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por Equipo de Comunicaciones PEC

Desde diciembre de 2015 se viene aplazando la presentación de la Reforma a la Educación Superior comprometida por el gobierno, y las últimas declaraciones de la Ministra de Educación, Adriana Delpiano, plantean su discusión en el Congreso para junio. En este contexto se repiten los cuestionamientos a la gratuidad y al fin al lucro, pero existen otros ámbitos de la educación superior que muchas veces quedan olvidados, ¿cuáles son las oportunidades en el ámbito de la Educación Continua en un escenario de reforma a la educación?

En lo que va del 2016 la Reforma a la Educación Superior ha sido motivo de incertidumbre para muchos. Aún no se conoce exactamente qué puntos abordará ni la fecha en que ingresará al Congreso para su discusión, y a pesar de que se esperaba sucediera antes del 21 de mayo, la Ministra de Educación, Adriana Delpiano, ha planteado que recién en junio el proyecto podría estar debatiéndose en el parlamento.

Los diversos borradores que ha difundido la prensa incluyen algunos principios y conceptos que serían abordados en la propuesta que actualmente elabora el Ministerio de Educación, donde se incluirían cambios en la institucionalidad con la definición de fines y principios de la educación superior, la creación de la Subsecretaría de Educación Superior y la resignificación de lo que actualmente es la Comisión Nacional de Acreditación, pasando a convertirse en la Agencia de Calidad de la Educación Superior.

Los trascendidos hablan que el documento contaría con 300 artículos abordando temáticas como la gratuidad, acreditación de las universidades, regulaciones, y definiría los roles de los diferentes tipos de instituciones de educación superior.

Camila Rojas, presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (Fech) y vocera de la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech) plantea que como movimiento estudiantil el anuncio del contenido final de la reforma a la educación superior se ve como la última oportunidad del gobierno para poder concretar los cambios comprometidos en educación, “ya pasaron estos dos primeros años donde se hicieron varias promesas a los movimientos sociales, especialmente en educación, con los anuncios de gratuidad y fin al lucro, sin embargo, esas situaciones no se han concretado, entonces este es el último momento para poder hacer los cambios que se han demandado por la sociedad hace años”, explica.

Por estos días la discusión se ha centrado en el alcance y condiciones de la gratuidad y el lucro, luego de que parlamentarios oficialistas plantearan la posibilidad de que existan universidades con fines de lucro.

En ese contexto, el Rector de la Universidad de Chile y presidente del Consorcio de Universidades del Estado de Chile (Cuech) participó en la sesión de este 3 de mayo de la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados, a la que fue invitado a exponer en el marco de la discusión por la reforma a la Educación Superior. “Pensamos que hay un contexto de cambio, que es una invitación a reflexionar sobre la situación de las universidades en Chile”, manifestó el Rector Vivaldi en su intervención, en la que se refirió a la necesidad de que la discusión por la reforma a la Educación Superior no esté centrada solamente en el tema de los recursos, sino que también en otros aspectos cruciales como la regulación del sistema de educación superior en Chile, qué rol y definición tendrán las universidades en éste, la calidad de los planteles y la pertinencia que tienen las instituciones del Estado en el desarrollo local de cada región.

Además, planteó la necesidad de consolidar un sistema de universidades estatales que trabajen pertinentemente por el desarrollo local. “Pensamos que el financiamiento de las universidades estatales debe ser discutido en mérito propio y no relativo al resto del sistema, pues existen valores que le son propios a éstas”, manifestó Vivaldi, destacando la necesidad de revertir la libertad de comercio que hay en el ámbito de la educación superior.

Mientras estas aristas han ocupado los medios y han obligado a las autoridades a dar luces de cómo será abordada la reforma en esos términos, hay otros ámbitos de la educación superior en los que se mantiene la incertidumbre.

Este es el caso de la Educación Continua, actividad que se desarrolla ampliamente en diferentes instituciones de educación superior, pero que hasta ahora no ha sido mencionada en ninguno de los borradores de la reforma, y donde existe una especie de nebulosa ante la falta de definiciones comunes, estándares mínimos e institucionalidad que la regule.

Según consigna la Red Universitaria de Educación Continua ésta se define como “la actividad docente universitaria cuya misión es vincularse con el medio vía programas de formación y capacitación educando de por vida a personas (licenciados, profesionales y no profesionales)  que desean o requieran profundizar, mantenerse al día en los conocimientos, habilidades, actitudes y destrezas que caracterizan a su disciplina, o bien quieren extender su conocimiento hacia áreas complementarias, acceder al manejo de nuevos procedimientos y/o tecnologías, que les permitan lograr un mejor desempeño o posición laboral o bien crecer en su desarrollo personal o espiritual.”

Pero a pesar de esta definición, actualmente la principal problemática para su desarrollo es la falta de claridades e institucionalidad. Jorge Cancino, Coordinador General de la Unidad Central de Gestión de Calidad para las Unidades de Educación Continua de la Universidad de Chile, plantea las principales dificultades en esta materia, “hace falta conceptualización, está muy claro qué es un pregrado, qué es un magíster, un doctorado, pero a nivel del Ministerio de Educación un diplomado no existe; lo segundo es la necesidad de que exista institucionalidad asociada que la rija, que dicte normas, aunque sea un marco genérico para empezar, pero que salvaguarde y controle, porque hoy educación continua puede hacer cualquiera, una universidad, una empresa consultora, una persona natural; y tercero, estándares, así como pregrado que tiene estándares de acreditación, sería importante que existan a nivel de educación continua porque otorgaría pisos mínimos”.

Por lo tanto estamos en lo que se podría denominar un “terreno baldío” en relación a este tema, que se invisibiliza pero que tiene gran presencia nacional. Para ponerlo en cifras, sólo en la Universidad de Chile en promedio 17 mil alumnos al año cursan diferentes programas de Educación Continua, 5 mil matriculados más que en cursos de postgrado, donde aproximadamente hay 12 mil estudiantes al año, explica Cancino.

Si a estos datos se agregan las instituciones que integran agrupaciones relacionadas con la materia como la Red de Universidades de Educación Continua, integrada por un total de 13 universidades del Estado y privadas, o la recientemente conformada Red de Educación Continua de Universidades pertenecientes al Consorcio de Universidades del Estado de Chile (Cuech), habla de que en todo el país existen cientos de miles de personas realizando este tipo de perfeccionamiento.

Ante este panorama, Iván Páez, Coordinador Ejecutivo del Programa Transversal de Educación (PTE) de la Universidad de Chile plantea la necesidad de “atender este crecimiento y por sobre todo la calidad y excelencia de los procesos que conlleva este crecimiento, donde resalta la posibilidad de que la Educación Continua chilena se puede convertir en un referente en la región. Si la reforma aborda esta temática posibilitará un sistema articulado y valorizado, relevante para la carrera académica, para el desarrollo profesional y, por cierto, para el desarrollo nacional”.

Es por esa razón que diversas plataformas y actores que imparten y se han involucrado con la Educación Continua hoy intentan influir para que se incorpore en la reforma y promover las reflexiones y cuestionamientos correspondientes sobre este tipo de educación que muchas veces se pasa por alto y que influye en un número tan importante de personas año a año.

Gabriela Martini, directora del Programa de Educación Continua para el Magisterio (PEC) de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, ha participado del debate para la inclusión de este tipo de formación con la convicción de que su inclusión en la Reforma a la Educación Superior presenta la oportunidad de visibilizarla y reconocerla como un nivel educativo específico, que debe ser articulado con el pregrado y el postgrado. Es decir, la EC debe ser abordada de forma sistemática, articulada con la formación inicial, con las trayectorias y carreras de las personas.

“Si bien son múltiples las demandas en torno al mejoramiento de la educación superior, el escenario de la discusión de la reforma debería permitir plantearnos como país el tipo de perfeccionamiento y actualización que requiere el sistema productivo y las instituciones públicas, que anualmente invierten altas sumas en la formación de sus funcionarios. Son diversos los organismos internacionales que han plantado desafíos concretos en esta materia para sus Estados miembros, y Chile debería dar cuenta de ello con una política nacional en la materia que muestre su responsabilidad y direccionalidad”, plantea Martini.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) considera la Educación Continua como un derecho fundamental de los trabajadores y como instrumento económico, formando parte de las políticas de empleo, las estrategias de competitividad y productividad de las empresas, por lo que, de acuerdo a esta línea, su reconocimiento como parte del sistema de Educación Superior y regulación  contribuiría a poner freno al crecimiento de lo que se denomina “mercado de capacitación”, actualmente desregulado y con fuerte orientación al lucro, lo que vincula fuertemente este tema con uno de los principios planteados en la reforma que el gobierno lleva a cabo.

A comienzos de 2016 se promulgó la ley 20.903 que crea el Sistema de Desarrollo Profesional Docente que establece el derecho a la formación continua de las y los profesores, lo que se puede considerar como un avance en la visibilización de la Educación Continua, pero aún es insuficiente, porque no resuelve las problemáticas de fondo expuestas anteriormente y otorga marcos regulatorios sólo en relación a los docentes.

Jaime Veas, director del Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas (CPEIP) del Ministerio de Educación, destaca la importancia de esta ley y reconoce el aporte de las universidades en la formación continua, planteando la necesidad de que más instituciones de educación superior la incorporen como un área estratégica, por lo que se muestra de acuerdo con las posibilidades que implicaría incluir este concepto en la reforma, destacando que “en el ejercicio docente se necesita una actualización continua, cambian los niños, cambian las tecnologías y es necesaria la revisión constante, lo mismo ocurre con otras profesiones”.

Por otro lado, lo que hasta ahora se conoce de la Reforma a la Educación Superior, contempla un tratamiento diferenciado para las Universidades del Estado en relación a las Universidades Privadas, lo que Gabriela Martini espera sea plasmado en la nueva ley, “como universidades estatales hemos avanzado en eso desde el año pasado con la articulación de una Red de Educación Continua que permita establecer gradualmente un diálogo de nuevo tipo entre el Estado y sus universidades, además de contribuir con la definición de políticas públicas a nivel nacional, regional y local, referidas a la educación continua y establecer alianzas territoriales y/o temáticas entre los programas de las universidades del Estado, con el fin de favorecer el trabajo colaborativo y en red entre ellas”.

Finalmente, se debe promover la discusión en las diversas instancias que hay para ello. Hoy en día son los actores involucrados en la educación superior en general, y particularmente en la educación continua, quienes están efectuando propuestas concretas, las que sin duda representan una oportunidad para seguir avanzando en su visibilidad y reconocimiento, con miras en generar más y mejores oportunidades para las miles de personas que cada año deciden continuar su formación.