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Sentidos y Nociones de Justicia en Prácticas de Crianza

Sara María Gómez Ramírez/ Estefany González Reinosa/ Catalina Osorio Zapata/ Carolina Restrepo Álvarez (Medellín-Colombia)

 

El presente artículo, fundamentado en los desarrollos conceptuales sobre el desarrollo moral del niño, hechos por Piaget (1977), aborda cómo se configuran los sentidos y nociones de justicia a partir de las prácticas de crianza impartidas a los niños y niñas entre 4 y 8 años del Ceparcito (jardín infantil del Centro y Formación para la paz – CEPAR, Medellín), en la interacción con su familia, cuidadores y medios de comunicación. Esta propuesta investigativa se realizó desde el paradigma cualitativo, el cual consiste en comprender y describir hechos, situaciones y emociones de una población. El trabajo consistió en talleres interactivos, a partir de la presentación de uno de los programas favoritos de televisión de los niños hoy: Peppa Pig, con base en el cual se indagó sobre las nociones de justicia que estos adquieren en su contexto cotidiano. En los hallazgos obtenidos se evidencia que los niños y las niñas no están interiorizando la norma, de forma que les permita adquirir una autonomía subjetiva e incorporar los límites del respeto y reconocimiento de la autoridad y norma social. Con este proceso se concluye, que las prácticas de crianza deben ligarse a factores emocionales que posibiliten una introyección adecuada de la norma como factor que posibilita la interacción social.

 

Presentación

Este artículo identifica las nociones de ley y prácticas de justicia utilizados por niños y niñas entre 4 y 8 años de edad, del Ceparcito (jardín infantil del Centro para la paz y la reconciliación CEPAR- Medellín), a partir de la socialización con sus referentes educativos: familia, maestros, cuidadores y medios de comunicación.

Desde esta concepción, este artículo se fundamenta desde el criterio moral en el niño, concepto trabajado por Jean Piaget (1977), el cual está enfocado en el juicio moral y las nociones de justicia que adquieren los niños y las niñas a partir de la interacción con sus pares y adultos de su entorno inmediato.

De esa forma es fundamental acceder a los conceptos de prácticas de crianza en contexto y las nociones de justicia que desde la interacción diaria con los niños y niñas se imparten en la convivencia familiar y escolar. Por ello es importante trabajar con los niños desde sus propios contextos, cómo están viviendo e incorporando este proceso tan fundamental para su construcción subjetiva como seres sociales parte de la cultura.

 

Desarrollo Conceptual

Desde esta concepción, se fundamenta el aporte conceptual, sobre el criterio moral en el niño, trabajado por Piaget (1977). Concepto que este autor enfoca en el juicio moral y las nociones de justica que adquieren los niños y las niñas a partir de la interacción con las personas adultas significativas y sus pares en su contexto cotidiano.

Piaget (1977) en esta línea, hace referencia a lo siguiente:

Existen dos nociones distintas de la justicia. Se dice que una sanción es injusta cuando castiga a un inocente, recompensa a un culpable o, en general, no está graduada en proporción exacta al mérito de la falta. Se dice, por otra parte, que una distribución es injusta cuando favorece a unos a expensas de los demás. En esta segunda acepción, la idea de justicia no aplica más que la idea de igualdad. En la primera acepción, la noción de justicia es inseparable de la sanción y se define por la correlación entre los actos y su distribución. (p. 169)

Así, este autor plantea dos tipos de justicia, la retributiva y la distributiva, la primera indica que de acuerdo a la falta cometida, se debe impartir una sanción proporcional al culpable para reparar el daño ocasionado, los niños más pequeños se arraigan a este tipo de justicia y considerando más apropiada. Por otra parte, está la justicia distributiva en la que impera más la igualdad, busca llevar al niño a comprender las consecuencias de sus actos, por medio de una explicación, sin necesidad de una sanción. Los niños mayores, optan más por ésta justicia y piensan que de este modo, se reflexiona y no se reincide.

De acuerdo con esto la justicia se puede mirar desde la retribución y la distribución, donde la primera se da según la falta cometida, así debe ser la sanción proporcionada y en la segunda debe imperar la igualdad, así no se castigue el culpable. Desde el desarrollo del criterio moral, la justicia retributiva es la primera noción que los niños adquieren desde sus experiencias de socialización con los adultos y con sus pares. La razón por la cual se da esta justicia en primera instancia es porque los referentes de justicia que los niños y niñas van construyendo, son trasmitidos por parte de los adultos significativos: padres, maestros, cuidadores, basados en elementos heterónomos, es decir, que están sujetos a un poder externo que en principio en la infancia, no permite el desarrollo de la voluntad subjetiva, por lo cual los niños en estas etapas de desarrollo, son incapaces de formar sus propios juicios morales, debido a que están bajo la influencia dominante de sus adultos.

 

 

Por lo tanto, es fundamental generar una conciencia propia en los niños y las niñas, a partir de una relación empática y de confianza, establecida por parte de las personas adultas hacia los niños, porque si no hay una buena relación de empatía del adulto con estos, será complicado interiorizar las normas, siendo así, se establecería una presión moral desde el adulto más no una cooperación entre las dos partes, que dé cuenta de la autonomía subjetiva del niño. Entonces, de acuerdo al vínculo que se establezca entre estos dos, que se procura porque sea seguro y fuerte, generará en los niños y las niñas una autonomía que les permita tomar decisiones asertivas en cuanto al actuar, frente a las normas y reglas establecidas en la sociedad. De esta manera Piaget (1977) expresa que:

La mente del niño o la niña necesita crear una conciencia acerca de las normas. Pero la toma de ésta, no es una operación simple, debido a que se encuentra ligada a una serie de condiciones psicológicas. Al individuo por si solo se le dificulta esta toma de conciencia y, por lo tanto, no logra constituir unas normas propiamente dichas. La socialización es necesaria para posibilitarle al sujeto tomar conciencia del funcionamiento de las normas que deben adquirirse para establecer relaciones en los diferentes contextos, pues la conciencia de sí mismo implica una confrontación continua del yo y el otro (p.337).

En este sentido, hablando de justicia, para que los niños y las niñas configuren las nociones de lo justo e injusto, es necesario que se establezca un vínculo de respeto mutuo y solidaridad con el otro, muchas veces estas nociones son impuestas desde el adulto y no producto de la conciencia propia del niño y la niña. De acuerdo con esto, Piaget (1977) afirma:

La autoridad del adulto como tal no puede ser fuente de justicia, porque el desarrollo de esta supone la autonomía. Esto no significa, naturalmente, que el adulto no tenga nada que ver con el desarrollo de la justicia, incluso de la justicia distributiva. En la medida en que practica la reciprocidad con el niño y en que predica con el ejemplo y no con las palabras, ejerce, aquí como en todas partes, una enorme influencia. Pero el efecto más directo del ascendiente adulto es, como demostró Bovet, el sentimiento del deber, y se da una especie de contradicción entre la sumisión que exige del deber y la autonomía total que supone el desarrollo de la justicia (p. 267).

 

Metodología: Conversando con los niños y niñas acerca de nociones de ley y de justicia

El acercamiento y desarrollo de la propuesta de investigación se abordó desde el paradigma cualitativo, el cual consiste en analizar, reconocer e identificar la información, para luego comprender, describir hechos, situaciones y emociones de una población, con un carácter creativo y dinámico. Se optó por dicho paradigma, debido a que éste proyecto investigativo está dirigido a comprender los sentidos y nociones de justicia que adquieren los niños y niñas de 4 a 8 años del Centro de formación para la paz y la reconciliación (CEPAR), a partir de la socialización con sus referentes educativos (familia, maestros, cuidadores y medios de comunicación).

El trabajo hecho con los niños y niñas del Ceparcito fue a través de técnicas interactivas de participación grupal, en este caso se empleó medios audiovisuales. Según Ghisso (2010), las técnicas interactivas son dinámicas que permiten la participación y facilitan la comunicación sobre un tema específico (p. 538). En nuestro caso permitieron que los niños expresaran sus percepciones sobre cómo viven y cómo se sienten tratados en su contexto inmediato (casa y escuela).

Desde esta técnica, se optó entonces por trabajar con uno de sus programas favoritos de televisión: “Peppa Pig”, por medio del cual desde los talleres con los niños, nos permitió conversar y generar reflexiones acerca de las nociones y prácticas de justicia que van adquiriendo los niños y las niñas. Está técnica se implementó, debido a que es difícil abordar literalmente este tipo de asuntos, por lo tanto, se tomó varios capítulos de dicho programa, al cual, se le colocaron varios interrogantes para recopilar información en la que se vivenciara la justicia.

Se empleó entonces, un enfoque hermenéutico, porque desde este, el investigador comprende e interpreta sentidos de una población con respecto a, haciendo un reconocimiento por lo multicultural, teniendo en cuenta la diferencia. Esto es precisamente lo que se hizo, debido a que se observó, interpretó y comprendió en la medida de lo posible a cada niño y niña, desde sus particulares experiencias y relaciones con sus referentes educativos.

En síntesis se hizo, con la aplicación de las técnicas investigativas: observación, revisión documental y taller, una observación que se apoyó de instrumentos como los diarios de campo, en los que se plasmó comentarios acerca de experiencias personales, actitudes de los niños y las niñas. El taller con los niños se hizo en dos intervenciones con el programa mencionado anteriormente. Es importante señalar que antes de entrar a trabajar dichos talleres, se hizo una revisión documental, aproximadamente de 40 capítulos de este programa infantil, con el objetivo de recopilar y analizar contenidos donde se vivenciara la justicia.

De esta manera se tenían elementos para escuchar objetivamente las opiniones y percepciones de los niños y las niñas frente a lo que allí sucedía, identificando cómo concebían dichas nociones. Estos talleres, tenían como propósito conectarse con los sentidos de los niños y las niñas para establecer una conversación con ellos, de forma adecuada para su edad de 4 a 8 años; de esa forma, fue importante explorar agentes de socialización, como los medios de comunicación para establecer relatos con ellos. A partir de los talleres de Peppa Pig, se obtuvo información relacionada con la interacción que establecen los niños y las niñas, tanto con la familia como con los maestros.

Los talleres interactivos abordados en este trabajo con los niños y niñas del Cerparcito Medellín, se realizaron bajo la aprobación y consentimiento de sus padres y con el aval institucional, en tanto que son sujetos niños de derecho y protección.

 

Resultados

Con base en los capítulos de Peppa Pig presentados a los niños en los talleres realizados con ellos, se puede observar que, la forma en que estos niños y niñas son sancionados en la casa no les está representando una interiorización de la norma donde ellos puedan irse convirtiendo en sujetos morales, que incorporan los límites del respeto y reconocimiento de la autoridad y de las normas sociales; pues es común que estos niños en sus respuestas sobre qué piensan o cómo entienden las sanciones y castigos que sus padres o cuidadores les imparten, respondan lo siguiente:

“me pegan con una correa cuando no hago caso, hay que hacer caso para que no me peguen” y al preguntarle si después de ser sancionado vuelve a hacer lo mismo, respondió: “no vuelvo a hacerlo, porque me vuelven a pegar” (Taller interactivo con niños – Ceparcito).

Con respecto al anterior comentario, puede decirse que éste niño no reincide en las faltas por miedo a recibir de nuevo una sanción severa como lo es la agresión física, pero no porque esté aprendiendo del castigo.

Otro tipo de respuestas obtenidas, a partir de la misma pregunta fueron:

“me pegan duro con una correa de cuero mojada”, luego se le preguntó si le parecía bien este tipo de sanción y responde “no me gusta, es mejor que me hablen”, además se le preguntó si después de ser corregido con la correa repetía sus faltas, respondiendo “a veces vuelvo a mentir, y otras no, para que no me peguen, porque es por lo que más me pegan” (Taller interactivo con niños- Ceparcito).

Según lo manifestado por éste niño, se percibe nuevamente un tipo de sanción expiatoria, punitiva, pero al contrario del caso anterior, este si reincide en la falta cometida. Piaget (1977) expresa frente a esto lo siguiente:

Para los niños la sanción consiste en castigar, en infligir al culpable un dolor lo bastante fuerte para hacerle sentir la gravedad de su falta. Por lo tanto, el castigo más justo es el más severo. Cuando los niños, principalmente los de más corta edad, imaginan el castigo que hay que dar, recurren casi siempre a la sanción expiatoria e incluso su elección es de una severidad notable. Se limitan a pensar en castigos arbitrarios. Así: los niños hablan del castigo de acuerdo a su evolución, con respecto a la edad; los más pequeños consideran que no castigar al culpable severamente, es algo no justo, y que sin castigo, el otro reincide. Los mayores por su parte, piensan que con la explicación que apele a la reciprocidad, sin acompañar el diálogo de castigo, es suficiente para que no se reincida en la falta (p.178 y184).

 

 

En este sentido se nota una inmadurez cognitiva en la forma de concebir la justicia y la sanción en nuestro contexto, porque tendemos a ser punitivos y expiatorios en las formas de poner el límite y buscar una sanción social.

De esta manera, al indagar sobre la autoridad que ejercen sus padres, se percibe que estos son autoritarios y tienen prácticas de crianza poco apropiadas, agrediendo a sus hijos físicamente. Confirmando la reflexión anterior. En este sentido, uno de los niños a quien se interrogó dijo lo siguiente:

“mi mamá nos pega con un cable del televisor” y continua diciendo: “a veces se me olvida la pela y vuelvo a manejarme mal” (Taller interactivo con niños-Ceparcito).

A partir de los comentarios se evidencia que, él niño a pesar de ser sancionado de manera arbitraria, reincide en las faltas y no reflexiona sobre sus actos; esto debido a que hay ausencia de explicación por parte del adulto, imposibilitando la interiorización de la norma y el desarrollo moral adecuado en el niño.

Reiterando, de acuerdo con las respuestas arrojadas por los niños y niñas, en relación a la sanción y a la autoridad ejercida por parte de las familias, se evidencia que la mayoría de ellos reinciden en las faltas, puesto que, no hay una interiorización de las normas, a causa de la ausencia de una explicación asertiva acerca de los actos cometidos, aún falta diálogo dentro de las familias y expresiones de afecto que demuestran cambios en las concepciones de los adultos hacia los niños como personas, sujetos de derecho.

Sin embargo los niños y niñas hoy están en la capacidad de expresar e inclusive de reflexionar sobre su desacuerdo con el tipo de sanciones y de maltrato al que aún son expuestos por parte de sus figuras significativas, en general afirman que preferían que sus padres utilizaran el diálogo, acudieran más al afecto y a la comprensión.

Según Piaget (1997), al respecto:

Lo que ocurre es que no es nada fácil saber qué castigos hay que dar a los niños para que sean justos. Existen dos tipos de reacciones frente a la sanción. Para unos, la sanción es justa y necesaria; es tanto más justa cuanto más severa es; es eficaz porque el niño debidamente castigado sabrá cumplir mejor que otro su deber. Para los demás, la expiación no constituye una necesidad moral; entre las sanciones posibles, las únicas justas son las que exigen una reparación o que hacen soportar al culpable las consecuencias de su falta o también las que consisten en un tratamiento de simple reciprocidad; finalmente, fuera de estas sanciones expiatorias, el castigo como tal, es inútil, y la simple censura y la explicación son más provechosas que el castigo (p. 170)

En los talleres en el Ceparcito – Medellín, se observa que el primer tipo de reacción es más frecuente en los pequeños, estos consideran que por medio del castigo, no se vuelve a cometer la falta, aún creen de forma concreta, que el castigo venido del otro, es lo que repara su falta. El segundo tipo de reacción se observa en los mayores, quienes conciben ya el castigo como innecesario, piensan que con la simple explicación, no se repetirá el delito o la falta y ya pueden de manera más formas, cuestionar la función y desfases de autoridad.

Otro aspecto que se indagó, fue el referente a cuáles son esas nociones de justicia que tienen los niños y las niñas desde el contexto educativo, por lo cual, se hizo durante los talleres realizados, la siguiente pregunta: ¿cuándo algún compañero lo golpea, usted qué hace?, obteniendo de varios la siguiente respuesta: “lo disculpo y le pongo la queja a la profesora y también a mi mamá”, otras niñas expresan, “no les pego si me pegan, porque los niños son muy agresivos, y yo le digo a la profesora siempre”, “si me pegan, yo no pego y le digo a la profesora para que los castiguen”. (Taller interactivo con niños- Ceparcito).

Como puede observarse, estos niños no toman la justicia por su propia cuenta, sino que se apoyan en su maestra y familia. Piaget (1977) al respecto opina: Ya que los niños más pequeños consideran que hay un medio más legítimo y al mismo tiempo más eficaz de obtener una reparación: apelar al adulto (p. 232).

Sin embargo con la misma pregunta, una niña mayor que los niños anteriores responde de la siguiente manera: “cuando mi hermano me pega yo también le pego a él y me parece justo porque si él me pega bien duro yo también le pego duro”. (Taller interactivo con niños-Ceparcito).

Según este comentario, entre otros, se está haciendo alusión a la justicia retributiva nuevamente o a la ley del talión, que quiere decir, si una persona me hace algún daño, debe pagar de la misma forma por el daño que cometió, por lo cual, la participante devuelve el golpe tomando la justicia por sus propias manos.

Se observa que en nuestro entorno, los niños a medida que van creciendo en vez de hacerse más justos, como la teoría piagetiana lo propone; por el contrario, van considerando que la venganza o el hecho de devolver exactamente lo que se ha recibido es lo justo. Desde la perspectiva de Piaget, cuando un niño o niña devuelven los golpes o insultos recibidos, no intenta castigar, sino simplemente marcar una exacta reciprocidad. El ideal no es dar más, sino distribuir sistemáticamente lo que uno ha recibido.

De lo dicho anteriormente, cabe resaltar en nuestro contexto, la manera en que los niños y las niñas van naturalizando los castigos, tomando venganza por su propia cuenta. Según Isaza (2009):

El castigo busca un cambio en la conducta del castigado, es decir, en su comportamiento y actitud, y la subsiguiente desaparición de tal conducta. Este cambio es factible, el niño aprende el costo que tiene la ejecución de una acción sancionable por violación de una norma. Pero el castigo posee otra faceta que puede prestarse al abuso contra los que lo reciben, pues también es un instrumento de poder puesto que quien tiene la potestad de castigar, cada vez que lo hace, controla a los castigados y con ellos demuestra su poderío sobre una persona o grupo.(p. 47).

De acuerdo con este autor y en relación con lo expresado por los niños y niñas de menor edad, cabe señalar, que éstos obedecen por el hecho de no ser nuevamente castigados, podría decirse entonces, que no es que aprendan acerca de sus acciones, sino que temen ser castigados por el adulto quien imparte sobre ellos un uso del poder, inclusive un abuso de autoridad, puesto que, como se evidencia en los comentarios realizados por los mismos, los padres los sancionan arbitrariamente y no hay un diálogo previo, a partir de las faltas que se cometen.

Por otro lado, desde el punto de vista de Piaget (1977) los niños y niñas más pequeños son los que naturalizan las sanciones de tipo expiatorio, es decir, se trata de esas reglas impuestas con más rigor, puesto que, son aquellos quienes consideran que el adulto es el único que tiene la verdad absoluta y quien tiene derecho a ejercer poder con severidad sobre ellos. Así mismo, ellos piensan que al ser castigados severamente no volverán a reincidir en las faltas, porque comprenden la autoridad exterior. Por su parte, los comentarios de los niños y las niñas mayores apuntan a la comprensión de sus actos sin la necesidad de recurrir al castigo, por tal razón, ellos piensan que van a reincidir menos en las faltas, si se les lleva a la reflexión a través del diálogo y la explicación de los actos cometidos.

Otro aspecto abordado fue lo relativo a los sentidos de ley y de autoridad, como estas funciones se ejercen en la familia y en la escuela. Al respecto los siguientes aportes: “en el salón, nos arrodillan cuando nos manejamos mal y si nos movemos nos vuelven a arrodillar”. Luego se le preguntó si está de acuerdo con eso, o si le parece bien lo que les hace la profesora, expresando, “no me parece bien, solo la mamá nos puede pegar y hacer eso” (Taller interactivo con niños- Ceparcito).

Lo anterior muestra un tipo de sanción severa, sin relación con los actos que se comenten en dicho espacio, porque el hecho de arrodillar a un niño no es coherente con la falta que él cometió, perdiéndose cualquier tipo de reflexión.

En el mismo sentido, otros niños manifiestan lo siguiente: “la profe nos pone caritas tristes y se enoja”, “cuando no nos manejamos bien, la profesora nos para en una esquina” y “en la escuela la profe nos pone caritas tristes, nos coloca a recoger las basuras o no nos deja salir al descanso”. A esta última respuesta la niña agrega que no está de acuerdo, diciendo: “no me gusta, porque me gusta salir a jugar en el descanso y me canso recogiendo basuras” (Taller interactivo con niños- Ceparcito).

A partir de sus respuestas se evidencia de nuevo, que las sanciones aplicadas en el ámbito educativo no tienen relación con la falta cometida, siendo así, es más complejo que el niño o la niña reflexione acerca de sus actos y no reincidan en estos. Además, los niños y niñas comentan no estar de acuerdo con este tipo de sanciones, expresando que no es justa la manera en la cual se les sanciona. Por ejemplo, una de las niñas mayores afirma: “cuando la profesora me da consejos, cuando me porto mal, no lo vuelvo hacer” (Taller interactivo con niños- Ceparcito).

De acuerdo con esto, la niña no reincide en la falta cuando se le aconseja y se le explica las faltas que ha cometido.

Piaget (1977) de acuerdo a lo anterior expresa:

Los adultos sancionan a partir de sus experiencias familiares y sociales y frente al castigo se tienen que, los niños más pequeños están ligados a la concepción clásica de la sanción: el castigo es moralmente necesario a modo de expiación y pedagógicamente útil para prevenir la reincidencia. Pero para los mayores, es más “simpático” limitarse a explicar y censurar sin castigar. Estos últimos a quienes se les explica sobre sus actos, son los menos expuestos a reincidir, diferente que cuando se les castigan severamente. (p. 184 y 225).

Los educadores por su parte, deben tener como ideal que la cooperación domine sobre la presión, además de cumplir su tarea sin utilizar sanciones, comprobando que la sanción por reciprocidad es captada profundamente por el niño.

 

Conclusiones

Es claro que el ser niño es una etapa de la vida en la que se está en posición de continua vulnerabilidad con respecto al entorno y si este no es amable, dejará eternas huellas negativas en las futuras respuestas sociales y psicoafectivas de este niño, cuando sea adulto.

Así mismo es en la infancia que se está en proceso de desarrollo y constante aprendizaje, acompañado de tropiezos, alegrías, tristezas y desilusiones entre otras emociones que se pueden generar dentro de la niñez y que así mismo pueden parecer contradictorias pero que son indispensables para la definición de la identidad como persona.

Los niños entre 3 y 5 años de edad debido a su nivel de pensamiento y madurez, no tienen la suficiente capacidad para comprender y determinar que la reincidencia de una falta cometida tiene una consecuencia y que de ser repetitiva ésta siempre estará acompañada de un castigo o refuerzo por el adulto, aunque por su falta de madurez consciente, el niño suele recaer en ella sin importar dicha consecuencia. Por otro lado, los niños entre 5 y 8 años en adelante ya tienen una introyección de la norma, por lo tanto, esto les permite tener una mayor consciencia de las causas que pueden repercutir por una acción y de los castigos que pueden ser impuestos por una falta cometida y por esta razón evitan reincidir en el acto.

La familia y sus prácticas de crianza, siguen y seguirán teniendo un papel fundamental en el desarrollo infantil. Los padres o cuidadores que imparten la norma o aplican prácticas inadecuadas conllevan a la permisión y/o confusión.

Es importante mencionar que existen dos tipos de padres o familias a la hora de adoptar las prácticas de crianza, primero, quienes fueron criados de la misma manera y segundo, quienes deciden no reproducir ese tipo de crianza. Es decir, los primeros porque las tienen ligadas y arraigadas, ya que de ese modo fueron acostumbrados y nunca comprendieron cual era la manera más adecuada de educar, considerándola como la mejor manera; y los segundos, porque son conscientes de que su educación no fue la más adecuada y optan por no reincidir y repetir con sus hijos lo mismo que ellos ya vivieron.

Teniendo en cuenta las diferentes dinámicas familiares de prácticas de crianza, las instituciones educativas y en este caso los docentes entran a desempeñar su rol pedagógico buscando las estrategias y herramientas más adecuadas para buscar por medio de los procesos educativos la corrección o la conservación de dichas prácticas.

Para finalizar, se puede deducir que una adecuada práctica de crianza y enseñanza debe estar ligada a múltiples factores que posibiliten la manera que los niños y las niñas introyecten y afiancen sus conocimientos por medio de acciones y actos positivos y no por temor a una imposición negativa, de esa manera a nivel social se incorporarán en las nuevas generaciones sentido de ley y prácticas de justicia más acordes y coherentes con el desarrollo social que nuestro contexto requiere.

 

 

Bibliografía

Ghiso, A. (2010). Naturalización de la intimidación en preescolares: un modo de construir lo social. Manizales, Colombia. Recuperado de http://revistaumanizales.cinde.org.co/index.php/Revista-Latinoamericana/article/view/67/25

Isaza, S. (2009). Educar sin maltratar. Bogotá, Colombia: Intermedio editores.

Piaget, J. (1977). El criterio moral en el niño. Barcelona: Martínez Roca.

 

 

Las autoras son Maestras en formación Licenciatura en Educación Preescolar, Universidad Luis Amigó, Medellín – Colombia; Auxiliares de investigación proyecto: “Sentidos de ley, nociones y prácticas de justicia en la comunidad educativa. Un estudio comparado Medellín Colombia – Santiago de Chile, en el marco de una educación para la paz, CEPAR- Fase III”. 2015.