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Carla Peñaloza,
La Cultura de los Derechos Humanos ha Ganado Terreno

 

Es coordinadora del Diplomado en Memoria, Derechos Humanos y Educación que dicta el Programa de Educación Continua para el Magisterio (PEC). A través de los pasillos del Museo de la Memoria se transita hacia las aulas donde por segunda vez consecutiva un grupo de estudiantes graduados hace su formación en este curriculum pendiente. Para re elaborar los recuerdos, para reinventar la historia y darle contenido de futuro. “La identidad se construye a partir de lo que creemos y sabemos que somos. La memoria es constitutiva de identidad”, explica con calma, con sencillez, sin altisonancias esta Doctora en Historia, Diplomada en Género y…

por Carolina Ferreira

-En estos días en que se habla tanto de… ¿Qué entendemos por “Memoria”?

La memoria es un objeto de estudio de la historia. A veces se confunde la historia con la memoria. La historia es una disciplina. La memoria es una forma en que los pueblos y los individuos recuerdan; puede estar influida por el consciente o no, puede estar influida por la disciplina o no, o puede influir en ella. Hay una memoria construida colectivamente. Es parte de la historia de todos los chilenos y se trasmite a través de la familia, la escuela, los medios. Es absolutamente subjetiva, puede ser racional, o afectiva, pero está llena de valoraciones personales. Y la memoria puede ser traumática y la identidad a partir de esa memoria puede o no alimentar ese trauma. Hace sentido en nuestra identidad, porque hay afectos de por medio. Ideas, como la superioridad de un pueblo sobre otro. De un grupo sobre otro.

-¿La Memoria es un derecho?

La memoria es un derecho en tanto cada grupo, colectivo, sociedad debiera poder develar sus memorias en el espacio público. Es deber del Estado facilitar eso en los espacios públicos, a través de leyes que promuevan la libertad de expresión, por ejemplo. Es también, como todo derecho, un ejercicio.

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-¿Cómo deslindar qué memoria es la memoria de la realidad?

El proceso de la memoria y expresión de los recuerdos tiene que ver con el recuerdo-percepción de los hechos y cómo se recuerdan desde el presente. No son los hechos tal y como sucedieron. Por eso hay distintas memorias y también varía según el tiempo, aunque hay grupos que fijan una memoria y no pueden salir de ella; lo normal es que la memoria se vaya reinterpretando. La derecha en general se ha quedado en un relato literal del pasado, como un discurso aprendido, no refleja ni cómo se auto perciben ni cómo ocurrieron los hechos, en realidad. Otros sectores han reinterpretado. Un sector de la sociedad chilena piensa que debe terminarse con la deuda infinita o sólo sospecha de los crímenes de la dictadura. La información es un detonante de la memoria, por eso que a medida que se conocen más cosas, ciertos fragmentos van tomando cuerpo y carácter de verdad.

“Hace falta volver a invertir en la formación de profes, darles la valoración social y cultural que con todos los vaivenes quedó en el suelo”.

-El magisterio, ¿tiene también pendiente un ejercicio público de la Memoria?

La profesión docente fue atacada desde el momento mismo del golpe. Parece anecdótico pero no puede ser casualidad que en tercer lugar entre los grupos que sufrieron mayor represión están los profesores de liceo y universitarios. Era esencial para la dictadura manejar y controlar las formas en que se educaba. Se cierra la escuela normal (un símbolo de la República) y lo que debe ser la educación comienza a seguir el modelo neoliberal, sectorizado, que separa la profesión docente de las disciplinas. A partir del golpe y del año 81 la formación docente siente una caída enorme, por la desaparición de profesores, la persecución contra el gremio, pero además se invierte muy poco. El Instituto Pedagógico pasa a ser la Academia de Estudios Pedagógicos, después el Instituto Pedagógico. Los títulos de los profesores son títulos técnicos hasta los años 90.

-Un golpe a la educación y un golpe a la Universidad de Chile, ¿para qué?

El objeto de intervenir y achicar lo más posible la Universidad de Chile se debe a que la dictadura concibe a esta casa de estudios como ésta se concebía a sí misma, una universidad nacional, tanto desde el punto de vista territorial, como desde el punto de vista de abordar todos los temas del país. Una nueva idea de qué debe ser la educación superior se impone. El Estado tiene menos importancia, minimiza el rol de la Universidad desde ese concepto, al privatizar las Ues. La memoria sirve para retomar, repensar, re-inventarnos. Hace falta volver a invertir en la formación de profes, darles la valoración social y cultural que con todos los vaivenes quedó en el suelo. La formación docente hacerla dialogar con el saber disciplinal, sin crear una separación artificial entre enseñar e investigar; esa separación es artificial, porque es un sector de la sociedad que fue muy dañado por el golpe y la dictadura.

EDUCACIÓN Y DERECHOS HUMANOS

“La gente que toma el diplomado sale convencida de que su responsabilidad es plantear el tema de derechos humanos y la memoria de las víctimas en nuestra historia para que nunca más suceda y sólo instalando una cultura de derechos humanos estamos generando individuos que puedan resolver los conflictos a través del debate”.

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-¿Cómo se llevan los derechos humanos al aula?

Los derechos humanos son un contenido transversal dentro de la malla de la educación básica y secundaria (obedece a los objetivos transversales del curriculum), pero ese mismo programa es una violación a los derechos, por el hecho de no darle el peso que corresponde. Material hay (El informe Rettig y el Informe Valech, de los cuales debe haber un ejemplar en cada colegio, en que los profesores se sienten amparados). Pero si Cheyre dice que no lo leyó estamos al mismo tiempo viviendo en una sociedad en que ha hecho un reconocimiento de los crímenes, y ha pedido perdón, por ellos, pero donde existe una especia de permisibilidad para quienes se niegan a reconocer los hechos como reales. En este país se ha avanzado mucho en el reconocimiento y ejercicio de la justicia, pero existe una sensación de impunidad porque se permite la negación de lo ocurrido y hay una tendencia a ir al empate. Eso es lo que le da miedo a los profes, porque se trata de igualar, y no son temas comparables y nada justifica la violación de los derechos humanos. Hay cierta impunidad de los dirigentes de derecha, que públicamente ponen en duda los hechos, hacen homenajes a criminales condenados; esas situaciones generan impunidad, donde el negacionismo tiene cabida. La reivindicación negacionista lesiona la memoria de las víctimas. Pero soy optimista. Porque la cultura de los derechos humanos ha ganado terreno, más allá del grado de honestidad de los gestos de arrepentimiento, la actitud presente es a aceptar las violaciones a los derechos humanos, en parte porque hay cantidad de informes, documentos oficiales, fallos judiciales y testimonios innegables.

-¿Hay herramientas didácticas para este tipo de trabajo?

La herramienta fundamental es el empoderamiento de la legitimidad y la necesidad que tiene de abordar estos temas en el aula. La gente que toma el diplomado sale convencida de que su responsabilidad es plantear el tema de derechos humanos y la memoria de las víctimas en nuestra historia para que nunca más suceda y sólo instalando una cultura de derechos humanos estamos generando individuos que puedan resolver los conflictos a través del debate. Es necesario aprender a resolver la confrontación. El anti ejemplo es el golpe. Eliminar a los que no piensan como yo.

Los derechos humanos no son una asignatura al margen sino fundamental en la formación de un adulto íntegro.

La escuela sigue siendo el lugar más importante para la trasmisión de información y valores (junto con la familia). Y una de las herramientas concretas que usamos en el diplomado es involucrar a la familia. Que la escuela involucre a la familia. Los medios de comunicación, por otra parte, tienen un rol fundamental que se ha negado a cumplir. El reportaje documental “Las Imágenes Prohibidas” con motivo de los 40 años del Golpe de Estado, elevaron el raiting, pero después vuelven a los realitys. Y en eso no soy igualmente optimista. A la televisión privada, incluso a la pública en Chile no se le puede pedir eso, eso no va a cambiar. La escuela calla y la tv distrae con contenidos contradictorios con los derechos humanos.

Hay profesores que temen llevar a los niños al Museo de la Memoria (es absurdo porque es producto del Informe Rettig, 73-90), ese material elaborado por la comisión Rettig es parte de la formación de cualquier ciudadano. No tendría que haber contradicción de parte de los docentes, pero hay una población víctima y otra población victimaria. El conflicto, en términos sociales, plantea el tema sobre las propias acciones pasadas de todas y todos.

-¿Cuál es el contexto hoy para el trabajo de la Memoria en la educación?

No hay ningún impedimento legal hoy día para que la memoria de las víctimas pueda ser expresada en distintos medios. Pero es el estado el que impide la expresión en los espacios públicos, se invisibiliza a las víctimas y su recuerdo, quiénes fueron, por qué murieron, niega la posibilidad de traer al recuerdo en términos concretos. Se convierte en tabú la violación a los derechos humanos. Si vas a otros ámbitos (escolar, por ejemplo, donde se forma a los futuros ciudadanos), los profesores no se atreven a hablar porque sienten que es peligroso, porque sienten que pueden ser poco objetivos, no saben cómo enfrentar el tema. Hay ahí una memoria de la represión. La falta de información y el no saber cómo abordarlos, pesa sobre el eje de la objetividad a la que la docencia está acostumbrada. No obstante les preocupa, porque sienten que están lesionando la identidad de una parte de la sociedad chilena al inclinarse a la verdad.

CAROLINA FERREIRA es Licenciada en Literatura y Coordinadora Ejecutiva de Publicaciones del Programa de Educación Continua para el Magisterio (PEC) de la Universidad de Chile.