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Un Camino a la Humanización de la Educación
Testimonio de una Dirigencia

 

La secundaria la realicé en un Liceo Fiscal, el Liceo de Hombres N° 14; el autoritarismo institucionalizado era muy brutal, la prácticas represivas y fascistas eran cotidianas contra los estudiantes pero me parece que también con los profesores. Sin embargo, de manera muy sutil, subterránea, varios docentes nos entregaban ciertos conceptos que ayudaban a comprender el momento; recuerdo a un profesor de historia que hacía esfuerzos por mostrarnos los contenidos con cierta pluralidad; otros nos hablaban de valores que contrastaban muy fuertemente con la ideología imperante; por otra parte, los estudiantes resistíamos de un modo muy particular; el desprecio al autoritarismo operaba principalmente a través de la burla que se hacía de esas absurdas normas y de permanentes maneras de hacer caer en el ridículo a sus exponentes.

por Mario Aguilar

 

“Como docente, viví al inicio de mi ejercicio profesional el veto a poder ingresar al sistema público de educación por mis antecedentes de disidente político a la dictadura”.

 

Mis estudios de pedagogía los realicé en la Escuela de Educación Física de la Universidad de Chile, es decir, el tradicional Instituto Pedagógico el que fue duramente reprimido y ocupado por los militares; esto no es de extrañar, se trataba de uno de los símbolos de la República, ahí donde en democracia se formaban los docentes, mayormente desde una visión progresista y crítica de las injusticias sociales; la universidad a la que llegué en el año 1979 era una institución secuestrada por los militares, con un férreo sistema de control del pensamiento, con sapos y soplones repartidos por las distintas escuelas, con el razonable temor instalado entre los estudiante; esto comenzó a cambiar con las primeras acciones de disidencia que fueron el preámbulo de las protestas de los años 80, las que comenzaron en la universidad; recuerdo cuando organizamos las primeras peñas, muy moderadas en sus temáticas (muy vigiladas también) pero que fueron el pretexto para encontrarse, reunirse, perder el temor al compañero de curso del que no se sabía mayormente; esos primero esfuerzos de romper el control fueron importantes para irse rebelando contra la dictadura política, cultural y mental.

Como docente, viví al inicio de mi ejercicio profesional el veto a poder ingresar al sistema público de educación por mis antecedentes de disidente político a la dictadura. Eran los tiempos en que ya la oposición de la gente era cada vez más explícita y los intentos del régimen por evitar su caída incluían la pretensión de conservar el control del mundo educacional; la persecución se seguía viviendo en esos años y un ejemplo dramático y brutal fue el asesinato por degollamiento del dirigente gremial Manuel Guerrero. La resistencia en ese momento ya era más frontal y explícita; yo no tenía ya reservas en expresar abiertamente mi oposición y activismo contra el régimen; me costó algunos despidos y marginaciones, también detenciones, pero era ya una época de mayor decisión y de debilitamiento del sistema dictatorial.

 

UN POTENTE EJEMPLO

 

“En rigor, en el sistema educacional, las políticas neoliberales comenzaron a aplicarse en los inicios de los 80 con la dictadura, pero se consolidaron y profundizaron en democracia”.

 

Hubo gente que apoyó la dictadura, los menos, pero los hubo; una gran mayoría no estaba de acuerdo pero no tenía posibilidades de expresarlo abiertamente, al menos en los primeros años del régimen; un número minoritario pero muy valioso de docentes asumió desde el inicio una postura de oposición activa. A medida que se fueron abriendo espacios ese número fue creciendo de manera sostenida; es claro que en el profesorado una amplia mayoría era opositor a la dictadura y en la medida que los espacios se fueron abriendo la gente se fue atreviendo a expresarlo de manera más abierta. No tengo todos los antecedentes como para afirmarlo de manera concluyente, pero tengo la impresión que el profesorado fue uno de los primeros colectivos en manifestarse de manera activa, de hecho fue uno de los primeros gremios en democratizarse y ganarle a la dictadura el espacio que la dictadura pretendía que solo fuera una apariencia de democracia y participación, pero los docentes decidimos usar esos espacios y ganarlos, y ello fue un potente ejemplo de que era posible ir cambiando la situación y avanzar hacia una democracia.

Curiosamente en la dictadura los efectos del modelo no fueron tan devastadores como lo sería posteriormente en los años 90. No es tan simple explicárselo, pero pareciera que la evidencia de lo nefasto de la dictadura hacía que la mente estuviera más atenta a no dejarse influir por sus valores. En rigor, en el sistema educacional, las políticas neoliberales comenzaron a aplicarse en inicios de los 80 con la dictadura, pero se consolidaron y profundizaron en democracia. En mi opinión el efecto fue la instalación de la educación como un bien de consumo y la incorporación de las lógicas economicistas a los procesos educativos; la pedagogía perdió terreno y la economía pasó a dictar el quehacer educativo, el individualismo se inoculó como un virus en los ambientes laborales; la obsesión por los rendimientos hizo que el adiestramiento para las pruebas estandarizadas prevaleciera por sobre la educación integral. La educación se fue vaciando de sentido y el profesorado aprisionado a una labor empobrecida. Es duro y crudo como lo describo, pero no me parece exagerado; son aspectos no tan evidentes, muchas veces intangibles, pero no por ello menos devastadores respecto del sentido humanizador y transformador que debería tener la educación.

 

MARIO AGUILAR es Prosecretario Nacional del Colegio de Profesores de Chile (AG).