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Un Desafío:
Robustecer el Capital Profesional Docente de una Escuela

 

Un cúmulo creciente de investigación educativa, desde el movimiento de escuelas eficaces, ha ido evidenciando que los buenos docentes marcan una diferencia en los aprendizajes de los alumnos. Pero han sido los informes internacionales (como McKinsey) los que han popularizado una evidencia obvia: “La calidad del sistema escolar no puede exceder a la calidad de sus profesores”. De ahí la importancia de su formación y selección. Los países con los mejores sistemas de educación en el mundo (Finlandia, Singapur y Corea del Sur) logran atraer a la docencia a los estudiantes que se encuentran en el primer tercio de su promoción de graduados. Anteriormente en 2005, un conocido informe de la OCDE sobre cómo el profesorado importa (Teachers Matters) alertaba a los países miembros sobre la necesidad de reclutar y retener a los mejores para la docencia. Unos docentes, con un buen “capital profesional”, pueden conseguir resultados efectivos, junto a otras medidas paralelas en las políticas educativas. De ahí la necesidad de articular políticas de formación del profesorado que, de manera efectiva, logren incidir en la calidad.

Por Antonio Bolívar

 

“El principal activo para transformar la enseñanza en cada escuela es la profesionalidad docente, que se verá potenciada en un contexto de trabajo en equipo”.

 

 

¿Cómo robustecer la profesión docente? Atraer, retener y desarrollar buenos profesores se titulaba el referido informe de la OCDE de 2005. Atraer a los mejores estudiantes de cada generación a estudiar la carrera docente; de otra parte, mejorar la calidad de las carreras que conducen a la enseñanza y, en tercer lugar, unas políticas de formación continua orientadas al desarrollo profesional de los que se encuentran ejerciendo. Un relevante libro de Hargreaves y Fullan (Capital profesional. Transformar la enseñanza en cada escuela) presenta un enfoque nuevo para fortalecer la profesión docente y la mejora de la educación, acompañado de un conjunto coherente de acciones que habría que tomar para poner en práctica y hacer sostenible esta perspectiva. El principal activo para transformar la enseñanza en cada escuela es la profesionalidad docente, que se verá potenciada en un contexto de trabajo en equipo. El “capital profesional” de excelentes docentes, formando una comunidad profesional de aprendizaje, es el principal activo para transformar la enseñanza. Al igual que el capital humano individual se ve potenciado cuando existe un capital social cooperativo.

El “capital profesional” como concepto se compone de “capital humano” (conocimiento y competencias de la profesión), “capital social” (interacciones y relaciones sociales) y el “capital decisorio” (capacidad para hacer juicios por una práctica reflexiva). El capital profesional está en función de estos tres tipos de capital, si falta alguno se irá agotando. A su vez, se ve potenciado cuando la escuela construye la capacidad para funcionar como una comunidad profesional de aprendizaje, como hemos aprendido tanto de las “organizaciones que aprenden” como de las llamadas “culturas de colaboración” o “comunidades de práctica”. Por eso, potenciar una profesionalidad interactiva, al incrementar el capital social de la escuela se ha constituido en una vía privilegiada para la mejora escolar.

El cambio y la mejora educativa, actualmente, requiere centrarse en el desarrollo del capital profesional de los docentes como personas, equipos, y como profesión. Construir una visión colectiva y situar los objetivos prácticos, creación de culturas de colaboración, altas expectativas de niveles de consecución y proveer apoyo psicológico y material al personal, son otras tantas dimensiones de estas funciones transformacionales.

 

RECULTURIZAR LAS RELACIONES

 

“Contar con políticas orientadas a mejorar la competencia profesional del profesorado es un instrumento decisivo para la mejora de la calidad de los sistemas de educación y formación”.

 

Partiendo de una realidad donde domina el solipsismo docente, ¿qué hemos de hacer para cambiar dicha cultura. Hargreaves y Fullan (2014: 135) proponen:
“Lo que uno cree (la sustancia de una cultura) está profundamente influenciado por nuestras relaciones con quien lo cree o no (la forma de la cultura). Si se cambia la forma de la cultura (las relaciones entre las personas), hay bastantes posibilidades de cambiar también su contenido”.

En fin, se trata de “reculturizar” las relaciones profesionales interviniendo en la organización escolar, de modo que sea posible acercarse a hacer de la escuela una comunidad profesional.  Para  transformar las culturas de las escuelas se han de rediseñar los lugares de trabajo, alterando los roles y estructuras, que incrementen –conjuntamente– la profesionalidad del profesorado y el sentimiento de comunidad. Al respecto tiene su papel clave el liderazgo, siempre que se sitúe bien dentro del conocimiento y planteamiento actual.

Si muchas reformas intentadas han fracasado, en su lugar, se debe apostar, de modo progresista, por la estrategia que puede funcionar: mejorar la profesión de la enseñanza, rediseñando un nuevo modo de ejercer la docencia. Contar con políticas orientadas a mejorar la competencia profesional del profesorado es un instrumento decisivo para la mejora de la calidad de los sistemas de educación y formación. La nueva misión de educar, de modo equitativo con los niveles máximos de consecución, a todos los estudiantes, en una población crecientemente desigual, diversa y multicultural, exige una enseñanza más individualizada, lo que plantea nuevos retos a la formación inicial y a las Instituciones de Formación.

Ahora que Chile está inmerso en una amplia reforma educativa, que incluye un nuevo diseño de la carrera docente y del ejercicio profesional, conviene tener presente lo que Hargreaves y Fullan afirman en el último párrafo del referido libro: “podemos considerar la enseñanza como una inversión a corto plazo del capital empresarial (business capital) y financiar el presente hipotecando el futuro de nuestros hijos. O podemos hacer de la enseñanza una inversión sostenible para el capital profesional y dar origen a un mundo de ganancias felices en el futuro. La responsabilidad nos pertenece a todos”.

 

 

ANTONIO BOLÍVAR es Catedrático de la Universidad de Granada (España).