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Apuntes para la Formación Inicial

 

«Y claro que no hablo de esa “libertad”, puramente formal, dosificada, regulada y “concedida” por el Estado, esa eterna mentira que en realidad no implica más que un privilegio de unos pocos cimentados en la esclavitud del resto, esa ficción de libertad, individualista, mezquina y egoísta.» 

Mikhail Bakunin

 

Más importante, tal vez, que las cuestiones de índole académico en lo que significa un curso propiamente tal, es el desbloqueamiento de cada uno de los estudiantes en cuanto a que sean lo que son, esto es, un asumirse frente al mundo con estructuras al menos ya delineadas, personalidades diversas, sujetos fantasmáticos y máquinas deseantes que hay que sacar a la superficie sin complejos. Que el estudiante adquiera conciencia de quién es él al mismo tiempo de tomar conciencia de que los demás son otros absolutamente otros, y que es con esos otros que su yo particular y rico en proyecciones va a relacionarse, encontrarse, desencontrarse, etc. Cada uno de nosotros somos un relato diferente que vale la pena conocer y narrar cuantas veces sea necesario.

por Cristian Vila Riquelme

 

Sabemos que el estudiante universitario de hoy llega a la universidad con una serie de menos más que de plus, de represiones inconscientes, de temores muchas veces infundados, y, lo que es peor, con una serie de esquemas internalizados que van por el lado de la hegemonía del género económico, de la competitividad a ultranza y de una especie de lectura transversal de resúmenes, ya tanto de libros como de apuntes de clases, en vista a la obtención de las notas que les permitan lo que les han hecho concebir como el máximo triunfo de todo ciudadano: el diploma u oficio que lo haga partícipe de la construcción de una sociedad que, en verdad, no es él quien la determina. Más aún con los llamados desafíos de la globalización en que el the time is money es el grito de batalla de todo aquel que se respete, según, naturalmente, estas concepciones neoliberales y neo-universalistas.
Es indudable que a esa actitud contribuye, en tanto síntoma y proyección, una deficiente formación en los campos de la expresionalidad gestual, oral y escrita —pues no tenemos tiempo, es decir, the time is money— con todo lo que ello acarrea como frustración futura y taras de comprensión cabal no ya de los cursos académicos, sino que de nuestro entorno, esto es, el mundo que lo circunda. Los procesos cognitivos si bien no se agotan con la llegada a la vida adulta, tienen sus bases centrales, por decirlo así, en los primeros años de la escolaridad, para luego irse perfeccionando en una interacción idealizada que no siempre funciona, y no sólo en cuanto ideal sino que en cuanto deseo e ímpetu del propio estudiante.

 

LA SOCIEDAD ENFERMA

 

“Por lo tanto el problema no es meramente de hoy, éste se arrastra desde que fuimos engañados en las aulas con los ideales de los viejos próceres y el instinto sacrificial de los viejos sacerdotes. Un modelo al cual debemos adecuarnos, so pena de caer en las llamas del infierno”.

 

 

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Las fallas gramaticales, las faltas de ortografía, los problemas físicos indudables de la escritura (caligrafía, adecuación idea/signo, etc.), la tímida constitución de una gestualidad deficiente, son las máscaras que en la superficie adquiere todo lo anteriormente dicho, más la ocurrencia de procesos sicológicos normales de adecuación al mundo familiar, social, político, económico, muchas veces incomprensibles para sus propios protagonistas, sobre todo cuando llega el momento de confrontar lo que se nos enseñó del otro con toda la opacidad que ello implica en cuanto lenguajes, normas represivas, objetivos sociales que no siempre coinciden con los propios y, más aún, cuando tenemos la leve sospecha de que las cosas no son como nos enseñaron (valores, moral, sentimientos, proyecciones sentimentales, solidaridades, confianzas, etc.).

Todo aquello produce un bloqueo emocional y expresivo tremendo. Sin ir más lejos, un ejemplo, aunque aquello signifique un cierto estatus, me refiero a la cada vez más generalizada práctica de terapias de todo tipo, desde las impartidas por el psiquiatra o el psicólogo de turno hasta las más esotéricas, pasando por aromaterapias, musicoterapias, psicodanzas, y toda clase de sectas salvadoras, como si nos enfrentáramos a una sociedad enferma que tiene más de algo que curar. Lo que, de paso, incide directamente en las relaciones humanas amorosas, laborales, profesionales, políticas, etc. Y trae consecuencias físicas y sicológicas tales como la bulimia, la anorexia, la depresión, el alcoholismo, la drogadicción, y la búsqueda insensata de un ideal de perfección que no existe más que en las divinas esferas de la virtualidad o de algunos ideales ascéticos trasnochados.

En ese sentido, las fallas gramaticales y/u ortográficas no son sólo un síntoma, sino que una especie de protesta o repudio inconsciente hacia el sistema en el que estamos insertos. Mientras más mal escribo más revelo una cierta independencia de los esquemas que en realidad poco me sirven para hacerme rico, esto es, para triunfar sobre los demás. Puesto que todas esas reglas son cosas de intelectuales y de ridículos profesores decimonónicos que nada entienden de los nuevos códigos, códigos que no necesitan más de cuatro nociones para significar lo que significan —una polisemia que no se asume como tal porque no lo necesita. «Hola López/ Qué tal, Pérez. Y así es como creen que se saludan» constataba hace ya varios decenios Julio Cortázar. Por lo tanto el problema no es meramente de hoy, éste se arrastra desde que fuimos engañados en las aulas con los ideales de los viejos próceres y el instinto sacrificial de los viejos sacerdotes. Un modelo al cual debemos adecuarnos, so pena de caer en las llamas del infierno. Un paradigma que está allí para que, como valientes alpinistas, lo escalemos hasta llegar a su cima, so pena de quedarnos atrás para siempre de todos los nuevos adelantos científicos y tecnológicos.

 

LAS PREGUNTAS DE LA ÉTICA

 

“…las dos preguntas fundamentales de la Ética son las siguientes: a) ¿cuál es la actividad genérica del ser humano?, y b) ¿cuál es la finalidad de la existencia humana?, cuyas respuestas tentativas serían a) el placer y b) la felicidad”.

 

Los objetivos, por lo tanto, de impartir cursos universitarios, son, primero que nada, el desbloqueo de la emotividad y de la gestualidad de los estudiantes. Segundo, el descubrimiento de un mundo siempre inexplorado como es aquél del Otro, y por esto, del descubrimiento de un mundo también inexplorado porque infinito que es el de la creación (literaria, musical, plástica, corporal, filosófica, científica), esto es, de las múltiples posibilidades de expresión de los Otros que somos los Nosotros, como diría el subcomandante Marcos. Y tercero, la creación de una capacidad crítica y, al mismo tiempo, propositiva, lo suficientemente iconoclasta con las vertientes tradicionales como para transformarse en la desprejuiciación necesaria a cualquier proyecto de tipo social, cultural, político que no implique la coerción sino que el respeto a la diversidad que trae consigo el trabajar una cuestión de tipo ético, esto es, un reconocimiento de que las dos preguntas fundamentales de la Ética son las siguientes: a) ¿cuál es la actividad genérica del ser humano?, y b) ¿cuál es la finalidad de la existencia humana?, cuyas respuestas tentativas serían a) el placer y b) la felicidad. Y, finalmente, el poder adquirir las herramientas correspondientes para saber cuáles son los procedimientos de establecimiento de la realidad cuando la situación lo requiera, sin los prejuicios unificadores tradicionales y siempre que implique la apertura de perspectivas más que el cierre de los universos de discurso a los que estamos acostumbrados.

 

CRISTIAN VILA es Doctor en Filosofía, ensayista, docente y escritor.