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Un Golpe al Corazón de la Enseñanza,
Los Últimos Días del Pedagógico

 

Nelson Báez, último secretario en ejercicio de la entonces Directora del Departamento de Educación Básica del Instituto Pedagógico, en 1973, señora Aída Migones, entrega este valioso testimonio de las primeras horas de la intervención militar  al “Peda”, momento que determina la escisión histórica de la formación de docentes en la Universidad de Chile, recuperada finalmente este 2015.

Por Carolina Ferreira

 

“La intervención militar del Instituto Pedagógico era ya la “crónica de una muerte anunciada” El comentario cotidiano que recorría las aulas y los patios de que vendría una asonada militar, ya anunciada con el anterior tanquetazo, se transformaba en la consigna era estar alertas y organizados. ¿Para qué? Para responder con una movilización amplia que nos permitiera detener la embestida del fascismo en un ambiente tan polarizado como el de la época; pero las respuestas ante una situación de facto no eran muchas.

Existían dos visiones concretas al respecto: las fuerzas políticas identificadas con la Unidad Popular, en el caso del Instituto Pedagógico, lideradas por el PC, aunaban filas junto al gobierno que en voz del Presidente Allende invocaba al profesionalismo y tradición civil de las FFAA, Carabineros e Investigaciones que no se saldrían del marco institucional establecido en la Constitución vigente. Es cosa de revisar los discursos del Presidente y constatar cómo, en cada alocución, se hace hincapié en el llamado y reconocimiento de la sujeción de estos cuerpos armados a la legalidad vigente. Por el contrario, la otra izquierda, denostativamente denominada “ultraizquierda” por los partidos oficiales, señalaba que esta conflagración entre el intento de revolución democrática y su enfrentamiento con los poderes armados de la derecha ya propulsados en fascismo desatado, solo tendría una solución militar y que para ello debíamos prepararnos. Esta tesis fue desestimada por el oficialismo y así nos sorprendió el 11 de Septiembre de 1973. Todos los intentos de respuesta movilizada fueron aplastados cruentamente y de allí desembocamos en el holocausto chileno. El país fue dividido entre  aquellos (como algunos vecinos del edificio frente al que yo habitaba en calle San Pablo con Cumming)  que enarbolaban banderas chilenas y destapaban botellas de champaña, y quienes llorábamos con impotencia la destrucción de un sueño y de nuestras vidas. Al mismo día siguiente del golpe militar la ciudadanía sin uniforme, los vecinos y vecinas de los barrios y poblaciones empezaron a ejercer su misión clandestina y silenciosa: la delación a diestra y siniestra de todos aquellos identificados como upelientos y calificados por los bandos como  integrantes de las células del cáncer marxista que era necesario erradicar cuanto antes.

 

DANTE, LAS SS CHILENAS Y LAS ESQUIRLAS DE UN PROYECTO EDUCATIVO

 

“Parece un relato propio de páginas novelescas, o de un reinado del terror propio de un retrato del modus operandi de las SS, pero no les quepa duda que no exagero. Muchos lo vivieron y muchos no sobrevivieron para contarlo”.

 

El Instituto Pedagógico no fue ajeno a este clima delirante y dantesco. Rodeado de militares armados, allanados sus claustros, estudiantes, profesores y funcionarios golpeados e insultados. No hubo lugar a una organización que permitiera alguna resistencia, menos un conglomerado desarmado e indefenso frente a hordas de combatientes enceguecidos por las órdenes vociferantes de sus superiores: ¡Encontrar y liquidar a todos los guerrilleros que se ocultaban en esta “Sierra Maestra”!, (era el sobrenombre de la época para el Peda).

Reuniones secretas de análisis y proyecciones históricas, políticas, todo en una tierra de nadie en que luego se observó la labor penetrante de la represión: decenas de estudiantes arrestados, profesores detenidos, funcionarios arrastrados a vehículos sin identificación. Un clima dantesco de inquisición que perseguía un único objetivo: sembrar el terror y dejar establecido que los restauradores de la democracia habían llegado para imponer el orden, la disciplina y acallar cualquier intento de protesta bajo el cargo de subversión terrorista condenada con todo el rigor de su ley.

Parece un relato propio de páginas novelescas, o de un reinado del terror propio de un retrato del modus operandi de las SS, pero no les quepa duda que no exagero. Muchos lo vivieron y muchos no sobrevivieron para contarlo. Del IP se consignan oficialmente 42 muertos y nadie duda que fueron muchos más, que no aparecen en esa lista. La labor persecutoria de las fuerzas militares fue implacable, minuciosa  y continua. Nunca se aflojó la tensión y el trabajo realizado por éstos y sus colaboradores civiles (llamados “sapos” que fue una especie muy fecunda y a días del golpe ya muy activos) rindió sus frutos. Inmovilización, terror difundido, incapacidad de reaccionar. Nadie está preparado para saber qué hacer ante tanta barbarie. En esos momentos entra a imperar el instinto de conservación, el llamado elemental de la supervivencia. Además, en un clima de división entre unidad popular e izquierda revolucionaria ( ambas fuerzas además sin ningún poder militar) era imperativo salvar la vida y eso implicaba “sumergirse”, poner distancia entre uno y las fuerzas de la inteligencia militar que ya habían armado sus centro de detención y tortura en sectores aledaños para poder actuar con más prolijidad y prontitud.

 

DE MUROS Y DESCONFIANZAS

¿Cuál fue la reacción institucional -posible- a esa intervención?

Ninguna. Fuera de articular declaraciones conjuntas condenatorias que no llegaron a ningún destino, se pudo observar el absoluto desprecio de las autoridades golpistas con el acervo cultural e ideológico de la institución. Y la caza de brujas no se detuvo. Las paredes se hicieron cada vez más permeables y la desconfianza se entronizó sin mayor problema entre la comunidad que debía prepararse para la obediencia sin cuestionamientos ni opiniones divergentes. Cualquiera posición contraria podía constituir un delito con un castigo de dimensiones, por todos ya conocido.

 

Si hubo posibilidad de analizar la situación, desde un marco institucional, ¿cuáles eran los aspectos que pesaban más en ese análisis?

La situación estaba planteada en términos militares. La institución era objeto de una ocupación que más parecía una conquista y sería sometida a un replanteamiento para hacerla revertir el caos vigente, producto del predominio marxista establecido por sus líderes que abarcaban todos los ámbitos. Aquí en esta lista de destructora del orden público cabían académicos, estudiantes y funcionarios, todos responsables de haber arrastrado este centro del saber a una debacle bolchevique que había que extirpar de raíz.

 

Ante una situación de hecho como una expropiación por parte de los militares que imponen su lógica de guerra y convierten este conflicto social en un conflicto bélico y oponen a la razón de la comunidad universitaria la fuerza de las armas, transformando a todos los divergentes en “enemigos del patria, ¿qué queda?

 

 

A cuadras del IP se tortura a mujeres y hombres, se hace desaparecer a estas personas indefensas, se aterroriza a sus familias y amistades para convertirlos en delatores. Esa situación no resiste la lógica de formulaciones de declaraciones políticas. Ese agobio del terror no deja paso a la razón. Insisto, fue un conflicto bélico entre un ejército de tierra, mar, aire, policías, y escuadrones de delación y tortura y un pueblo desarmado e indefenso. Todo el resto que se argumente es literatura.

 

¿Qué es, desde su punto de vista, lo que pretendía diezmarse con esa intervención?

La capacidad de organización, de recuperación después del trauma bélico que implico la intervención armada con su símbolo máximo: la Casa de Gobierno bombardeada y en llamas, y el Presidente de la nación con la cabeza despedazada por la metralla. Después de eso había que seguir golpeando y cada vez más fuerte y en todos los flancos sensibles: las organizaciones sociales, sindicatos, universidades, partidos políticos, centros de pensamiento y ebullición progresista (El Peda), etc.

 

“Al destruir un bastión del saber y la cultura se está lesionando el alma de un pueblo, se le deja mudo y ciego como primera reacción. Luego la campaña digna de Goebels con sus difamaciones estructuradas y programadas a través de los medios de comunicación bajo su total dominio, para que la desinformación comience a instalarse. No es casual que la desintegración de la Universidad de Chile sea una de las tareas primordiales de los generales designados a cargo de controlarla”.

 

¿Cuál es la herencia del Pedagógico, desde su punto de vista, y dónde reside -si permaneció de algún modo?

Chile es un país desmemoriado, o al menos de recuerdos pasajeros. Se olvida que de las aulas del Instituto Pedagógico proyectaron su saber y sus utopías una estirpe de aquellos “sabios que en el mundo han sido”. Rectores de la universidad, Premios Nacionales, escritores, filósofos, pedagogos, artistas. Un ejemplo: el Centro de Arte Dramático del Instituto Pedagógico dará origen al Teatro de la Universidad de Chile que cambiará de raíz la matriz del teatro chileno.
Lógicamente permanece, ya adquiriendo ribetes de leyenda, esa casa de estudios en que confluían saberes de distintas vertientes, que con una hospitalidad especial recibía a estudiantes de facultades de arte u otras disciplinas para construir en conjunto los sueños propios de la juventud, especialmente a partir de los 60, con toda esa ebullición de utopías en que pensabas que teníamos que pedir lo imposible.

 

De hacer un homenaje a esos años, ¿a quiénes se lo haría?

A todos aquellos estudiantes que se formaron al alero del Instituto Pedagógico y que no obstante el terror, el riesgo, y la locura imperante en ese período negro de nuestra historia, no claudicaron. Mi homenaje a los sobrevivientes del holocausto chileno que siguen soñando en una sociedad más libre, más justa y equitativa para todos los chilenos y que con ese espíritu han ejercido o siguen ejerciendo la noble tarea de enseñar.

 

Desde entonces, hasta ahora, ¿cree que la Universidad de Chile sigue siendo la legítima heredera del IP?

La Universidad de Chile es la genuina cuna y matriz única del IP. Un decreto acomodaticio, impuesto por la fuerza y contra la razón, es en su esencia antinatural y espurio.

 

¿Se extinguió con el Peda la visión pública de la Educación en Chile?

Es cuestión de observar los resultados de la educación chilena a partir de la desarticulación del IP y su despojo de la Universidad de Chile.

 

¿Afectó ello la calidad de la educación chilena?

Los hechos son mucho más demostrativos que cualquiera de mis juicios al respecto.

 

 

CAROLINA FERREIRA es Coordinadora de Extensión y publicaciones del Programa de Educación Continua para el Magisterio y Editora General de Revista Perspectiva.