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Educar Fantasmas

 

Alrededor de 1.716 alumnos fantasmas fueron detectados en colegios subvencionados durante el año 2012 en un operativo de fiscalización que aún no da con la cifra completa.
Un aumento del 115% de alumnos fantasmas, que juntos, con uniformes y mochilas, hacen un Colegio completo. Un gran colegio fantasma subvencionado por el Estado.

por Juan Pardo S.

 

Dado que las leyes se adaptan al mercado y no el mercado a las leyes, y que la concepción educativa chilena se rige por reglas del mercado, frente a la estremecedora realidad cabe preguntarse ¿qué educación generar para este tipo nuevo de “estudiante”?

¿Qué tipo de curriculum educativo impartirles? ¿Cómo medir y evaluar su rendimiento? ¿Cómo mejorar sus competencias? ¿Cómo trabajar sus habilidades? ¿Docentes fantasmas para alumnos fantasmas? ¿Docentes con contratos fantasmas para alumnos inscritos de manera fantasmal?

Los ribetes fantásticos, y que evidencian un tal grado de corrupción en la administración educativa, no son parte de la ironía. Son el extremo de un sistema educativo que ha sido convertido en objeto de mercadeo de niveles surrealistas.

Realismo mágico, dirá usted, subyugado por su propia imaginación y le darán ganas de escribir una historia, y si tiene algo de pluma hasta se puede ganar un premio en un concurso de literatura de ciencia ficción.

Lo terrible es que es cierto. Ocurre en Chile. Las mediciones son actuales. La crisis de la educación es aquí y ahora, aunque se arrastre hace varias décadas.
Los colegios reciben por esos alumnos fantasmas subvenciones reales, que significan ingresos reales, en moneda real.

Tras las fiscalizaciones, el Ministerio decidió adoptar como medida de sanción multas a los colegios que incurran en estas “situaciones anormales” –así las califica el organismo gubernamental de Educación, y parece que nos acostumbramos a no sorprendernos.  Las multas van desde 0,5 UTM, hasta las 1.000 UTM (cerca de $ 41 millones) para las faltas más graves.

Haga cuentas… Paralelamente en nuestro país aumenta el número de colegios subvencionados y disminuye la inversión en educación pública.

Números fantasmas que se convierten en ganancia inmediata para el comercio educativo. Números -y no valores- rigen el modelo de educación entronizado. El máximo absoluto de la plusvalía está en este oscuro ejemplo de irresponsabilidad y negligencia que precisamente recae en las instituciones educativas del país que reciben fondos del Estado por cada alumno/a inscrito/a.

Quizás en un futuro terrorífico, los estudiantes fantasmas tengan beneficios adicionales, ingresen a la educación superior, reciban becas, decidan ser educadores fantasmas o se sienten en las aulas de la academia a proyectar un país fantasma donde los derechos fantasmas carezcan de absoluta realidad. Mientras tanto, los profesores contratados en esos establecimientos, deben hacer “como si nada” y sumarán a sus numerosas exigencias educativas la inverosímil tarea de educar a quienes no existen.

 

JUAN PARDO S. es Profesor de Educación Básica (Puente Alto).