5 (100%) 2 votes

 

Salvador Allende y los Estudiantes

 

Quienes en esos años previos al triunfo popular y luego gobierno éramos estudiantes universitarios, militantes o no en ese proceso, tenemos vivos recuerdos e imágenes del mismo, y en particular de la figura del presidente. Otros conocimos al líder que fue desde tiempos más pretéritos. Intentó alcanzar la Presidencia de la República en 1952, 58 y 64.
En más de veinte años se construyó como un líder del pueblo. Los partidos populares, principalmente comunista y socialista, contribuyeron en esa creación humana, social y política. Una lección aprendida en tanto jóvenes que éramos fue comprender que todo proceso político-social exige maduración, cursar su tiempo. También que los deseos son una cosa y la realidad es otra.

Principalmente en las elecciones de 1964 y 1970 Allende se cifró como una clara esperanza para millones de trabajadores, de jóvenes, de hombres y mujeres humildes de nuestro país. Los sectores oligárquicos sustentados por el imperialismo jugaron sus cartas sobre la base de campañas de opinión fundadas en la mentira y el más burdo terror.

por Carlos Poblete A.

 

Allende en su juventud universitaria fue dirigente. Luego ministro en el gobierno del Presidente Pedro Aguirre Cerda, diputado y senador. Expulsado en su tiempo de la universidad.
Me impresionó siempre su tremenda capacidad física como protagonista de las cuatro intensas campañas presidenciales, otras tantas parlamentarias, y en todas ellas miles de discursos en plazas, teatros y calles del país. Tenía salud de hierro. Cuando se creó el Tren de la Victoria, desde el  extremo sur hasta Santiago, Allende fue pueblo por pueblo hablando, creando conciencia política en las masas. En él se resumen la vida y la obra de un verdadero líder popular, consecuente hasta el último día. Desde aquellos tiempos de 1930 hasta hoy en 2013, han transcurrido más de 80 años y su nombre y su figura de estadista permanecen en la memoria de millones de seres humanos que ven en él al humanista, al revolucionario, al hombre digno que fue. A los pueblos ha quedado un ejemplo memorable, una bandera heroica.

 

testimonio1-uno

 

«Tenemos que estudiar más, trabajar más, producir más… «.

 

Recuerdo sus innumerables encuentros con los jóvenes, con los estudiantes, mientras fue candidato y luego como mandatario, un verdadero privilegio para todos. En particular la Clase Magistral Inaugural del año académico en la Universidad de Concepción, los tres años de su mandato. Entonces, éramos miles los asistentes a esas jornadas, desde el rector del plantel, los académicos, los estudiantes y los trabajadores de la universidad. En pleno proceso de su gobierno nos decía: «Tenemos que estudiar más, trabajar más, producir más… «.

Los episodios suman, las experiencias, los datos. Hablan la historia y en este caso la memoria personal. Son sólo algunos hitos. Historia y memoria exceden todo marco. No había forma de detener una marea social de masas constituida en gobierno popular que crecía en cada contienda político-electoral luego del 4 de septiembre de 1970. El Presidente decía: » Nosotros controlamos una parte del Poder Ejecutivo», era obvio, no era todo el poder, no era el parlamento, y menos aún el poder judicial.  Fueron mil días de un gobierno y de un presidente. En ese plazo la cultura floreció como nunca antes en el país. Tan sólo un dato: la creación de Quimantú, la Editorial del Estado, que en un año publicó más de 12 millones de libros, con obras de los más diversos autores, para una población de ese tiempo, un tercio de la que ahora somos.

 

ALLENDE EN GADALAJARA

 

“Ser agitador universitario y mal estudiante es fácil; ser dirigente revolucionario y buen estudiante es más difícil”.

 

Existe una intervención del Presidente Allende, hecha en la Universidad de Guadalajara, en México, el 2 de diciembre de 1972. Fue el último discurso en el exterior ante miles de estudiantes y académicos de ese plantel, a 9 meses del golpe. En verdad esa intervención fue un mensaje a los estudiantes de nuestra América Latina. Habló entonces del rol de la Universidad en la formación de un profesional con conciencia social, comprometido con los cambios que la sociedad exige. La lucha no es de generaciones, porque el enfrentamiento es social. Dijo en esa conferencia: «La revolución no pasa por la universidad, pasa por las grandes masas; la hacen los pueblos; la revolución la hacen esencialmente los trabajadores».

Narró en esa ocasión su encuentro en Cuba con Ernesto Guevara y la dedicatoria que el Comandante le escribió en su libro Guerra de Guerrillas: «A Salvador Allende, que por otros medios trata de obtener lo mismo. Afectuosamente, Che». El presidente señaló que el Che era un hombre de espíritu amplio que comprendía que cada pueblo tiene su propia realidad, y que para hacer revoluciones no existen recetas.

Con los estudiantes Allende fue un orientador crítico. En ese mismo acto en la Universidad de Guadalajara les dijo: «…uno se encuentra a veces con jóvenes, y los que han leído el Manifiesto Comunista, o lo han llevado largo rato debajo del brazo, creen que lo han asimilado y dictan cátedra y exigen actitudes y critican a los hombres que, por lo menos tienen consecuencia en su vida. Y ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica; pero ir avanzando en los caminos de la vida y mantenerse como revolucionario en una sociedad burguesa es difícil».

En Chile y en México Allende reclamaba del dirigente político universitario su responsabilidad en el sentido de ser un buen estudiante. Al respecto más de una vez dijo: «Yo no he aceptado jamás a un compañero joven que justifique su fracaso porque tiene que hacer  trabajos políticos (….), primero están los trabajos obligatorios que debe cumplir como estudiante de la universidad. Ser agitador universitario y mal estudiante es fácil; ser dirigente revolucionario y buen estudiante es más difícil. Pero el maestro universitario respeta al buen alumno, y tendrá que respetar sus ideas cualesquiera que sean”.

Un mandatario con esas ideas y esa actitud no podía si no generar respeto y adhesión de los jóvenes y de los trabajadores. Un presidente así era un riesgo para las castas parásitas de la sociedad. Quien en su gobierno había rescatado el cobre por vía de la nacionalización y otras riquezas mineras para Chile, profundizado el proceso de reforma agraria, estatizado el sector financiero estratégico y democratizado el acceso a los créditos, y cumplido otras radicales medidas de beneficio popular, era un peligro para los intereses oligárquicos e imperialistas.

El golpe de Estado consumado por los asaltantes del poder y de la ética clausuró brutalmente un proceso inédito en Chile y en el mundo, y dio paso al salvajismo de una feroz dictadura militar durante 17 años.  Ese 11 de septiembre hace 40 años fracturó la vida de la sociedad chilena.

«Mis palabras no tienen amargura, sino decepción», dice esa mañana. Allende en ese momento, en esos dramáticos minutos no olvida. Nombra, se dirige a los trabajadores, a la modesta mujer, a la obrera, a la madre, a los niños, a los profesionales patriotas y dignos. Se dirige al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a los que serán perseguidos…

Culmina sus palabras con el siguiente mensaje: «Superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor». Esas palabras reflejan su visión de estadista. Véase hoy a los millones de estudiantes y trabajadores en las calles del país exigiendo cambios de las estructuras de la sociedad. Y ¿qué otra cosa es lo que pasa en los pueblos de nuestra América Latina, sino sus luchas por su liberación?

 

CARLOS POBLETE ÁVILA es Profesor de Estado. Ex dirigente estudiantil en la Universidad de Concepción. Ex dirigente nacional / internacional docente. Director del Centro de Estudios histórico-sociales y culturales Conciencia Crítica.