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¿Por qué Alto Al SIMCE?
Razones Humanas, Políticas y Pedagógicas

 

El año 2006 la Revolución Pingüina dejó perplejo a un mundo académico acostumbrado a pensar y difundir el sistema educativo chileno como un modelo de éxito en la región y en el mundo. Fue tanto así que muchas agendas cambiaron después de ese año, y varios intelectuales debieron reflexionar y salir a intentar explicar la movilización estudiantil. En un contexto académico adverso, la difusión de visiones críticas sobre el modelo educativo chileno, muchas de las cuales preveían la posibilidad de un estallido como el “Pingüinazo”, habían estado marginadas del debate público. En cierta medida, el resultado del Consejo Asesor de Educación, creado por la ex-presidenta Michelle Bachelet para enfrentar y detener las movilizaciones estudiantiles, terminaron por legitimar una vez más esa marginación de los espacios de decisión, permitiendo un acuerdo de cúpulas políticas que cerró la discusión, limitándola a los mismos marcos de los consensos superficiales vigentes hasta entonces.

por Iván Salinas Barrios, Jorge Inzunza Higueras

 

El aprendizaje que resultó de la frustración del 2006 se expresó en las calles con más fuerza el 2011, estimulando un debate político más profundo sobre la calidad de nuestra democracia y su relación con el modelo educativo, modelo de desarrollo, y su legitimidad constitucional. Quienes conformamos e impulsamos decididamente la campaña Alto al SIMCE nos sentimos parte de esta historia de movilizaciones sociales que buscan estimular otra forma de entender la democracia, y nos sentimos también responsables y comprometidos, desde nuestra actividad actual, en la generación de un horizonte de posibilidad para esas sentidas demandas sociales.

Así, el Colectivo Una Nueva Educación emerge como un nodo en una red enorme que busca hacer realidad las demandas por la recuperación de los derechos sociales que han sido arrebatados por la ideología neoliberal. En particular, buscamos articular un debate y un proyecto autónomo y democrático para lograr una educación como derecho social, y su relación con lo que existe hoy en Chile.

 

LOS ANTECEDENTES

 

“La candidez o inocencia de los políticos que han pensado que promoviendo presiones e incentivos basados en los resultados de esta prueba estandarizada mejorarían la calidad educativa sólo ha significado estrés infantil y juvenil, además de estrés en el cuerpo docente encargado de la tarea de educar”.

 

Las soluciones de política educacional elaboradas estos últimos años han continuado alejándose de una concepción de derecho social de la educación.En esta perspectiva la Agencia de la Calidad de la Educación –un producto de la política cerrada de la era Bachelet– anunció la propuesta de clasificar escuelas basándose de sobremanera en las pruebas estandarizadas del Sistema Nacional de Medición de la Calidad de la Educación (SIMCE), con el fin de guiar la política pública de responsabilización individual por los resultados de la educación. Observamos en esta decisión una explicitación del proyecto político que busca eliminar la existencia de educación pública, y profundizar la avanzada cultural para transformar los derechos, y en particular la educación, en mercancía.Es así como después de un intenso debate de nuestro Colectivo, decidimos crear la campaña y promover la consigna “Alto al SIMCE”, como forma de estimular un debate radical y crítico sobre los propósitos de la educación.

 

 

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Estimamos que el SIMCE, a pesar de sus objetivos noblemente declarados como pedagógicos en su origen, es un pilar del proyecto político-cultural de la dictadura cívico-militar. No sólo eso, hoy el SIMCE es un drama humano visible en las escuelas. La candidez o inocencia de los políticos que han pensado que promoviendo presiones e incentivos basados en los resultados de esta prueba estandarizada mejorarían la calidad educativa sólo ha significado estrés infantil y juvenil, además de estrés en el cuerpo docente encargado de la tarea de educar. Nos encontramos también con que el SIMCE es irrelevante para un diseño pedagógico con sentido de las escuelas. En parte, los resultados del SIMCE están técnicamente invalidados por la imposición de incentivos y castigos asociados a los desempeños de los estudiantes en las pruebas. Sumado a ello, la capacidad técnica de este instrumento no permite desarrollar intervenciones pedagógicas oportunas y sólo cubre un espectro limitado del currículo, que se ve reducido dado el carácter punitivo que comienza a adquirir el fracaso en las pruebas.

 

LOS OBJETIVOS

 

“En ese proceso buscamos proyectar las capacidades del movimiento social de construir y hacerse cargo de los horizontes de posibilidad de cambio basándose en las demandas y orientaciones que se reclaman y expresan desde el mismo movimiento”.

 

La Campaña Alto al SIMCE busca visibilizar el problema profundo detrás del SIMCE en sus dimensiones política, humana y técnico-pedagógica. Creemos que solo reconociendo el problema en todas sus dimensiones podemos pensar en alternativas coherentes con las demandas por una educación como un derecho. Asimismo, el llamado a una discusión profunda implica que las soluciones y propuestas sobre el modelo de evaluación educativa requieren una legitimidad que hoy en día, como Colectivo, no estamos en posición de ofrecer. Nuestra perspectiva es que las propuestas se legitiman mediante su construcción democrática. Ello constituye una diferencia radical respecto al carácter tecnocrático con que operan los fundamentos de las leyes que emergieron del “acuerdo de manos alzadas” protagonizados por Bachelet y los partidos políticos a finales de su segundo año de mandato. Esa lógica de consensos espurios significó un portazo a las demandas sociales y políticas del 2006, y la continuidad y profundización del modelo de la dictadura. Por ello, desde Julio de este 2013 hemos desarrollado un esfuerzo sostenido por incluir a diversos actores educacionales y sociales en el debate que ha dado fuerza a la campaña “Alto al SIMCE”. En ese proceso buscamos proyectar las capacidades del movimiento social de construir y hacerse cargo de los horizontes de posibilidad de cambio basándose en las demandas y orientaciones que se reclaman y expresan desde el mismo movimiento. Nos parece que el proceso inverso, típico del pensamiento burocrático-tecnocrático que ha manejado las políticas estatales en las últimas décadas, es un debate que no podemos seguir aceptando, menos en el ámbito de la creación académica.

En síntesis, la campaña “Alto al SIMCE” no busca solo debatir sobre la utilidad del SIMCE y actuar para su desaparición, sino que también busca estimular el debate creativo en el seno de las organizaciones sociales más dinámicas del sector educativo, que permita adoptar una posición de simpatía por las demandas y trabajar por hacerlas posibles. Queremos que las mayorías hablen del propósito de nuestro sistema educativo, y para ello tenemos que sacar los escombros como el SIMCE. Por eso decimos ¡Alto al SIMCE!

 

IVÁN SALINAS BARRIOS Y JORGE INZUNZA HIGUERAS pertenecen al  Colectivo Una Nueva Educación, www.alto-al-simce.org, [email protected]