirlo de alguna manera,  para el régimen en ese minuto, con contenidos muy exigentes y muy rigurosos en materias como estadística, metodología de la investigación; sin embargo ese currículo tuvo una visión demasiado teórica, porque justamente tenía que ver con el proceso de municipalización. Eso se mantuvo así hasta el año 94, 95 cuando se generó la mención de Currículo y Comunidad Educativa, y comenzó a trabajarse más abiertamente el tema de la socio antropología, que era bien crítico,  de manera que actualmente hay una visión bastante pluralista y muy centrada en lo que está ocurriendo a nivel de las instituciones mismas, en términos de las culturas, de las desigualdades, hemos hecho trabajos en temas de convivencia, básicamente centrados en profundizar lo que está ocurriendo y ése ha sido el sello. Yo diría que el primer momento estuvo muy marcado por el temor, por el miedo, se sentía, pero después ya fue evolucionando, por decirlo de alguna forma.

 

“En la cultura educativa es realmente increíble el grado en que está interiorizado el miedo, el miedo a decir lo que se piensa, el miedo a perder el trabajo, los profesores que no están municipalizados sienten mucho temor por la inestabilidad laboral y los de colegios particulares subvencionados, que están sometidos al código del trabajo, etc. El miedo cruza el sistema y los alumnos se han dado cuenta”.

 

Fotografía gentileza de Remis Ramos

 

¿Quedó incorporado ese temor, de alguna manera, como una forma de supervivencia, en la cultura educativa?

El temor quedó profundamente internalizado, sobre todo en los profesores. En la cultura educativa es realmente increíble el grado en que está interiorizado el miedo, el miedo a decir lo que se piensa, el miedo a perder el trabajo, los profesores que no están municipalizados sienten mucho temor por la inestabilidad laboral y los de colegios particulares subvencionados, que están sometidos al código del trabajo, etc. El miedo cruza el sistema y los alumnos se han dado cuenta. En las tomas se han dado cuenta. Hay una tesis sobre cómo se produjo esto, por ejemplo, en el Liceo Manuel de Salas las relación profesor-alumno era óptima, pero después de una toma los profesores restringieron sus opiniones, su toma de posiciones. Se produjo un quiebre. En el diplomado yo observo esto, en los talleres los profesores se acercan para decirme “no quiero hablar porque está presente el inspector o tal persona”, cuando tienen que exponer lo que han discutido lo hacen temerosamente. Es una cuestión fundamental en este minuto.

 

Al educar con temor y falta de toma de posiciones, se elude la realidad… ¿qué consecuencias se observan en la educación?

La primera consecuencia es que no hay una reflexión sobre la situación; yo estoy viendo que eso está avalado por la falta de formación, los profesores notan su déficit en formación, una formación donde ciertas disciplinas eran consideradas peligrosas, la sociología, la sicología, todo eso pesa en su presente. Hay muchos profesores que se educaron en dictadura y todavía están ejerciendo, y ahora lo que yo observo es que son tantas las universidades privadas deficitarias en formación y algunas pésimas, y eso también les quita a ellos -en primer lugar- autonomía, no son profesionales autónomos, la mayoría son casi técnicos más que profesionales, ése es como el gran tema. Los profesores no tienen una concepción del contexto en el que estamos, una comprensión del contexto que les permita entender en qué mundo estamos; tienden a ser muy rígidos, tienen una visión anticuada, donde la norma está para ser obedecida y punto; hay un atraso en formación pedagógica. Es complejo, va a ser de largo aliento, por eso es que es clave lo que se haga acá en la Universidad de Chile.

 

“…si el profesor no se ubica en ese mundo, no va a poder tener un pensamiento crítico, no va a lograr autonomía y capacidad de defender su autonomía. Al profesor se le dice planifique, evalúe, y todo son pruebas estandarizadas, objetivos profundamente deshumanizados, es una lógica instrumental que lo desprofesionaliza y lo atemoriza”.

 

Fotografía gentileza de Remis Ramos

 

¿Cuál es el perfil de docente que debiera esperarse de la formación?

Yo creo que en primer lugar debe ser una persona con una buena formación en cultura general, donde confluyan todo lo que se llama la ciencia de la educación y las humanidades. Tiene que ser una persona muy culta, por el ritmo de cambio en que estamos, la aceleración de los cambios; si el profesor no se ubica en ese mundo, no va a poder tener un pensamiento crítico, no va a lograr autonomía y capacidad de defender su autonomía. Al profesor se le dice planifique, evalúe, y todo son pruebas estandarizadas, objetivos profundamente deshumanizados, es una lógica instrumental que lo desprofesionaliza y lo atemoriza. Lo que más aparece, sobre todo en los colegios más periféricos, es el conflicto con las culturas juveniles, que ven la realidad de otra manera, y en general los padres se han convertido en clientes, porque están en una sociedad de consumo y aunque no paguen se sienten clientes, entonces los profesores se sientes atrapados por el sistema, con exigencias como las planificaciones al día, con alumnos aparentemente desinteresados. Tengo cualquier cantidad de situaciones realmente increíbles respecto a cómo los padres se inmiscuyen, desde el apoderado más preparado que critica la forma en que el profesor evaluó hasta la apoderada o apoderado que agrede. El profesor está acorralado y deslegitimado como profesional, es complejo y largo de resolver este tema.

 

En este tránsito, ¿cómo observa el rol que ha jugado la Universidad de Chile en la formación de profesores?

Yo creo que en concreto se pudo haber hecho algo antes, en materia de articulación de educación. Un equipo de docentes interfacultades participamos en una comisión que formó hace cuatro o cinco años el rector Pérez, con el DEP., el PEC, nuestro Departamento de Educación, y le presentamos una propuesta al rector, pero nunca supimos nada. Después surge otra instancia, desde el Centro de Estudios Avanzados, que tiene bastante financiamiento, por iniciativa de la rectoría con una mirada mucho más tecnócrata, versus la propuesta nuestra. Yo creo que es el momento de lograr una articulación a nivel de campus, para mí, lo ideal sería que la Facultad de Filosofía y Humanidades volviera a ser la Facultad de Filosofía, Humanidades y Educación, pero es difícil, hay muchos intereses de por medio. Lo que sí me parece que es posible que se logre, es una articulación a nivel del Campus Juan Gómez Millas.

 

¿Existe esa posibilidad? ¿De qué manera la visualiza?

Es factible, como Departamento hemos generado un acercamiento al Departamento de Estudios Pedagógicos, iniciamos un acercamiento bien concreto, a partir del cambio de decano, y también con el Programa de Educación Continua, incluso vamos a tener  claustros comunes, porque acá se creó Parvularia y en el DEP hay básica y media. Los claustros van a ser compartidos, yo voy a ser una de las personas a cargo de ese vínculo o nexo entre esta facultad y el DEP. Lo importante es que estamos generando vínculos y hay solidez en ellos.

 

¿La concepción de educación pública del Pedagógico, cómo ha ido desarrollándose en la Universidad de Chile, con posterioridad al quiebre del 81?

Todo pasa porque el sistema está dividido en los municipales -que están en crisis, como sistema de organización-; los particulares subvencionados, que la mayoría son un negocio, y los privados; entonces, creo que es complejo volver a retomar el sentido de la educación pública que tenía entonces el Pedagógico, visto como un derecho que garantiza a todas las nuevas generaciones una educación de calidad, una educación que de alguna forma cautelara las exclusiones, que al masificarse la educación, no se excluyera; se incluye en teoría pero al final están excluyendo, porque no se les da a los jóvenes las herramientas para que puedan acceder a las oportunidades en igualdad de condiciones,  lo entiendo en ese sentido, como una educación que garantice ese derecho, pero no sabría decirte, dadas las complejidades del sistema, cómo. No sé si pasa por la desmunicipalización, por una educación sin lucro, de partida, claro. Te diría que el estado siempre tendría que garantizar una educación de calidad y sin desigualdades, que es un tema que pesa enormemente.

 

“El fin al lucro no es la solución en sí misma;  si a los profesores les cambian las condiciones salariales pero no hay cambio de estructuras en el sistema institucional, las cosas no van a cambiar. La escuela es la misma de hace 100 años, de estructuras burocráticas, jerárquicas siguen siendo las mismas, la escuela es una institución molusco, una institución concha, manteniéndose una estructura muy añeja”.

 

Al cambiar el contexto, desde una visión universitaria republicana, por una visión de mercado, imperante actualmente, ¿qué cambió en educación?

Lamentablemente la sociedad ha cambiado, y hay que hacer un reconocimiento de los cambios en la sociedad. Este sistema tiene a la gente endeudada, pero gente que se siente cada vez más sujeto de derecho, sujeto de derecho pero endeudado por el consumo, que es donde está la trampa. Este es otro mundo, yo veo que va a ser difícil generar cambios, o van a ser muy lentos para llegar a esta utopía que es una educación que le permita a todos acceder a las oportunidades laborales, sociales, de calidad, que trate de eliminar las desigualdades tan duras y tan amplias; temo que el país ha cambiado demasiado, y de repente te encuentras con apoderados que defienden su derecho  a pagar $ 5.000 pesos, porque creen que la educación pública es mala, se sienten clientes. Las nuevas generaciones que son más individualistas, nos obligan a ser muy cuidadosos, a analizar muy bien estos fenómenos para enfrentar cambios. El fin al lucro no es la solución en sí misma; si a los profesores les cambian las condiciones salariales pero no hay cambio de estructuras en el sistema institucional, las cosas no van a cambiar. La escuela es la misma de hace 100 años, de estructuras burocráticas, jerárquicas siguen siendo las mismas, la escuela es una institución molusco, una institución concha, manteniéndose una estructura muy añeja. Hay que partir de la base de que hay que formar muy bien a los profesores ahora, porque ellos tendrían que ser los actores estratégicos para los cambios del futuro, tanto en la formación inicial y continua.

 

La carrera profesional docente es uno de los temas del debate en el nuevo marco institucional. ¿Cómo abordar este tema?

Con una formación inicial muy rigurosa, pero a mi juicio debe estar acompañada de un cambio en las instituciones, por muy exitosa que sea una carrera profesional, si mantenemos la institución escuela tradicional con esos estilos de gestión o los estilos de liderazgo, los profesores van a tener el diploma para ganar más. Hay un riesgo, no sé cómo habría que armar eso para tener un desarrollo profesional que vaya más allá del rol técnico individual, pero eso tiene que venir también de arriba, es algo tan profundo, todavía están pendientes temas estructurales.

La carrera profesional docente se mueve dentro de un modelo que igual está mandando, el modelo de las mediciones; puro racionalismo instrumental: eficacia, eficiencia, productividad. Si se va a bordar el tema de la carrera profesional en esos términos es lo mismo que no abordar el problema.

 

¿Cree que el gobierno ha convocado a los actores adecuados para la discusión sobre la reforma?

Yo creo que no, incluso el colegio de profesores está en otra. En general se convoca a muchos técnicos en estas comisiones, pero todas las investigaciones culturales, de cultura escolar, la tensión a nivel escuela, para ellos no tienen valor porque no son temas generalizables; desde su lógica positivista, no son medibles. Hay, yo diría, además una profunda ignorancia en esos sectores tan tecnócratas, que son incapaces de ver lo que está pasando en la sociedad, no ven las tensiones ni los cambios, y como no los ven creen que exigiendo ciertos estándares, es suficiente. Yo creo que el problema es súper grave. Tiene que ver con la crisis del modelo.

 

¿La educación es una ciencia, es una ciencia social que implica una mirada humanista, hay elementos científicos objetivos dentro de la educación? ¿Cómo clasificarla?

Yo la veo que es una disciplina que se apoya en las ciencias de la educación y en las humanidades, fundamentalmente. Se apoya en la filosofía,  es compleja, tienes que saber a quiénes formar y para qué, pero para eso tienes que ver también cómo vas a formar, y ahí está la didáctica, está la pedagogía. Creo que las ciencias de la educación te sostienen el fenómeno educativo,  porque lo ves desde la cultura, la sociedad, la sociología, la sicología, ubicas el fenómeno desde una perspectiva. Yo, personalmente, creo que es fundamental ubicarse en el tipo de sociedad y en la sicología, todo va junto, está imbricado, y en una postura filosófica, de cultura fuerte para el profesional. Sin embargo, yo creo que es hay una mutilación de la formación, y eso te genera una crisis tremenda. Mutilación del sujeto, del sujeto social, mutilación en la formación integral del ser humano.

 

“Bauman, un autor que me gusta mucho, hace una analogía entre la racionalidad de la comida rápida y el holocausto, aplicable a la sociedad en que vivimos, donde todo es productivo, eficaz, eficiente y deshumanizado y es un riesgo, creo que es peligroso, porque hay carencia de formación ciudadana…”

 

¿Qué sujeto debiera formar la docencia para la construcción de una sociedad pluralista, inclusiva?

Un sujeto crítico, solidario, que sepa participar y convivir en sociedades democráticas, también, entendiendo la democracia en un sentido bien amplio, el individualismo lo veo nefasto, yo veo la formación integral como una utopía presente y futura. Bauman, un autor que me gusta mucho, hace una analogía entre la racionalidad de la comida rápida y el holocausto, aplicable a la sociedad en que vivimos, donde todo es productivo, eficaz, eficiente y deshumanizado y es un riesgo, creo que es peligroso, porque hay carencia de formación ciudadana, los estudiantes no están acostumbrados a participar o los hacen participar para celebrar algo, hay varias tesis de nuestros alumnos sobre esto, hay críticas de todo este tema de la ciudadanía y no hemos sabido difundirlas bien, lamentablemente. El viraje de la sociología que me gusta mucho pone el énfasis en estudiar al individuo, de hecho con el Departamento de Estudios Pedagógicos estamos en un proyecto para investigar las subjetividades políticas de los estudiantes; tenemos un grupo de investigadores ahí.

La profesión docente es la más compleja, y sin herramientas para enfrentarla, dejando pasar el tiempo se producen conflictos generacionales en los docentes, y de origen de formación, también; los profesores jóvenes están llegando con visiones muy distintas, a veces incompatibles con lo que era o se espera que sea, y los más viejos lo único que quieren es jubilar, porque sienten que ya no pueden hacer aportes, en fin.

 

CAROLINA FERREIRA S. es Coordinadora de Extensión y Publicaciones del Programa de Educación Continua para el Magisterio (PEC) de la Universidad de Chile y Editora General de Revista Perspectiva.