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Un Relámpago en el Camino
Pensar el Arte en la Educación

 

Arte y mercancía representan la contradicción principal de la época, de estos tiempos. La mercancía (bizarro opuesto del espíritu creador) encarnando el trabajo enajenado por la ganancia, donde no importa lo que se hace sino lo que se vende, el dinero que representa. Y por otro lado el arte, encarnación del espíritu creador, para experimentar y descubrir el sentido profundo y verdadero de la vida individual y colectiva. El arte, territorio sagrado (no aburrido, sino donde habita la libertad, lo amoroso y lo creador) y que no está en demasiadas mercancías llamadas arte o que se refunde en ellas, o que está en ellas a pesar de ellas, gracias a él.

por Sergio González L. (Bogotá-Colombia)

 

El arte para ver, escuchar, sentir y percibir las dimensiones de realidad que están ocultas. El arte para encontrar el sentido que se guarda tras las apariencias. El arte para remover el cuerpo, los sentidos, los imaginarios y los inconscientes abriendo amplios espacios al pensamiento, la acción y la conducta. El arte, esa relación profunda de la creatividad.

Esa naturaleza (lo que es, o parece ser) que intentamos describir del arte es la que lo hace apto, pedagógicamente. Pero digamos algo más para acercarnos claramente a esa idea. El arte no solo está en las obras de arte, en ellas se descubre una mínima parte de su universo. Ese universo que también vemos, escuchamos, sentimos y percibimos en el sueño, en la imaginación, en la alucinación, en ciertos trances extáticos, meditativos o místicos, en donde también se revela solo una parte de él. El resto anida en el inconsciente y finalmente en todas partes, tras todas las formas de la apariencia, incluyendo las apariencias de los cuerpos, de los espacios, de los tiempos y de las palabras. El arte revela lo que se encuentra tras la apariencia, revelación que de manera desigual se hace nueva forma, que tiende a ser apariencia, y así sucesivamente, en procesos de nuevos ciclos, incluyendo revelaciones que vuelven a ocultarse para ser nuevamente reveladas, que parece ser la dinámica más recurrente en esa relación entre el universo artístico o mítico y la realidad de las apariencias, generalmente asociada al mundo ordinario de la cotidianidad, al mundo predominante en el que simulamos la vida. Asunto interesante que no vamos a agotar en este extravío de la palabra y la razón, asunto abierto. Pero nos queda algún relámpago de la visión propuesta, suficiente para el propósito en que estamos empeñados: ofrecer una percepción de lo que puede ser la naturaleza del arte.

En las obras de arte se nos revela entonces la dimensión mítica, la dimensión artística, sí, pero lo más importante es que las obras de arte, al revelarnos tal dimensión, nos enseñan a descubrirla en todas partes, más allá de ellas, en la vida. En esto que nos enseña el arte es donde se encuentra, principalmente, su valor pedagógico.

 

“En las obras de arte se nos revela entonces la dimensión mítica, la dimensión artística, sí, pero lo más importante es que las obras de arte, al revelarnos tal dimensión, nos enseñan a descubrirla en todas partes, más allá de ellas, en la vida. En esto que nos enseña el arte es donde se encuentra, principalmente, su valor pedagógico”.

 

 

Pedagogía es la forma de enseñar, la forma para llegar a un conocimiento, la forma y su sentido. Así pues, el arte, las obras de arte, las prácticas artísticas, son la forma de enseñarnos a ver, sentir y percibir  eso  que  el  arte  nos  revela.  Nos  enseñan  a  percibir  aquello  y  nos  enseñan el procedimiento para lograrlo, el tipo de trabajo, el tipo de proceso. Ver cine y pinturas (lo visual) para ver de otra manera la calle, la cocina, la montaña y el poste. Escuchar música para escuchar de otra manera los sonidos de las máquinas, de los vientos, los susurros del mar, de las puertas que se cierran, los gritos de la manifestación y las ollas que pitan. Sentir los cuerpos de la danza para descubrir otros cuerpos en nuestro cuerpo, en el cuerpo del vecino, en el ladrón y en el policía. Leer los textos literarios, la poesía, para leer de otra manera el recibo del agua que no se pagó, los celos que se desataron anoche en la fiesta, la mujer que echaron del trabajo porque no sucumbió a los deseos del patrón, el caminar por el parque un domingo aburrido. Percibir la obra de teatro para percibir de otra manera las historias diarias, la presencia diaria de los cuerpos en conflicto. Para escribir, pintar, soñar, danzar, mover de otra manera la vida cotidiana, para hacerla de otra manera.

 

Despertar a la Sociedad Creadora

El arte que descubre y desata memorias, sí, descubre lo desconocido y lo conocido olvidado. Imitar al arte y sus procedimientos en el trabajo ordinario porque una sociedad que imita el universo del arte y sus procedimientos es la necesaria. Hacer de la vida una obra de arte, con su espíritu creador, con sus equilibrios y armonías, con su sentido crítico y revelador, con su sensibilidad, con su aventura y libertad, con su ensayo amoroso, con su vitalidad y pasión, con su investigación y atención, con su modo de explorar y transformar. En lo individual y colectivo, una sociedad como obra de arte, participativa, realmente democrática, ecológica, plural y horizontal, viva y creadora.

 

“Junto a la ya reconocida importancia para las transformaciones sociales de la llamada masa crítica, se hace necesario referir la masa creativa, así pues que vamos por una masa crítica y creativa, mejor comunidad crítica y creativa”.

 

Despertar la sociedad creadora es la función social principal del arte. Junto a la ya extendida idea (dado el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación, entre otras cosas) de la importancia de la sociedad del conocimiento (de un tipo de conocimiento, al menos) se hace necesario hablar, proponer y promover la sociedad creadora (acostumbrados, como estamos, a repetir mecánicamente, más en este país donde no nos inventamos ni un programa de televisión). Junto a la ya reconocida importancia para las transformaciones sociales de la llamada masa crítica, se hace necesario referir la masa creativa, así pues que vamos por una masa crítica y creativa, mejor comunidad crítica y creativa (la idea de masa ya no es pertinente y pide algo donde veamos ala gente, las personas: comunidad), comunidades críticas y creativas, o críticas y creadoras, más profundo, y mejor aún en plural que refiere diversidad y autonomías.

 

Mercantilizaciones

En este contexto es que alternamos frente a realidades y políticas predominantes, que lo son por el predominio del modo de producción generalizado de mercancías. Nos referimos en este caso a las políticas que promueven las llamadas industrias culturales o creativas, aquellos sectores de la economía vigente que se basan en la reproducción serial de obras artísticas (textos literarios, composiciones musicales, películas etc.) y sus respectivos eventos asociados (conciertos masivos, ferias del libro etc.), la industria del libro, del disco, del cine, en fin. Y todo proceso artístico se lo quiere, de alguna manera, articular a tal estructura y someterlo a sus mecanismos, a sus dictados, infundiendo el ánimo de la mercancía, el de la ganancia y la acumulación, en todas las cosas.

 

“Así pues, el arte asociado a las industrias culturales, creativas o de entretenimiento (categoría, esta última, promovida por los medios masivos de comunicación), representa esa necesidad del sistema prevaleciente de convertir todo en mercancía, como se ha hecho con la salud y la educación, ensayando su desnaturalización”

 

 

Es una realidad que vivimos en sociedades capitalistas y consumistas cuya función principal objetiva es convertir todo en mercancía y por tanto reproducir el modo de trabajo, de pensamiento y de vida que le corresponde, dominado por la idea de vender, ganar y acumular. Gobernados por esta idea y su materialización nos obliga a ser testigos de perversiones más fuertes que la clásica miseria, muerte por enfermedades curables o apropiación del trabajo del otro. La duración programada de bienes, la obsolescencia (de obsoleto) programada, o  la sociedad del deshecho, es tal vez la expresión más aguda de la índole de estas sociedades gobernadas por la mercancía. Los ejemplos recurrentes de la invención del bombillo, las medias veladas o la llanta de carro,  durables por diez,  cincuenta  o cien años,  son apenas el  indicio histórico de lo que ocurre con toda la producción de mercancías y que alcanza niveles extraordinarios en la actualidad, por ejemplo, en celulares, computadores y medicinas.

Todo tiende a ser efímero en la sociedad de la mercancía, se trata de eso, que las cosas no duren mucho para poder vender de nuevo, ganar de nuevo y acumular más, es la ley. Un bombillo que dure cincuenta años no sirve, después de que cada quien tenga el suyo que se les vende. Pues se les vendería otra cosa y después otra hasta que todos tengan lo necesario, pero este esquema la verdad no produce muchas ganancias. Es de ahí que se derivan todas las prácticas de chatarrización y de hacer edificios que durarán apenas unos años y no como los castillos medievales o las pirámides que fueron construidos para siempre. Medicinas que solo sirven para curar un  poquito porque si  curan del todo después qué se vende. Apliquémoslo a todos los procesos de producción o de trabajo y veremos la realidad, el trabajo no para realizar los mejores bienes posibles sino para realizar la mayor cantidad de bienes razonablemente calculados en eficacia y tiempo para obtener mayores ganancias y la perdurabilidad del sistema.

Así pues, el arte asociado a las industrias culturales, creativas o de entretenimiento (categoría, esta última, promovida por los medios masivos de comunicación), representa esa necesidad del sistema prevaleciente de convertir todo en mercancía, como se ha hecho con la salud y la educación, ensayando su desnaturalización. Finalmente el reino de la mercancía tiende a la desnaturalización de todo bien, cosificándolo y convirtiéndolo en vehículo de ganancia y acumulación por medio de la venta.

 

Creación y Curación. Una experiencia en Bogotá

La opción alternativa y vital es asociar el arte con procesos sociales y culturales, con la educación y la salud (no mercantiles), con la formación y la curación tanto individuales como colectivas, con el ser creador, la comunidad creadora, la ciudad creadora, la sociedad creadora, alternativa a la sociedad de la mercancía. Una necesidad histórica: la sociedad plural  y horizontal, creadora, ecológica, solidaria, participativa, pacífica y libre, construida desde la democracia real y total.

 

“Por ello nuestra propuesta de una Escuela o Colegio Piloto desde las artes y para las artes, que permita observar posibilidades de irrigar el campo educativo, en un proceso de transformación cultural de la educación”.

 

Es en este contexto que pensamos y proyectamos la relación arte y educación, particularmente en el programa Jornada Escolar 40 horas de la Bogotá Humana en los colegios públicos, donde es nuclear el componente artístico. Pero no solo como educación artística, sino también como articulación del arte y sus procedimientos a la percepción y enseñanza de las disciplinas consideradas no artísticas como las matemáticas, las ciencias sociales y naturales, así como a la educación en general, educar para la vida desde el arte.

Por ello nuestra propuesta de una Escuela o Colegio Piloto desde las artes y para las artes, que permita observar posibilidades de irrigar el campo educativo, en un proceso de transformación cultural de la educación. Entre tanto, pese a experimentos en el ámbito señalado, el programa en estos inicios está concentrado en la intervención exclusivamente como educación artística, lo que ya significa un paso fantástico. De todos modos lo interpretamos fundamentalmente (aunque puedan descubrirse artistas en el sentido usual), como, ya se dijo, educar para la vida desde el arte, más específicamente desde  el arte vivo, desde  lo creativo, donde lo formativo técnico aparece como necesidad de lo creativo, donde pese al énfasis en una disciplina artística se busca la relación interdisciplinar con otras artes, y donde todo el proceso artístico está articulado a necesidades educativas generales como la convivencia, la participación, la atención, el trabajo en grupo, la intersubjetividad, las relaciones afectivas, la percepción, la amorosidad, la sexualidad, la libertad, la alimentación, la curación etc.

La posibilidad que se abrió con Gustavo Petro es histórica. No solo el eje antisegregacionista de su Plan de Desarrollo (mejor de crecimiento, o de vida como dirían los indígenas caucanos), de la ciudad en torno al agua y en equilibrio frente al cambio climático, y el de defensa de lo público desde la participación. No solo ello es profundamente transformador, hay temas no tan visibilizados pero igualmente importantes y profundamente significativos en el marco de estos ejes, como el de Arte y Educación que se observa en el programa referido de Jornada Escolar 40 horas o 40×40.

Es clave mirar lo que significa esa relación Arte y Educación inserto en este programa, porque es más de lo que aparece a simple vista. Lo primero es la sensación de sueño que se materializa, 30 años de proponer la Jornada Alterna Artística, de hablar del arte en la educación, del arte como educación, de realizar pequeños experimentos, y a pesar de que algo se estaba haciendo es un algo mínimo, y de pronto, si, un Plan de la ciudad que lo incluye y ahí estamos, en la implementación, en el proceso de materialización, el sueño que se hace Plan y el plan que hay que hacer realidad palpable, concreta.

En el marco de esta experiencia, que se inicia en septiembre de 2012, estamos desarrollando una investigación que se corresponde con la fase exploratoria de estos proyectos y del programa mismo. Se trata de observar el contexto y el sentido de este proceso de intervención del arte en la educación en sus comienzos, en su fase exploratoria, en donde seguramente todavía estamos (agosto de 2014). Investigación con participación de nuestros maestros y maestras, y en consonancia con reflexiones colectivas, es decir con elementos importantes de investigación participativa apoyada en relatos de campo, indagando contextos e intersubjetividades. Una aproximación a qué es o puede ser esto del arte en la educación a partir de estas experiencias. Tal vez deba entenderse la investigación como elemento nuclear permanente del proceso, como que debe ser parte central de su sentido. Finalmente todo, incluyendo la investigación formal, es un proyecto de investigación pedagógico cuyo material central es la praxis, la experiencia viva.

Se observa en estas miradas la dificultad del sistema educativo para recibir o para encontrarse con la perspectiva que ofrece el arte, su naturaleza, la pedagogía que se deriva de ella, su libertad, su experimentación, la necesidad que se tiene de no encuadrar la experiencia artística en rígidas mallas curriculares y en normas de orden propias de la costumbre educativa y de la impotencia pedagógica. En esa tensión se desarrollan los proyectos y en la necesidad de encontrar puntos de contacto, de dialogo y encuentro, de apertura colectiva a horizontes nuevos.

Este es un poco el universo que esperamos los chicos y las chicas, los maestros y las maestras, los padres y las madres, las comunidades, exploren y habiten por una sociedad creadora, libre y viva. Este es el horizonte ideal que se propone el arte en la educación, al menos la visión que proponemos y que se encuentra allí para ser experimentada y discutida, en un ámbito de concurrencia diversa y plural.

Para terminar esta rápida y general aproximación al tema de arte y educación en consonancia con el esfuerzo que se hace en Bogotá por introducir el componente artístico de modo intensivo y sistemático en la educación escolar pública por medio del programa Jornada Escolar 40 horas o 40X40, reproducimos a continuación algunos fragmentos del texto de Gabriel García Márquez “Por un país al alcance de los niños”, discurso leído el 21 de julio de 1994 sobre educación en el marco de la entrega del informe de la Misión Colombiana de Ciencia, Educación y Desarrollo en el Palacio de Nariño, y que contribuye a nuestra argumentación, así como lo hacemos en memoria profunda del maestro:

“…el don de la creatividad, expresión superior de la inteligencia humana”.

“…nuestra educación conformista y represiva parece concebida para que los niños se adapten por la fuerza a un país que no fue pensado para ellos, en lugar de poner el país al alcance de ellos para que lo transformen y engrandezcan. (……).. que la vida sería más larga y feliz si cada quien pudiera trabajar en lo que le gusta, y solo en eso.”

“Creemos que las condiciones están dadas como nunca para el cambio social, y que la educación será su órgano maestro. Una educación desde la cuna hasta la tumba, inconforme y reflexiva, que nos inspire un nuevo modo de pensar y nos incite a descubrir quiénes somos en una sociedad que se quiera más a sí misma. Que aproveche al máximo nuestra creatividad inagotable y conciba una ética -y tal vez una estética- para nuestro afán desaforado y legítimo de superación personal.

Que integre las ciencias y las artes a la canasta familiar, de acuerdo con los designios de un gran poeta de nuestro tiempo que pidió no seguir amándolas por separado como a dos hermanas enemigas. Que canalice hacia la vida la inmensa energía creadora que durante siglos hemos despilfarrado en la depredación y la violencia, y nos abra al fin la segunda oportunidad sobre la tierra que no tuvo la estirpe desgraciada del coronel Aureliano Buendía. Por el país próspero y justo que soñamos: al alcance de los niños.”

 

SERGIO GONZÁLEZ LEÓN Actor, escritor y director de teatro, pedagogo y educador, investigador cultural. Fundador y director de Acto Latino (Corporación de Teatro y Cultura Acto Latino). Fundador, director y maestro del Laboratorio de Formación del Actor de Acto Latino. Director de la revista Teatros. Coordinador de Artistas en Nodo por la Educación y del proyecto Colegio Creador de Acto Latino en colegios públicos y CLAN. Coordinador y activista del Movimiento Sísmico por la paz, la ecología y la democracia real y total.