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Identidad Latinoamericana y Sentido de Pertenencia
La Tenencia de la Tierra como Base en el Desarrollo de los Movimientos Sociales en América Latina.

por Evelyn Sabina Fuentes

 

“La des- territorialización, como pérdida del vínculo con el espacio físico, ha sido durante años la fiel compañera de América Latina. Al desarrollarse de manera forzada hace que sus habitantes pierdan el vínculo con el espacio físico y aparezcan acciones colectivas de reclamo, lo que provoca tensión ante el despliegue de un nuevo sentir; el sentido de pertenencia. El siguiente trabajo se encuentra enmarcado en el contexto de los movimientos sociales y tratará de responder a la importancia que el sentido común de pertenencia tiene en el desarrollo identitario de los Latinoamericanos. Sentido que se va gestando a causa de una gran acumulación de injusticias, de poder, avaricia y miseria, en donde aparecen importantes movimientos que, en la mayoría de los países de América Latina, intervinieron en la estructura capitalista a través de la labor colectiva, de manera de lograr lo que por naturaleza les pertenece. Se considerará la gran importancia que tiene la posesión de la tierra, ya que es el principal factor de producción, fuente de empleo y repositorio de riqueza, como también un factor común que unirá las manos luchadoras de los latinoamericanos”.

 

 

Los primeros Movimientos Sociales en América Latina están marcados por una gran influencia anarquista, a través de la migración europea de Italianos y españoles entre fines del siglo XIX y principios del XX. Vitale. L. (1998) señala que el anarquismo se presentaba como una ideología cuyo objetivo era derribar el régimen capitalista a través de una Huelga General Internacional,  donde los anarcosindicalistas fueron los principales contribuyentes en crear en 1919 la Primera Central Sindical peruana. Entre los años 1914 y 1919, se realizaron huelgas generales profundamente significativas que abren el proceso de sindicalización del movimiento obrero, como el caso de Perú 1919, Brasil en 1917, Argentina en 1918 y México igualmente en la misma época. Se crea un clima político generalizado favorable a la huelga general como  principal forma de lucha.

A partir de la Primera Guerra Mundial y posteriormente durante los años veinte, la expansión de las manufacturas en la región crea condiciones para el surgimiento de un proletariado más industrial. Este proletariado tendrá su pleno desarrollo con los procesos de industrialización de la década del treinta a partir del desplazamiento del capital europeo por el capital monopólico norteamericano. “Aunque las inversiones británicas mantuvieron su hegemonía en Argentina, Uruguay y Brasil, los EE.UU se apoderaron de las minas de cobre de Chile, del petróleo mexicano, del café, tabaco y azúcar de Cuba, Rep. Dominicana y otras Islas del Caribe, proceso que acentuó nuestra dependencia” (Vitale, 2009, p. 68). En Bolivia, la imagen de Simón Patiño como uno de los empresarios más poderosos con un 50% de la industria del estaño en su poder, controló a distintos gobiernos durante toda la mitad del siglo XX (1920-1952).

 

EL SENTIDO DE PERTENENCIA

 

“La revolución campesina mexicana ejerció relevante influencia en las posteriores luchas de los trabajadores latinoamericanos, especialmente la experiencia de haber derrotado al ejército de la clase dominante…”

 

El campesinado sufría una fuerte dominación de los señores de tierra que los sometían a condiciones extremamente difíciles de cultivo y organización, por lo que en la región comienzan a florecer movimientos ligados a la tenencia de la tierra como es el caso de los Movimientos Campesinos. Una de las fuerzas que dio pié a estos movimientos fue la llamada Revolución Mexicana en 1910, en donde la insurrección popular va a tener una base campesina extremamente significativa.  “La revolución campesina mexicana ejerció relevante influencia en las posteriores luchas de los trabajadores latinoamericanos, especialmente la experiencia de haber derrotado al ejército de la clase dominante…” (Vitale, 2009, p.68). En el caso de Perú, Sendero Luminoso fue su bandera de lucha, en Brasil el Movimiento Sin Tierra (MST) se inició a partir de un movimiento obrero organizado por los anarquistas,  quienes se sumaron a este propósito. En Argentina, el “peronismo” (1947) como partido político apoyó a la clase obrera y a los sindicatos, además de intervenir en la cuestión agraria. En Nicaragua, Farabundo Martí creó “una lucha contra el gobierno conservador impuesto por los norteamericanos» (Fonseca, 2007, p.373).En general, existía una mala distribución de los ingresos.

La guerra civil se presentó como una fuerza de liberación que pretendía arrebatar las tierras a los latifundistas para otorgárselas a los campesinos que históricamente habían sido despojados. Esta situación produjo que varios latifundistas, en toda América, vendieran sus propiedades para evitar que se las arrebataran. ¿Qué quedaba para el campesino? ¿Cuál era la realidad que les esperaba? Jelin, E. (2001) afirma al respecto que estos procesos de desarraigo llevan a una búsqueda renovada de raíces, de un sentido de pertenencia y que pertenecer a una comunidad es una necesidad humana y por lo tanto un derecho. Jorge Gissi, profesor y doctor en Ciencias Sociales, plantea que el concepto de Identidad comprende tres representaciones “la coherencia personal de la integración individual y de rol en su grupo; sus imágenes rectoras y las ideologías de su época; su historia personal y la circunstancia histórica” (Gissi, 2001, p.26),  por lo tanto, la identidad depende no solamente de la aceptación de una historia similar, sino también de un cruce de individuo-grupo-sociedad y de la historia que tienen en común dentro de una historia social. De esta manera, los procesos vividos a partir del nacimiento del capitalismo y que se acentuaron en América Latina a comienzos del siglo XX van a desarrollar la necesidad de “sentirse igual al otro” por una misma razón histórica: la tierra.  

Pero frente a un problema de desarraigo, exclusión, opresión, sumisión y pobreza ¿es posible encontrar este sentido de pertenencia? Marx, K. & Engels, F. (1845-1846) dicen al respecto que la clase revolucionaria aflora en un principio ya por el solo hecho de anteponerse a una clase, no como clase, sino como representante de toda la sociedad, frente a la clase dominante. La conformación de un grupo nuevo, con características similares, al ser opuestas a la predominante genera un nuevo colectivo como referente social, una nueva lógica de “acceso-compromiso” que va abriendo camino hacia la composición de un “nosotros”, de una identidad colectiva a partir del diálogo, sin hacer diferencias sociales, geográficas, de género, edad y etnia. Gunder Frank y Fuentes (1990) señalan que los movimientos sociales activan a sus miembros de forma defensiva/ofensiva en contra de una injusticia a partir de un ´sentido moral compartido´.

 

IDENTIDAD-COMUNIDAD

 

“Se adquiere una identidad colectiva que es parte de cada uno y parte de los otros, es decir, se comparten símbolos y vivencias, tales como las dificultades para optimizar la vida a partir de la relación con la tierra”.

 

Las primeras luchas sociales surgidas en América Latina en el siglo XX se sustentan bajo el problema agrario a partir del desarrollo de la identidad y el sentido de pertenencia como principales factores en la conformación de los movimientos sociales. Primero la identidad opera en el campesino en la aceptación del otro como poseedor de una historia similar, abatida por un cambio brusco producido por el destierro y permite establecer relaciones a partir de un cruce de individuo-grupo-sociedad. Segundo, el sentido de pertenencia nace  a partir del encuentro de esta identidad, de este cambio rápido, el cual genera una búsqueda renovada de raíces, de comunidad, que se traduce como una necesidad y un derecho humano. La identidad se irá construyendo a partir de una relación ancestral con la tierra. Se es campesino por la relación con la tierra: la indestructible relación persona-tierra es un elemento común. Esto, a la vez, lo confirman los otros y, además, se dan más elementos sobre sí. Se adquiere una identidad colectiva que es parte de cada uno y parte de los otros, es decir, se comparten símbolos y vivencias, tales como las dificultades para optimizar la vida a partir de la relación con la tierra. Se adquiere una identidad colectiva que fortalecerá este sentimiento Latinoamericano. Finalmente, Fromm, E. afirma que esta necesidad de un sentimiento de identidad es tan vital e imperativa que las personas no podrían estar sanas si no encontraran alguna forma de satisfacerla.

 

EVELYN FUENTES es Profesor(a) de Educación General Básica con especialidad. Diplomado en América Latina USACH. Liceo República de Siria, Ñuñoa. Es alumna del Postítulo de Especialización en Lenguaje del PEC.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

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