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La Guerra del Pacífico:
Discursos de Odio en la Escuela

 

La valoración a la diversidad cultural es primordial en la escuela de hoy; las prácticas docentes deben apuntar a discursos integradores y respetuosos frente a contextos de diversidad cultural; y los contenidos curriculares, como la Guerra del Pacífico, deben ser asumidos bajo una lógica de respeto hacia los pueblos vecinos, sin anteponer creencias de nacionalismo exacerbado frente a temáticas tan polémicas como esta.

El presente texto tiene como objetivo reflexionar en torno a una temática presente en algunas aulas de nuestro sistema escolar. Sin darnos cuenta, muchas veces los docentes caemos en prácticas que no promueven la diversidad cultural. ¿Tenemos algún tratamiento cuidadoso para abordar la Guerra del Pacífico, y por consecuencia, el día de las Glorias Navales en nuestras aulas? ¿Somos promotores de un discurso que acoja a estudiantes de países hermanos avecindados en Chile?

Esta reflexión nace a consecuencia de una frase utilizada un veintiuno de mayo, donde se aseveraba que “los peces del mar eran chilenos” y obligaba a niños de nacionalidad peruana a cantar “Brazas a ceñir”. Situación curiosa y preocupante frente a una comunidad con un gran número de niños inmigrantes peruanos.

por Millaray del Rosario Lino Tobar

 

NACIONALISMOS VERSUS DIVERSIADAD CULTURAL

 

“…la escuela ha de transformarse en un espacio en donde se abandonen estos discursos excluyentes, que en el porvenir podrían ser la validación de actos tan discriminatorios e inhumanos como el tráfico de niñas para su utilización en labores domésticas”.

La RAE define “nacionalismo” como una ideología que atribuye entidad propia y diferenciada a un territorio y a sus ciudadanos, y en la que se fundan aspiraciones políticas muy diversas”. Explica “inmigrar” como llegar a otro país para establecerse en él, especialmente con la idea de formar nuevas colonias o domiciliarse en las ya formadas. Precisa en “discriminación”, el acto de dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales (…). Por su parte la Unesco (2006)  define “diversidad cultural” como “el conjunto de interrelaciones entre culturas que están destinadas a regenerarse gracias a sus propias capacidades de diálogo y apertura”.

Frente a la anécdota presentada en la introducción, y hoy con el afán de reflexionar en torno a este episodio particular, es que se hace importante revisar fragmentos del reglamento de convivencia actual de aquella escuela. Lo anterior,  para tener elementos válidos que den cuenta de un uso excesivo del nacionalismo que amenaza la diversidad cultural.

La misión de esta escuela apunta a: “colaborar en la labor formadora de niños y niñas sin exclusión (…) con énfasis en el valor de la tolerancia como eje de una convivencia sana”; “con la visión de una convivencia respetuosa y tolerante frente a la diversidad (…)”; donde los principios rectores en el marco de las normas establecidas por el ministerio de educación son: todos los actores de la comunidad educativa son sujetos de derecho, convivencia democrática y construcción de la ciudadanía en la institución escolar, convivencia escolar es un ámbito de consistencia ética, respeto y protección a la vida pública y privada, y a la honra de la persona y su familia” (Manual de convivencia, 2012, p. 3). Estas ideas se contradicen al practicar discursos de odio, como los expuestos, que atentan contra la condición de inmigración de sus alumnos.
Claramente, es posible vislumbrar que este discurso demuestra en sus líneas una incitación al odio de forma indirecta basada en la intolerancia (…) manifestadas mediante un nacionalismo y etnocentrismo agresivo, la discriminación y hostilidad contra (…) los inmigrantes y las personas de origen inmigrante (Rotger, 2012, p-2-3).  Frente a esta panorámica, la escuela, y todos los participantes de la comunidad educativa, deben tener plena conciencia de quiénes componen su comunidad.

Según una investigación (Páez, 2012), “la niñez inmigrante peruana en el año 2007 alcanzó 58.433 entre niños y niñas”. Además realiza una mirada crítica a la feminización de la inmigración infantil entendiendo esta acción como una futura labor de “nanas” por parte de las niñas de este grupo social. En vista y considerando estos elementos tan consternadores, es que la escuela ha de transformarse en un espacio en donde se abandonen estos discursos excluyentes, que en el porvenir podrían ser la validación de actos tan discriminatorios e inhumanos como el tráfico de niñas para su utilización en labores domésticas.

 

 

LA ESCUELA, UN ESPACIO COMPLEJO

 

“La labor docente es más que un trabajo reproductor, y bajo esta realidad tan presente en nuestras aulas, es que debemos ser promotores de discursos que integren una mirada más amplia que la de nosotros mismos”.

 

Ya sabemos que la escuela es un espacio complejo. Esto es consecuencia no solo de los diferentes proyectos educativos que implica nuestro sistema, sino también la normativa legal que rige nuestra educación, a través de las bases curriculares. En ellas es posible leer que un objetivo central dentro de la asignatura de Historia, Geografía y Ciencias Sociales radica en que los alumnos “comprendan su cultura, se apropien de ella y participen en su construcción” (Bases curriculares, 2013) ¿Cómo aplicamos lo anterior en un aula en donde las culturas son variadas y a veces incluso polarizadas entre sí, a causa de un conflicto político y económico sucedido en un siglo pasado?

En el texto “La escuela y la guerra del pacífico” (2013), sus autores sostienen que “la práctica docente en relación a la guerra de 1879 (…) es excluyente y hegemónica, que fomenta la exaltación del concepto de patria transferido a los estudiantes como una expresión del nacionalismo estatal, sosteniendo a la asignatura de historia como generadora de la nacionalidad, (…) como una manifestación microfísica del poder. Todo lo anterior en miras de reafirmar la identidad nacional, adscribiendo héroes patrios, lo que confirma que, muchos de los estudiantes de esas aulas ricas en diversidad, serían excluidos a causa de una mala interpretación de hechos históricos, pero si expuestos a la reproducción de discursos de odio frente a nuestros vecinos fronterizos.

¿Somos docentes reproductores de discursos que excluyen a nuestros estudiantes? ¿Son meramente creencias personales o son consecuencia de una asimilación y mala interpretación del concepto de identidad nacional? ¿Somos conscientes que nuestros saberes leen la realidad, la interpretan y luego son traspasados a nuestros estudiantes sin necesariamente ser lo que pensamos? La labor docente es más que un trabajo reproductor, y bajo esta realidad tan presente en nuestras aulas, es que debemos ser promotores de discursos que integren una mirada más amplia que la de nosotros mismos.

La diversidad cultural  dentro del aula implica empatía, solidaridad entre los pueblos y por sobre todo respeto más que tolerancia. Ser promotores de paz y cohesión social favorece a nuestra escuela y le entrega nuevos elementos para interpretar la realidad, para leer la historia y comprender el pasado, por lo tanto para prepararnos para un futuro próspero.

 

MILLARAY DEL ROSARIO LINO TOBAR es Profesor(a) de Educación General Básica con especialidad Mención en Ed. De Adultos. Este artículo corresponde a un trabajo realizado para el Módulo de Competencias Comunicativas del Postítulo de Especialización en Lenguaje y Comunicación del Programa de Educción Continua de la Universidad de Chile.