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Mónica Arias Monge,

Hacia Una Pedagogía de la Diferencia y de la Singularidad

 

Mónica Arias Monge estaba de visita en Chile y se hizo un alto en el descanso para intercambiar su experiencia con sus colegas chilenos. Invitada por el Departamento de Estudios Pedagógicos de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, el 1 de abril pasado sostuvo un ameno y relajado coloquio con académicos de ese departamento, interesados en conocer su experiencia como investigadora y como asesora pedagógica y docente del departamento de docencia universitaria de la Facultad de Educación de la Universidad Nacional de Costa Rica.

por Prensa PEC

 

Doctora en Pedagogía en la Universidad de Barcelona, docente del Doctorado Latinoamericano de Educación, asesora pedagógica y recientemente incorporada como investigadora del Instituto de Investigaciones en Educación de su país, la profesora Arias participó en la elaboración del Plan de Estudios de la Licenciatura en Docencia Universitaria, de la mencionada institución, que dura año y medio y tiene un programa de estudios modular cuyas asignaturas son transversalizadas a lo largo de la carrera en una espiral de complejidad, donde la experiencia en el aula –que forma parte de profesión misma- se convierte en el pilar principal de los aprendizajes. Ha trabajado especialmente sobre temas que tienen que ver con la diferencia y la discapacidad en la educación y ahondado en la relación educativa, buscando ir más allá de los tecnicismos, vigentes todavía.

 

EL «DIS» YA PRESUPONE UN «MENOS»

 

 “El lenguaje instituye unas determinadas prácticas y hace falta descongelar esos conceptos. Al que es ciego, decirle ciego, y al que tiene síndrome de down decirle síndrome de down”

 

“Mi investigación doctoral fue relativa a los temas de educación y diferencia, y yo llego a la investigación doctoral producto de mi vivencia personal, como persona ciega, y mi propia dificultad para acceder al mundo laboral. En ese momento me ocurría que en el único espacio donde podía trabajar era en el educativo y en ese momento pensé que era, también, el único espacio desde el cual podía intentar hacer un cambio. Cuando inicio el doctorado, mi intención era garantizar o generar espacios de participación para personas con discapacidad, pero lo inicio con una perspectiva de orden positivista, y a partir de la experiencia en el doctorado y a propósito de la investigación empiezo a advertir que una cuestión fundamental en la educación es el lenguaje y dentro del lenguaje empiezo a hacer una reflexión sobre el concepto de discapacidad, en tanto el “dis” ya presupone un “menos”, menos capacidad que otro. A raíz de esa reflexión entro en una serie de temas paralelos: la jerarquización, las estructuras del mérito, cómo opera en la jerarquización el poder de categorizar al otro y cómo en el ámbito educativo hemos venido alimentándonos de una serie de conceptos de normalización  y taxonomías que provienen del ámbito médico o sicológico, que tienden a la normalización, a la taxonomización, a la fragmentación del ser humano.

“Una cuestión que emerge de la relaciones entre lo que son las estructuras del mérito en la escuela y cómo opera el poder, me lleva a pensar en un concepto como la diferencia, desde el cual nos planteamos cómo es que somos diferentes y cómo la diferencia emerge en la relación con el otro. Siempre soy más alto que o más bajo que, o soy rubia o de cabello oscuro, siempre emerge la comparación y cómo desde allí resulta pertinente pensar en la singularidad, no como algo que debamos comparar sino como aquello que significa y da sentido a cada sujeto y la importancia de descongelar algunos conceptos y dejar de tener miedo de los ellos, también”.

“Me voy dando cuenta, además, que el lenguaje instituye unas determinadas prácticas y hace falta descongelar esos conceptos. Al que es ciego, decirle ciego, y al que tiene síndrome de down decirle síndrome de down; no significa que tenga menos o más capacidad que otro. Porque una tendencia a lo largo de la historia ha sido a categorizar en nichos, y dentro de la misma discapacidad se hacen categorías, entonces tenemos las discapacidades físicas, las discapacidades sensoriales y aquellas que yo suelo llamar las de “el cajón de sastre”, que son las que nadie sabe dónde poner en el aula”.

 

HACIA UN MODELO PEDAGÓGICO

 

 “Y esa discriminación, más que marginación, porque se va haciendo esa diferenciación en términos de bueno o malo, en términos de un valor»

 

“En Costa Rica, en los 70, existía un aula que se llamaba “aula diferenciada”; antes que eso, era la Escuela Diferencial, sin embargo no dejaba de ser lo mismo. Hoy en día revuelven déficit atencional con ciegos, con sordos, con síndrome de down, con déficit atencional, y al final el profesor tiene 30 niños en la sala casi de atención personalizada. Es decir, el contexto supera en mucho la teoría y supera las formas que nos da la teoría para funcionar, entonces se vuelve inmanejable. Hoy en día los ciegos y los sordos ya están siendo más integrados en el sistema regular, pero al final siempre va existiendo esa diferenciación y esa discriminación, más que marginación, porque se va haciendo esa diferenciación en términos de bueno o malo, en términos de un valor, y ahí es donde emerge el problema, tanto en la relación entre docentes y estudiantes como estudiantes y estudiantes. Cómo pensar eso de una forma distinta.”

 

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“Cuando empezamos a pensar el plan de estudios de la Licenciatura en Docencia Universitaria, uno de los ejes pedagógicos era la teoría de los estudios culturales y a  partir de ahí teorías como la del feminismo que vienen a aportar, entre otras cosas, el cómo considerar la experiencia como un elemento importante. La Licenciatura funciona en módulos, y tenemos uno cuyo nombre no me gusta, Hacia una Educación Superior Inclusiva -no estoy muy de acuerdo con el término inclusividad-, es un módulo de cuatro áreas problematizadoras: interculturalidad, género, discapacidad y el otro refiere migración. A nivel del modelo pedagógico está pensado para que se vea de manera transversal a lo largo de los estudios”

“La escuela inclusiva es una tendencia sobe todo en los países anglosajones y plantea que unos son incluidos y otros con excluidos, pero desde mi punto de vista ningún ser humano es totalmente excluido; siempre tiene algún nivel de pertenencia, a una familia, a una institución, a varias instituciones, y tiene una relación con la naturaleza. La crítica está planteada a partir de la obra de Norbert Elias, donde él establece que el ser humano está en relación con una unidad de vida, con muchas unidades de vida, consigo mismo y con la naturaleza. Poner todo en el entorno no es correcto, me parece. “Las personas discapacitadas no lo son; es el entorno el discapacitado”, me parece una expresión muy reduccionista, porque no es sólo el entorno, el ser humano está en relación con todo lo que señalaba antes”.

“Los alumnos muchas veces buscan una especie de recetas, que uno les diga qué tienen que hacer y si bien existen unas teorías y planteamientos que nos permiten hacer una planificación didáctica, el cómo trabajar sobre la incertidumbre, y cómo afrontar trabajar en la incertidumbre, y cómo hacer uso de esa teoría y esa planificación sin creer que se aplica de forma exacta y que los resultados van a  ser exactos, es fundamental. Desde ahí resulta importantísimo trabajar en aspectos como son la práctica y la experiencia. Poner en relación los seres humanos que están participando en la formación, no sólo entre ellos mismos, también con el entorno, con la naturaleza, consigo mismo, en lugar de tender a fragmentarlos. La fragmentación es la esencia de la ciencia positiva, fragmentamos los contenidos, los planes de estudio, al ser humano en la comprensión de él mismo, y desde esa fragmentación resulta difícil pensar la singularidad y resulta difícil también pensar cómo posibilitar que el otro sea. Entonces es fundamental la experiencia porque la experiencia nos permite complejizar y reflexionar”.

 

PEDAGOGÍA DE LA DIFERENCIA Y LA SINGULARIDAD

 

“El ponerse en juego, el tener que pensarse desde sus propias diferencias genera una experiencia muy importante para la formación”.

 

 

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 “Yo trabajo mucho en mis clases a partir de “Diarios” que les permite a los estudiantes ir plasmando lo que se piensa. El ponerse en juego, el tener que pensarse desde sus propias diferencias genera una experiencia muy importante para la formación. Normalmente es más fácil pensar al otro como otro y difícilmente nos pensamos a nosotros como nosotros mismos y en qué soy distinto al otro y qué necesito de los otros y cómo puedo yo dar a los otros. El “Diario” es un ejercicio que permite esa versatilidad a través del relato”

“La integración la pienso desde mí, porque como les decía, mi tema investigación emerge de mi propia realidad, de mi necesidad de ser en un lugar, entonces es inevitable para mí no pensar la educación y no pensar la posibilidad de que los otros sean a partir de mi propia historia, y de cómo pongo esa historia en relación con los otros. Pero en ningún momento para teorizar, si no para exponerme a la crítica, a la debilidad, pero también a la fortaleza”.

“A mí me parece que un buen concepto para este tipo de educación del que hablamos podría ser el de “Pedagogía de la Diferencia y de la Singularidad” De la diferencia por no olvidar que la diferencia está siempre presente, están presentes siempre las relaciones de poder y, en la estructura organizacional, las relaciones de mérito. El mérito en lo educativo está siempre presente: pasar de un curso a otro, las evaluaciones, no es algo que puede dejar de ser del todo. Y de la singularidad, por no perder de vista a cada sujeto. Yo creo que una de las conclusiones a las que he llegado es que toda educación es educación especial. Con 30 0 40 estudiantes en la sala y cada uno con un mundo, su realidad cultural,  su realidad socio económica, su realidad sexual, entonces ya la educación por sí es especial”.

“Al ir a hacer sus prácticas, su trabajo en el aula nuestros estudiantes deben saber para qué hacer, cómo ir a hacer, y después para qué se hizo lo que se hizo y qué se debería cambiar o cómo aporta y si aporta o no. En la práctica este año concluye la primera generación y me parece que todavía nos falta, por ahí. Yo creo que el trabajo interdisciplinario es muy importante, pero más allá de eso hay una cuestión que refiere a la incertidumbre, como docentes queremos saber qué hacer, pero para eso necesito conocer el contexto y al sujeto, y si yo tengo un bagaje teórico pero no conozco el contexto ni al sujeto me sirve de poco, a menos que haga una relación entre los elementos. El cambio está en cómo nos enfrentamos a esa incertidumbre, donde el otro también nos puede decir qué hacer, qué espera, qué necesita. La desconfianza que tenemos como docentes sobre los niños o niñas no permite ese tipo de relación. Entonces, es necesario confiar en el otro: si el que tiene la experiencia como sorda o sordo o ciega o ciego nos mostrara el cómo, desde su propia realidad, sería más fácil educar, y ahí es donde yo refiero que la relación es importante, cómo establezco una relación afectiva para que el otro me diga cómo le puedo ayudar. No podemos pretender que todos los profesores sean especialistas en esto, pero sí que establezcan relaciones más cercanas que les permitan resolver situaciones específicas”

“Lo importante es conocer al otro y dejar que nos digna cómo quiere que nos relacionemos con él, y qué lugar quiere ocupar. Las taxonomías vienen dadas por el campo de la medicina, son los médicos quienes establecen cómo eres, y desde esa definición en lo educativo buscamos unas determinadas respuestas. Entonces, partimos de un diagnóstico y generamos un pronóstico y resulta que ese diagnóstico fue el que determinó si la persona podía o no podía ser tal cosa y no la persona quien determinó si podía o quería ser. A mí me parece preocupante la aparición de las taxonomías. Sobran. Para mi condición prefiero que me digan ciega a discapacitada. Yo no soy discapacitada, soy una persona ciega”.

 

PRENSA PEC.