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Modelos de Subjetivación  y Disciplinamiento Entorno a la Modelación de la Educación

por Juan Alegría Licuime

 

Sin duda, uno de los temas centrales de la modernidad lo constituye la emergencia del sujeto. Las aproximaciones y caracterizaciones de tal figura presentan una gran ductilidad, siendo los significados asociados al yo, a la conciencia de un sí mismo y una estructura de anticipación las más recurrentes. La capacidad autónoma y el solipsismo de tal término, han determinado que los procesos asociados a la constitución de un determinado sujeto adquieran una relevancia en el ámbito de la producción del saber y la  educación. De hecho, podríamos afirmar que el proyecto de todo marco de modelización educativa es finalmente la constitución de un sujeto. Precisamente las  sociedades modernas se han configurado estructuralmente a través de complejos procesos educativos, y donde la racionalidad juega un papel decisivo. Aquí, entendemos por racionalidad la estructura primigenia para la escisión razón / locura,  en tanto que mientras el logos de la antigua Grecia no se ejemplificaba en ningún contrario, la racionalidad moderna opera efectivamente a través de la exclusión de lo diferente, la locura y la irracionalidad. Ahora bien, la relación entre racionalidad y la subjetividad es de una estrecha concomitancia, ya que estas dos figuras son fundamentales para la emergencia de las filosofías del sujeto.

 

En este contexto, Foucault es el que desarrolla la crítica más radical a lo que se entiende por filosofías del sujeto. Según el filósofo francés, son Freud, Nietzsche, y Marx los tres pensadores que desenmascararon la falsedad de la  conformación de una relación de autorreferencialidad del Yo (Tarcus, 1993: 11). Freud cuestionó la determinación del yo a partir de la primacía del inconsciente en  las acciones de los individuos; Nietzsche determinó que la relación con uno mismo, o el control moral internalizado del comportamiento se debe a la violencia y el castigo; y por último, Marx quien determina que los individuos pierden toda noción de autodeterminación por la primacía de la mercancía. Ahora bien, el proceso por el cual se construye la subjetividad se denomina subjetivación. Tal  proceso de designa la constitución de una instancia  por la cual  se obtiene un sujeto, o específicamente una subjetividad.  Los modos o modelos de subjetivación hablan de las prácticas y actividades que el sujeto realiza sobre sí mismo, teniendo como resultante una estructura de anticipación que le permite diferenciarse de determinado objeto o proponer  desde esta constitución de sí la elaboración de prácticas discursivas.

 

 

Foucault denomina «modelos de subjetivación « a las prácticas de construcción del sujeto», que para el filósofo remiten a dos ámbitos de problematizaciones. En primer lugar, Foucault denomina modelos de subjetivación a los modos de objetivación del sujeto, es decir la forma como el sujeto aparece formando parte de una relación de conocimiento y poder. Generalmente tal relación esta mediada por lo que se denomina un régimen de verdad, es decir instancias que permite designar como falso o verdadero determinado enunciado, de manera de sancionar  algunos y aprobar otros. El rendimiento de la crítica Foucaultiana consiste precisamente en reconocer en el discurso científico, disciplinario, gubernamental, etc., categóricos regímenes de verdad que construyen modelos de subjetivación que son aceptados como verdaderos en la estructura social (escuela, universidades, medios de comunicación, policía, etc.).  

 

La regimentación de la subjetividad responde a una batalla de sujeción que sirve productivamente a las tecnologías de exclusión e inclusión, las características centrales de esta subjetividad mínima se determinan a partir de tres características. En primera instancia se construye una subjetividad que se reafirma en la negación de su alteridad. También nos enfrentamos con la apuesta de una constitución de subjetividad minimizada en su fuerza transformadora y política, acciones posibilitadas por medio del recorte del cuerpo y su tratamiento utilitario. Finalmente, nos encontramos con una serie de tecnologías  que someten a la subjetividad a la suerte de una verdad interior, y que a su vez establecen complejos procesos de conocimiento y elaboración del yo  (Castro, 2008: 172).  Para Foucault, tales disposiciones de modelización de la subjetividad entroncan directamente con las tecnologías de poder y la disciplina. Por esta última, se entiende una tecnología que nace a partir del siglo XVIII y que se define como un poder continuo, atómico e individualizaste. En forma más concreta, la disciplina se define como un conjunto de técnicas en virtud de las cuales los sistemas de poder tienen por objetivo y resultado la singularización de un individuo.

 

Según el filósofo de Poitiers, fue en el ejército donde verdaderamente se produjo el descubrimiento de la disciplina (Foucault, 1994: 243), proceso que provocó importantes cambios en las estrategias militares, ya que con la disciplina el soldado adquiere un valor en cuanto es parte de un proceso de corrección y aprendizaje. Un segundo momento importante en la disciplina es  la educación: » primero en los colegios y después en las escuelas primarias observamos la irrupción de esos métodos disciplinarios en los que los individuos son individualizados en la multiplicidad» (Foucault, 1994). De una forma más técnica, la disciplina es aparición de la notación cuantitativa, la premura de los exámenes, y la clasificación de los individuos. En este contexto, nos preguntamos específicamente por la relación entre disciplina y escuela, ¿no es acaso la escuela un sistema de internalización de la disciplina y por tanto, una tecnología de modelación de la subjetividad?  

 

De ahí que la escuela se ha constituido en uno de los principales elementos de la gubernamentalidad, en donde se crean formas de regulación del tiempo y el espacio, además de modelar las conductas y el cuerpo de los estudiantes. En tal proceso, los textos escolares cumplen una importante labor, ya que a través de  las imágenes que representan determinadas formas de ser. La experiencia escolar y el saber que se desglosan de tales unidades programáticas implican que los sujetos estén obligados a vincularse con estás imágenes, estas últimas se pueden obviar o criticar, pero es imposible para los estudiantes ignorar tal trama representacional.  En cuanto que tales imágenes se disponen como formas a priori de diferentes identidades, éstas cumplen un importante rol   disciplinar.  

 

Para Judith Butler (2009: 37-38), estas formas de autoconstrucción del sujeto, son  profundamente problemáticas, ya que un régimen disciplinario y de verdad proponga los términos que hacen posible la experiencia del autorreconocimiento o en otras palabras reconocerse como sujeto, implica reconocer estas prácticas como las únicas posibles para abrir la experiencia  de la subjetividad, de modo que lo que un individuo puede llegar a ser depende o está restringido por antemano por tales regímenes de saber y verdad. En términos ontológicos, estos regímenes de verdad significan también una relación de verdad entre un sujeto y tales estructuras, de ahí la imposibilidad de cuestionar tales formas de modelización, porque implican un cuestionamiento también a la relación mediata en que se reconoce como sujeto el individuo. En tal perspectiva, el saber pedagógico puede constituirse en una herramienta concreta que permitiría la emergencia de otras formas de ser sujeto, acciones más cercanas a lo que concebiríamos como un proceso de des-subjetivación.  

 

 

Bibliografía

Butler, Judith. Dar  cuenta de sí mismo. Amorrortu Editores. Buenos Aires.2009.

Castro, Rodrigo. Foucault y el cuidado de la libertad. Lom ediciones. Santiago.2008.

Revel, Judith. El vocabulario de Foucault. Editorial Atuel. Buenos Aires.2008

Foucault, Michel. Las palabras y las cosas. Siglo XXI Editores, S.A. Madrid.2006.

Foucault, Michel. Estética, ética y hermenéutica. Editorial Paidós. Barcelona.1999.

Tarcus, Horacio (com). Disparen contra Foucault. Ediciones el cielo por asalto. Buenos Aires. 1999.

 

 

Juan Alegría Licuime Es Doctor © En Filosofía  Universidad De Chile. Docente Universidad Central