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SUPONGAMOS…

Supongamos que el Estado es Estado y no Estado privatizado. Supongamos que la televisión pública no se rige por los patrones del mercado y da cobertura especial a los cambios estructurales que el país necesita y a programas que respondan a interés de los niños  nuestros. Supongamos que el Banco Estado no compite en el mercado con las mismas lógicas de los bancos privados y que tiene en oferta
$ 3000.000.000 en créditos con tasa de interés preferencial del mercado para innovadores culturales y educativos y nuevos emprendimientos. Supongamos las universidades públicas o las universidades estatales con presupuestos propios, y respondiendo a nuevos requerimientos relacionados con la neurociencias, sin necesidad de postular a fondos privados o públicos, así también para desarrollar sus líneas investigativas de manera distinta que las universidades con fines de lucro.

por Jorge Olivo L.

 

Supongamos que las escuelas primarias y secundarias administradas por distintos credos religiosos no segregan a los alumnos, y que seleccionan a los postulantes sin tomar en cuenta el estado civil de sus padres y sin considerar la capacidad de pago, y mucho menos el lugar donde viven. Supongamos que en las escuelas no existe el co–pago, no lucran y son inclusivas. Supongamos que existe la gratuidad universal. Supongamos que las escuelas públicas forman parte del Sistema Local y del Sistema Nacional de la Educación Pública.

 

Supongamos que el SIMCE se ha transformado en un prueba nacional referencial, cada cuatro años y que además de medir conocimientos, mide habilidades, destrezas y a su vez  detecta potenciales talentos. Supongamos que la PSU haya sido cambiada por pruebas diversas que midan competencias correlacionadas con las demandas regionales y nacionales de presente y futuro.

 

UN NUEVO PARADIGMA

 

“Por tanto, debemos conjugar el verbo calidad, en la educación, desde otra óptica, desde la mirada de los niños y niñas de hoy, especialmente centrada en el alumno, con sus nuevas particularidades: hipertextos; hiperactivos; horizontales; tecnológicos; lúdicos; aprendiendo”.

 

 

Empero, los cambios estructurales requieren simultáneamente abordar otro tema que necesariamente hay que abordar: El aprendizaje. Pues, estamos en el siglo XXI, y la comprensión del cerebro o las ciencias del cerebro se han desarrollado, en los últimos veinte años, más que en los últimos 5.000 años. Además, la escuela no es el único ambiente de aprendizaje, existen otros ambientes tan significativos y actualizados como lo que entregan las Tecnologías de la Información y Comunicación vigentes. También el acceso a videos juegos y simuladores no son de uso exclusivo. En pocas palabras, están dadas las condiciones de establecer un nuevo paradigma desde el aprender y un curriculum conectado con cada cerebro.

 

Por tanto, debemos conjugar el verbo calidad, en la educación, desde otra óptica, desde la mirada de los niños y niñas de hoy, especialmente centrada en el alumno, con sus nuevas particularidades: hipertextos; hiperactivos; horizontales; tecnológicos; lúdicos; aprendiendo de los errores y en definitiva, con nuevos diseños y desarrollos neuronales. Se debe considerar el medio ambiente o el aprendizaje situacional, en donde se experimente lo que se aprende, tomando en cuenta todos los ambientes de aprendizajes en que se encuentre. La escuela y los profesores, una vez liberados de las cadenas y candados a que fueron sometidos por las pruebas nacionales, deben cumplir con otros roles y tareas, interviniendo en el curriculum para conectarlo con los entornos regionales y re-encantando la escuela desde la emoción del aprender. Y principalmente, debemos como sociedad concebir nuevos fines de la educación que den cuenta el para qué hemos nacido, apuntando hacia LA FELICIDAD.

 

JORGE OLIVO LILLO es Profesor de Estado de Castellano; Post – título en Administración Educacional; Capacitador; Auditor de Calidad; Magíster en Educación © y Coordinador de Equipos. Actualmente se desempeña en el C.P.E.I.P.