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La Inteligencia de la Naturaleza

 

Se ha hecho creer a la humanidad que ella es la única dotada de inteligencia. Es posible que pueblos más milenarios hayan tenido una concepción muy distinta.
La educación llamada formal ha esclerosado aquella creencia. Los sistemas de enseñanza -es el caso de Chile- no forman personas con un espíritu de averiguación más o menos científico, o, de observar el medio en el que se vive y la naturaleza, con cierto rigor para continuar el aprendizaje. Es una de las falencias del actual sistema de educación que no logra sortear su actual estado de colapso.

 

“Si se han de tomar en cuenta otros modos de vida, que se imiten los buenos ejemplos. El mundo hay que descubrirlo en toda su verdad y dimensión”.

por Carlos Poblete Ávila

 

 

Una enseñanza realmente formativa debe iniciar con los signos señalados desde el primer año escolar del niño, e inclusive antes. Eso exige obviamente contar con educadores adecuados, con una sólida formación pedagógica y muy integral, en otras palabras, verdaderos exploradores del mundo, además de profesionales cultos.

Mucho se esgrime en estos días por personas que postulan distintas soluciones al tema-problema enseñanza, los modelos educativos de naciones desarrolladas. Particularmente el ejemplo de Finlandia. En este país se enseña al niño el respeto a la naturaleza, así los infantes cuando ingresan a un bosque o a un verde prado, lo hacen descalzos. Si se han de tomar en cuenta otros modos de vida, que se imiten los buenos ejemplos. El mundo hay que descubrirlo en toda su verdad y dimensión.

El Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, expresó la frase «inteligencia de la naturaleza » a un grupo de mandatarios, en una Conferencia sobre Paz y Desarme, hace unos años. Comparto plenamente el sentido de aquella expresión. Valga una referencia y a la vez inquietud sobre lo que en Chile se destina a comprar fragatas y aviones de combate, y lo que se invierte en educación y cultura; los abismos son siderales.

La naturaleza tiene leyes propias, obra por sí misma, no requiere de intervención humana. El hombre suele imitarla y no del todo bien. Ha creado los aviones, pero las aves siguen siendo geniales.

La naturaleza es revolucionaria – no reformista – por antonomasia. Las hojas de los árboles caen a la tierra por la suprema ley de gravedad. Sobre la faz de la tierra las hojas no se pudren, se transforman.

De la naturaleza hay que aprender cada día porque es más sabia y no soberbia, ella es creadora de vida.

 

CARLOS POBLETE ÁVILA es Profesor de Estado y Director del Centro de Estudios Conciencia Crítica de Rancagua.