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La experiencia de autogestión de la Escuela Comunitaria República Dominicana.

Construyendo la escuela con nuestras manos

 

La experiencia de la Escuela Comunitaria República Dominicana de la Villa O´Higgins no ha pasado desapercibida; sin duda los once meses y fracción en los que, quienes trabajamos allí, la mantuvimos en funcionamiento han marcado un precedente en términos de cómo las comunidades educativas se organizan y movilizan para concretar transformaciones sociales.

Si bien esta experiencia parte por la movilización de una comunidad, especialmente madres y apoderadas, ante el cierre del establecimiento educacional en el que estudiaban sus hijos e hijas, en el camino se fue constituyendo como un proceso que buscaba en la práctica de la autogestión la transformación de la escuela y una apuesta por la construcción de una alternativa concreta. Es así que el devenir de la ECRD no puede entenderse sino que dentro del proceso político que se inicia con las movilizaciones estudiantiles. Es que la experiencia de nuestra escuela apela a las demandas por la defensa de la educación, por calidad, gratuidad, participación de los actores sociales, entre otras, que vienen levantando las y los estudiantes secundarios, universitarios, movimientos docentes y parte de la ciudadanía.

por Eric Silva Murgas

 

En relación con lo anterior, en la base de la movilización del República Dominicana podemos ver un proceso de maduración del movimiento social, enfocado principalmente en los procesos de construcción de una conciencia y una identidad a partir de demandas específicas. Es así que podemos entender que el proceso de autogestión de la escuela se divide en dos momentos, un primer momento que denominamos de resistencia al cierre, y un segundo momento al que llamamos de construcción del proyecto pedagógico, enraizado en los proyectos y expectativas de los integrantes de la escuela. Es necesario distinguir estas dos etapas o momentos para comprender el proceso que se ha llevado a cabo dentro de la Escuela Comunitaria República Dominicana.

 

“…en la base de la movilización del República Dominicana podemos ver un proceso de maduración del movimiento social, enfocado principalmente en los procesos de construcción de una conciencia y una identidad a partir de demandas específicas”.

 

LA RESISTENCIA

En el primer momento, el de la resistencia, todas las acciones del movimiento se enfocaban en denunciar y protestar por el cierre del establecimiento y demandar la reapertura inmediata. En este momento todos los requerimientos y movilizaciones se enfocaban en un sujeto determinado, el Alcalde Rodolfo Carter, quien tomó la decisión de cerrar la escuela. Es así que la demanda que se levantaba no tenía un contenido tan profundo y no señalaba, todavía, una identidad. Es en este momento que, a partir del apoyo que prestan estudiantes secundarios, miembros de la ACES, que las ideas de autogestión y control comunitario se van instalando como un discurso permanente. El apropiarse de los espacios, no solo concretamente a partir de la toma, sino también resignificarlos y potenciar su reconstrucción a través del control del proceso pedagógico va asentando un horizonte mucho más profundo en la acción de las madres y estudiantes movilizados. Este horizonte se va fortaleciendo en la medida en que conforma un equipo más estable y organizado en la gestión pedagógica de la escuela, eje fundamental para su funcionamiento. Luego del inicio de las clases, en el mes de marzo, con un tránsito irregular de alrededor de 40 profesores en un mes, las madres solicitan el apoyo del Departamento de Estudios Pedagógicos de la Universidad de Chile, que establece la escuela como centro de práctica. Con la estabilización de lo pedagógico, con un cuerpo regular de profesores, profesoras y profesionales de apoyo se va dando la posibilidad de profundizar en otros aspectos; ya no solo preocupa la resistencia diaria o sobrevivencia de la toma, sino que se va prefigurando un horizonte de acción más amplio, la posibilidad de construir y construirnos de manera distinta, por mano propia.

 

LA PROYECCIÓN PEDAGÓGICA

 

“Esta comunión de subjetividades que fue madurando en la marcha y en el devenir del proceso nos señala la necesidad de apertura de espacios de participación dentro de las escuelas. Instancias de discusión, encuentro y toma de decisiones que vayan más allá de lo que la estructura del sistema escolar señala”.

 

De esta forma va gestándose aquel segundo momento, donde nos vamos dando cuenta de no tan solo la posibilidad de construcción sino de la necesidad de tomar las riendas de nuestra vida y de nuestra escuela. Y es así que nos comenzamos a reunir en torno a la idea de generar un proyecto de escuela propio, construido desde las necesidades, sueños y proyecciones de la comunidad educativa y territorial. Una escuela donde los derechos de los apoderados y los estudiantes no solo fueran el elegir un colegio y recibir información para que se les preste un buen servicio, donde los trabajadores de la educación no vean cómo su labor se vuelve técnica y sin sentido, repetición de un discurso ajeno, sino donde todos ellos son capaces de participar en lo pedagógico, en lo político, en el ejercicio diario como sujetos con voz y capacidad de decisión. A partir de aquella postura es que, entre mayo y noviembre del 2013, trabajamos en la construcción de un proyecto pedagógico que denominamos “Liceo Polivalente Comunitario República Dominicana”, que no solo decantó en un texto que hoy circula por la web, sino que principalmente intentamos construirlo y hacerlo carne diariamente en la práctica pedagógica, en el encuentro dentro y fuera del colegio, en el cariño y el reconocimiento expresado entre los miembros, en la solución de los conflictos cotidianos y en la transformación de nuestras limitantes en posibilidades de acción y construcción de nuestra realidad.

 

    Imágenes cortesía de ECRD

 

El proceso de autogestión mirado desde nuestra experiencia fue una instancia de autoconstrucción, de autoformación de nuestra identidad, de los saberes y de aquellos sueños dispersos de levantar una escuela y de conformar una comunidad. Esta comunión de subjetividades que fue madurando en la marcha y en el devenir del proceso nos señala la necesidad de apertura de espacios de participación dentro de las escuelas. Instancias de discusión, encuentro y toma de decisiones que vayan más allá de lo que la estructura del sistema escolar señala. La experiencia de la ECRD parte del trauma del cierre, pero esa limitante se establece como posibilidad en la medida que se fomenta la organización de los sujetos, aquello es parte fundante del capital político de nuestra escuela.

 

¿UN PROYECTO PELIGROSO?

 

“Ante el concepto de calidad, vaciado de contenido político y hasta pedagógico, se impone la capacidad de los sujetos, la comunidad escolar, de decidir la educación que quieren y el contenido de esa calidad a través de la construcción de proyectos educacionales por propia mano, comunitariamente”.

 

Pero la participación de los actores sociales y el empoderamiento de los sujetos que componen la escuela y el territorio son molestos y peligrosos para la autoridad. Un proyecto como el del República Dominicana pone en cuestión la estructura misma del sistema escolar, uno de sus pilares fundamentales es su extrema jerarquización y verticalidad, en el cual los sujetos tienen una nula participación. Desde los discursos oficiales se les niega los espacios para construir política educativa, desde la práctica cotidiana, desde su memoria, historias y sentidos de vida, en base a argumentos que buscan tecnificar y burocratizar el espacio pedagógico y el sistema escolar. Así se pretende una escuela que deja de ser un espacio de interacción y construcción social y político, para transformarse en un espacio de reproducción donde los sujetos, estudiantes, profesores y apoderados, la comunidad organizada no tiene capacidad de construcción. La Escuela Comunitaria República Dominicana es un ejemplo de autoorganización, en la que no necesitamos de las autoridades para poder pensar y realizar la escuela que queremos.

Ante el concepto de calidad, vaciado de contenido político y hasta pedagógico, se impone la capacidad de los sujetos, la comunidad escolar, de decidir la educación que quieren y el contenido de esa calidad a través de la construcción de proyectos educacionales por propia mano, comunitariamente. De ahí la peligrosidad de nuestra experiencia como un posible germen para la organización, para la generación de espacios de disputa dentro y fuera de las escuelas, un terreno que no está perdido.

El desalojo perpetrado a nuestra escuela comunitaria el miércoles 18 de diciembre del 2013, que vino a romper el dialogo y la discusión de nuestro proyecto educativo, solo da cuenta de que la autoridad, en este caso Rodolfo Carter (UDI), viéndose desbordada y constantemente interpelada, no tiene forma de responder y decide oponerse a este tipo de organización. La fuerza y la violencia son la única respuesta válida contra una comunidad que se levanta, así su forma de atacar estos espacios es sembrando la insidia y fomentando la división de la comunidad estableciendo la escuela como un espacio disputa con las organizaciones sociales y algunas ONG´s. Esto lo logra oponiendo un proyecto pedagógico generado a partir del trabajo de una comunidad por más de 11 meses con uno realizado por un grupo musical que, si bien en su momento ha defendido las luchas populares, hoy presta su prestigio a la estrategia de un alcalde de derecha para fomentar la desarticulación comunitaria.

 

LA COMUNIDAD EN EL EJE PROTAGÓNICO

 

“El 2014 es el año en el que el movimiento social debe apelar a la construcción de los proyectos educativos populares y comunitarios, construyendo la educación que queremos con nuestras propias manos”.

 

Hoy ante el aumento de los cierres de colegios, escuelas y liceos queda en evidencia lo que ya hace mucho tiempo viene siendo denunciado, el sistema de administración municipal solo profundiza la segregación, la desigualdad y la falta de sentido pedagógico en la toma de decisiones. Ante aquello no basta con volver los colegios a la administración del Ministerio de Educación sino que las comunidades, apoderados, estudiantes y trabajadores de la educación, deben comenzar a hacerse parte de la construcción y control de los espacios educativos, diseñando con sus manos la educación que quieren. La lucha venidera es por el dotar de contenido pedagógico-político a las demandas por una educación de calidad, esos saberes y sentidos deberían proceder desde el empoderamiento de las comunidades escolares, de la construcción de espacios de participación y de proyectos pedagógicos y de vida, tanto en escuelas cerradas como en las escuelas, colegios y liceos que aún, a pesar de todo, funcionan dignamente.

El 2014 es el año en el que el movimiento social debe apelar a la construcción de los proyectos educativos populares y comunitarios, construyendo la educación que queremos con nuestras propias manos.

 

Eric Silva Murgas es Profesor de Historia, Geografía y Ciencias Sociales. Coordinador Pedagógico de la Escuela Comunitaria República Dominicana.