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Incorporar la Transversalidad en el Aprendizaje

 

Hoy en día los niños y las niñas responden a necesidades propias de una sociedad bombardeada de información que reciben desde la televisión, internet, radio, juegos electrónicos, películas, etc. Por esta razón, como docentes tenemos la labor de adecuarnos a las necesidades de éstos niños y niñas y responder a sus necesidades de aprendizaje.

Hasta los 90, nuestra sociedad respondía a una educación autoritaria, donde sólo el profesor daba una cátedra sobre un contenido específico y no hacía diferencias entre los 45 niños que tenía en la sala de clases. Ahora, esta metodología está obsoleta; es nuestro deber como docentes actualizar nuestras estrategias de enseñanza y reconocer la diversidad en el aula.

Muchos de nosotros, al enfrentarnos a niños y niñas con necesidades educativas especiales, nos aterramos y declaramos que “en la universidad nadie nos enseño cómo trabajar con estos niños”.  A pesar de eso, es la realidad que estamos viviendo y debemos hacernos cargo de ella.

Por Pía Meza Maureira e Isabel Soto Ceura

 

“Cuando ofrecemos a nuestros estudiantes la posibilidad de trabajar desde la transversalidad, abordamos la necesidad de incorporar la diversidad que tenemos en el aula. Así podemos “conocer el mundo” desde las matemáticas, ciencias, lenguaje, historia, tecnología, artes, música, idiomas, etc.”

 

¿Cómo hacerlo?, ¿Por dónde empezamos?, ¿Qué estrategias utilizaremos?, ¿Es posible tener buenos resultados?… éstas son solo algunas de las preguntas que deben pasar por nuestra mente a la hora de saber que llegarán al aula niños con Asperger, Déficit Atencional, Síndrome de Down, con problemas de audición o visión, con talentos diversos (artísticos, deportivos, tecnológicos), entre otros.

Ante este nuevo escenario, lo primero que debemos hacer es realizar una revisión sobre lo que entendemos por inclusión escolar, que nos llevará a saber si estamos preparados psicológicamente para este desafío, o si nuestros conflictos con la diversidad son parte de nuestra forma de ver la vida. Una vez que logramos hacernos cargo de nuestros temores y conflictos emocionales, podemos empezar a pensar en cómo lo haremos para tener buenos resultados en el aula.

 

 

Una vez que ya nos hicimos cargo de nuestro pensamiento, es necesario que organicemos el ambiente en el que haremos nuestras clases. ¿Será siempre igual?, ¿lo organizaremos por rincones?, ¿tendremos un diario mural?, ¿las mesas serán distribuidas por grupo o en filas?, ¿con qué recursos materiales necesitamos contar?, ¿haremos una dinámica de bienvenida?, ¿haremos ejercicios o relajación?… El clima de aprendizaje que exista entre profesor y estudiante dependerá en gran medida de cómo organicemos el lugar.

Ya somos conscientes de nuestras creencias y de cómo debemos organizar el aula, ahora ya empezamos el año y podemos pasar a la siguiente etapa. Para ello es necesario que indaguemos en las características y necesidades de los niños y niñas que tendremos. Si aprendemos a conocerlos bien como personas, reconoceremos sus intereses y motivaciones, de este modo será posible incorporarlos en nuestras clases para lograr aprendizajes significativos. Además de permitirnos reconocer sus estilos y ritmos de aprendizaje, que también nos darán pistas importantes para nuestro trabajo.

A través de la combinación de estas tres temáticas, podremos empezar a preocuparnos por las estrategias de aprendizaje y las metodologías que utilizaremos.

La neurociencia toma un papel fundamental en esta etapa. El saber cómo funciona el cerebro, cómo responderá a los estímulos que realicemos y de qué manera podemos sacar el mayor provecho a nuestras intervenciones. El cerebro es un todo, nuestras neuronas se interconectan y hacen sinapsis, logrando conectar aprendizajes previos y nuevos de mil maneras diferentes.

Cuando nosotros ofrecemos a nuestros estudiantes la posibilidad de trabajar desde la transversalidad, abordamos la necesidad de incorporar la diversidad que tenemos en el aula. Así podemos “conocer el mundo” desde las matemáticas, ciencias, lenguaje, historia, tecnología, artes, música, idiomas, etc. Los niños y niñas viven en una sociedad globalizada, en el que la lectura se utiliza para orientarse en las calles, tomar la locomoción, cocinar, armar un juguete y muchas otras actividades. Lo anterior se puede aplicar transversalmente a cada una de las asignaturas que trabajamos en clases, respetando el curriculum e incluso ampliándolo, para ofrecer lo que realmente necesitan las personas en el mundo actual: Tener las herramientas para resolver los diferentes problemas a los que se enfrentan en la vida. Y somos los y las docentes quienes tenemos la gran misión de entregarles esas herramientas, de generar aprendizajes para la vida.

 

PÍA MEZA MAUREIRA, ISABEL SOTO CEURA Las autoras de este artículo son educadoras de párvulos y profesoras de primer ciclo básico. Han trabajado en aula, en investigación y en programas de capacitación docente. Las autoras son relatoras del curso “Herramientas para enseñar y aprender desde la transversalidad en la educación inicial actual”, JAP 2015, del Programa de Educación Continua para el Magisterio (PEC). Universidad de Chile.