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Sobre la Educación

 “Por la ignorancia se desciende a la servidumbre, por la educación se asciende a la libertad”. (D.L.C)

 

A propósito de la educación en Chile, un antecedente no menor dice relación con el hecho de que desde la época de los virreinatos los grupos familiares con mayores recursos eran los que podían educar a sus hijos. Y eso es algo que aún persiste.

Si nos remontamos un poco más de cien años en la historia de nuestro país, veremos que todos los colegios, que administraba la iglesia católica, eran pagados. Y eso, porque los hijos de los pobres, los hijos de obreros y campesinos, los huachos y todo aquel que nacía cargando algún estigma social no tenía, lisa y llanamente, derecho alguno a optar por la educación.

por Fabián Yévenes

 

De alguna forma, algo ha variado el panorama y los hijos de los pobres o menos afortunados, desde el punto de vista económico, en la actualidad tienen la posibilidad de recibir enseñanza en colegios menos afortunados también, que deben adaptarse a su vez de acuerdo con los montos que les asigna el Estado mediante una suerte de “beneficencia” que la mayor parte de las veces resulta enteramente insuficiente. De ahí entonces el distingo odioso y clasista de una educación pública versus una educación privada, por supuesto, con mayor estatus, abolengo, clase y un nivel muy superior en cuanto a la calidad de la enseñanza que entregan.

 

 

FALTAN LÍDERES DE VERDAD

Al margen de las consideraciones anteriores, creo que el problema pasa por un hecho mucho más profundo y que dice relación con el empobrecimiento del propio ser humano, de su espíritu, de sus ganas, de sus sueños y anhelos. Los jóvenes de hoy (no todos, afortunadamente, pero son poquísimos los que se salvan) no traen consigo banderas de lucha con propuestas incluidas. Eso sería lo mejor, lo óptimo. Lo otro es pura fanfarria, manifestaciones vacías de inconformismo y rebeldía medio paralítica. Faltan líderes de verdad y de los buenos. Ya estamos cansados de los psudoanarquistas que hablan como portadores de la voz del pueblo, pero que a la primera oportunidad se dan vuelta la chaqueta o dejan de atender las mismas demandas por las cuales hace unos años “lucharon encarnizadamente”.

 

“De ahí entonces el distingo odioso y clasista de una educación pública versus una educación privada, por supuesto, con mayor estatus, abolengo, clase y un nivel muy superior en cuanto a la calidad de la enseñanza que entregan”.

 

Sería bueno también que los cabros se dieran cuenta de que esta cosa es en serio. Es el tiempo exacto para luchar por los sueños, por revisarse un poquito por dentro y tratar de entender que la vida es un mucho más seria que pasarse todo el día despegado pensando en los amigos, en las pololas, en los carretes, en el reguetón, en el copete, el pitito y las pelás. Todos conocemos el drama de los hogares pésimamente constituidos, pero no nos refugiemos en echar la culpa a los demás, a la ineficiencia de muchos padres que sólo vienen en heredar malos hábitos a sus hijos. Y no le pasen tampoco toda la cuenta a los profesores.

Ellos, desgraciadamente, son parte de un sistema perverso que los tiene hasta más arriba de la tusa, sin esperanzas de vislumbrar un mejor pasar en un futuro próximo. Son ellos, a quienes el gobierno de turno les exige más de un 70 por ciento del total de horas por las que fueron contratados de permanencia frente a los grupos curso; son ellos los que cada fin de mes reciben una migaja del erario nacional que viene a representar su salario, su sueldo, las luquitas que se les hacen sal y agua cuando las reciben. Todo está muy podrido.

 

DUDAS Y SOSPECHAS

 

“Estamos en el mundo al revés, señoras y señores, y es aquí donde el ladrón sale corriendo detrás del juez”.

 

Yo no le tengo mucha fe al sistema, ni a la Administración de turno en estos temas. He de confesar que tampoco creo mucho en los estudiantes. No les veo las ganas, ni el esfuerzo que tuvimos en generaciones anteriores, cuando nos criamos al amparo de la pobreza, bajo los dictámenes de una dictadura, con una niñez y juventud mutiladas. No, señores. Soy muy pesimista respecto de ellos.

Comprendo el esfuerzo y la desilusión del profesorado, y me parece poco digno culparlo de los malos resultados de los alumnos, aun cuando los haya buenos y malos (como en muchos otros ámbitos) en el ejercicio de la labor docente. No hay respeto hacia ellos, ni de parte de los estudiantes ni de sus apoderados, quienes muchas veces llegan a los colegios, escuelas o liceos, a agredirlos por una mala nota o algún tipo de sanción que se le haya impuesto a su hijo.

Estamos en el mundo al revés, señoras y señores, y es aquí donde el ladrón sale corriendo detrás del juez.

Este es mi Chile lindo, que por estos días anda más preocupado de la selección de fútbol que del futuro de sus hijos y de la tierra que estos habrán de heredar.
Ojalá haya esperanza y que tal como decía Chesterton ocurra algún milagro.
Yo tengo mis dudas y unas cuantas sospechas.

Pero con puro gritar y cargar cartelitos por las calles, no se va a solucionar nada.
Ustedes, los que están donde las papas queman, son los llamados a alzar la voz por una mañana mejor para todos los niños y jóvenes de esta tierra nuestra.
¡Aún hay patria, ciudadanos!, dijo el otro. Y aquí, aún habemos millones de chilenos y chilenas. Y se lo digo con todo afecto y cariño al respetable público que me lee desde las graderías.

¡Vamos, que se puede!

 

FABIÁN YÉVENES estudió Pedagogía en la Universidad Católica de Valparaiso. Se desempeña como Redactor en el Congreso Nacional. Vive en Valparaíso.