3.1 (62.9%) 62 votes

Estudio: Una Guía para la Lectura Dramatizada

 

Tania BáezTania Báez Cáceres

Licenciada en Artes y Diseñadora Teatral,  Universidad de Chile; Postitulada en Dirección Teatral,  Pontificia Universidad Católica de Chile; Licenciada en Educación y Profesora de Artes Visuales, Universidad de Chile; Magister (c) en Educación, Universidad Católica Cardenal Silva Henriquez. Docente Departamento de Estudios Pedagógicos y Programa de Educación Continua (PEC), Facultad de Filosofía y Humanidades,  Universidad de Chile.  

 

 

La lectura dramatizada es una práctica derivada del quehacer teatral profesional que ha sido explorada en el aula con muy buenos resultados respecto de la fluidez  y comprensión lectoras. Se aplica muy bien en niños y niñas que tienen desde un manejo parcial del código escrito a uno muy acabado, siendo necesario cautelar los grados de dificultad  de los textos suministrados ya que el primer aspecto para realizar una  lectura dramatizada es seleccionar los textos adecuados al rango etario y al nivel de lectura del estudiante. 

 

“Una lectura dramatizada es una lectura interpretativa desarrollada en forma organizada y sistemática con fines específicos en que el texto pertenece al género dramático, por ende considera la acción como núcleo central, es decir, que los personajes no narran lo que les sucede sino que ejecutan acciones físicas siendo la emoción una acción también de tipo psicofísica donde existe un cambio, por ejemplo el silencio, la pausa, la interrupción al hablar, el temblor en la voz, etc.”.

 

Al igual que los textos narrativos o poéticos, los textos dramáticos deben ser gestados para un lector o público determinado. No es conveniente que los niños y niñas lean o interpreten personajes con conflictos distintos a sus intereses. Esto puede generar la primera dificultad para el guía de la actividad ante la escasa disponibilidad de textos dramatúrgicos para niños, motivo por el cual los docentes muchas veces recurren a textos que pudieran no resultar lo suficientemente motivadores o comprensibles para el rango de edad del grupo objetivo. Por ello resulta fundamental que el guía prepare su práctica nutriéndose de una cantidad y variedad de textos adecuados y entretenidos, que sean capaces de transmitir a los niños ideas importantes según su edad, y que además de motivadores ojalá sean fáciles de leer. El docente que inicia esta práctica, debe ser un buscador incansable de material que pueda motivar a su estudiantado.

También resulta muy interesante adaptar un texto narrativo o poético para que opere como un texto dramático que puede ser leído a voces. La misma transformación de textos podría ser una actividad altamente motivadora para niños de cursos más avanzados, puesto que las posibilidades de creación dramatúrgica o de diversificación de voces  son infinitas.

Lo importante es llegar a obtener un guión o libreto convirtiendo los sucesos del relato o de la poesía, en diálogos o voces diferenciadas, definir los actos, cuadros y escenas, si así fuera necesario. Se deberán identificar los hechos o sucesos más importantes del relato, luego identificar los personajes y las intervenciones de cada uno de ellos. Caracterizarán a los personajes y describirán dónde y cuándo se produce la acción que pudiera estar incluida a modo de acotación o puede deducirse del texto o simplemente inventarse.

 

EL ÍMPETU DE LA REPRESENTACIÓN

Finalmente resulta fundamental indagar y definir los estados emocionales que subyacen en cada texto a fin de que el niño se esfuerce en la interpretación, que es lo que finalmente le hace sentido y otorga significancia a la actividad, provocando como resultado final la fluidez en tanto se ha desarrollado comprensión e incorporación del código escrito al código oral.

 

“La lectura dramatizada va a generar en el grupo curso un irrefrenable ímpetu de representación, pero cómo este no es el objetivo de la actividad, es importante poder brindar a los y las estudiantes cierta libertad de caracterización y movimiento sin llegar a la acción física, pues lo que requerimos es que la lectura se ejercite”.

 

 

Ya en posesión de un texto dramático, se procede a designar los personajes de la obra en correspondencia con el grupo curso. Si la obra se lee por primera vez es importante estar atentos al momento en que toca leer a cada estudiante según el personaje asignado. Las primeras lecturas suelen ser erráticas y accidentadas, sobre todo respecto de las intervenciones a tiempo de los personajes. Ante esto el  guía no debe preocuparse ya que una vez que se adquiere un ritmo, la cosa cambia y va resultando altamente motivadora, tanto así que al terminar una lectura que ha presentado errores, los estudiantes mismos proponen repetir la lectura pues saben perfectamente qué no hicieron bien, y necesitan una nueva posibilidad para probarse en dicho desafío.

La lectura dramatizada va a generar en el grupo curso un irrefrenable ímpetu de representación, pero cómo este no es el objetivo de la actividad, es importante poder brindar a los y las estudiantes cierta libertad de caracterización y movimiento sin llegar a la acción física, pues lo que requerimos es que la lectura se ejercite. El utilizar elementos de caracterización  puede constituir, generalmente,  un acierto pues niños y niñas  comienzan a sentirse más cómodos en su rol y quieren lograr mayor identificación, para ello se esfuerzan en el énfasis y la actitud, necesarias,  lo que se manifiesta en una mejor lectura. Después de estas ejercitaciones, podremos ver que nuestro elenco reacciona con mucha  más naturalidad y expresión frente a una lectura que antes podría haber resultado plana y/o dificultosa.

Sin embargo siempre es posible que algún participante se sienta incómodo con la actividad, frente a lo cual el guía debe ser delicado, apoyarlo en su desafío y controlar al grupo que puede manifestarse ansioso ante la demora o timidez de su compañero. En dicho caso es fundamental que el guía apoye explícitamente a quien enfrenta la dificultad y se muestre proactivo en trabajar para resolver el problema cosa de que los otros niños observen y valoren el apoyo brindado, hasta conseguir el logro de la fluidez lectora colectiva y el disfrute grupal.

Usar elementos de caracterización del ambiente a modo de escenografía también puede resultar altamente motivador, lo importante es que se mantenga el foco en la lectura, y que todo lo que se use para caracterizar ya sea vestuario, máscaras, antifaces, maquillaje, elementos o decoración espacial, haya sido gestionado por los propios niños teniendo a su profesor/a guía como aliado. El rol de los padres y apoderados debe suscribirse al de facilitadores de los medios sin  actuar como ejecutores ni tampoco espectadores pues no es la representación o el espectáculo el objetivo ya que se trata de una actividad donde pueden existir distintos niveles de desempeño y no es el objetivo exponer  la diferencia al escrutinio de otros, desvirtuando con ello el sentido de la actividad  de enseñanza aprendizaje.

 

LOS ATRIBUTOS DE LA LECTURA DRAMATIZADA

 

“…el arte teatral legitima su presencia en los marcos curriculares escolares no solo en su dimensión artística sino también como una herramienta pedagógica versátil y dinámica que podría colaborar en las distintas asignaturas”.

 

Al destacar los atributos del teatro nos encontramos con que “La dramatización como expresión es completa en cuanto que coordina las cuatro herramientas que convencionalmente consideramos básicas para tal fin: expresión lingüística, corporal, plástica y rítmico musical. La dramatización ofrece la oportunidad de cultivarlos, a veces de manera simultánea, sucesiva y con la motivación que supone su carácter lúdico” .  Así,  el arte teatral legitima su presencia en los marcos curriculares escolares no solo en su dimensión artística sino también como una herramienta pedagógica versátil y dinámica que podría colaborar en las distintas asignaturas.

Respecto del objetivo central de la lectura dramatizada que es la expresión lingüística, nos encontramos con que en dicha actividad se trabajan  recursos fundamentales de la oralidad  alineada con la escritura. El desarrollo de la capacidad lingüística se ocupa de aspectos como: conocer y modular las características de la voz (intensidad, duración, tono), identificar sonidos, imitar formas de hablar, explotar las cualidades de las palabras, desarrollar  la innovación y la improvisación verbal, etc. El texto dramático es exquisito respecto de la plasmación escrita de las expresiones orales en tanto florecen las exclamaciones, interjecciones, vocativos, onomatopeyas, etc., lo que si bien colabora en una interpretación fidedigna de lo que la obra expresa, requiere de la creatividad y expresividad del hablante o intérprete que podrá llenar de sentido y calidez cada una de las expresiones presentes en la obra.

 

“La lectura dramatizada permite explorar comportamientos y emociones desde el plano de la ficción para observar la correlación entre estimulo  y emoción  y su manifestación a través del gesto corporal”.

 

Si bien el objetivo de la lectura dramatizada no es la puesta en escena mediante las acciones físicas, la práctica de esta permite visualizar la importancia del movimiento en el lenguaje oral y expresivo. Aunque el movimiento y la expresión corporal ocupan un lugar en el marco asignado principalmente a la asignatura de educación física, la dimensión expresiva del lenguaje también abre puertas a la corporeidad desde estas prácticas en otras asignaturas.

Comprender las emociones desde el cuerpo brinda la posibilidad al infante de explorar sus propias emociones y las de su entorno desarrollando una mirada más comprensiva e integrada de sí mismo. La lectura dramatizada permite explorar comportamientos y emociones desde el plano de la ficción para observar la correlación entre estimulo  y emoción  y su manifestación a través del gesto corporal. Lo fundamental es dejar que gestos, movimientos y expresiones surjan del hablante-lector y no que sean determinadas o modeladas por el guía ya que el aprendizaje está en el proceso de gestación del gesto o la intención más que en el resultado o producto que espera el adulto desde su forma de concebir la expresión y  que se instala externamente. Cuando esto ocurre el niño solo demuestra que es capaz de cumplir con el mandato del guía  pero se le ha privado del enriquecedor proceso de  gestar la síntesis expresiva que requiere la ejecución de una acción, intención o gesto, por mínimos que estos parezcan.

La expresión plástica también puede tener lugar en dicha actividad pues  mediante, la pintura, el niño elabora elementos que necesita para construir y caracterizar personajes y ambientes. La expresión plástica aporta la base técnica de maquillajes, máscaras, muñecas, efectos plásticos escenográficos, espacio escénico y utilería. Son elementos de gran interés para niños y niñas los disfraces, el maquillaje y la escenografía en tanto colaboran en la concreción del universo de ficción que tanto les gratifica y al cual acuden con tanta naturalidad. El niño experimenta simple y llano placer cuando crea y habita estos espacios de ficción, por ello resulta significativo cualquier aprendizaje que sea vehiculizado mediante dichos recursos.

Finalmente no podemos olvidar que toda dramatización conlleva una secuencia narrativa que en  el caso particular se desarrolla mediante las acciones físicas y el lenguaje. La lectura dramatizada que trabaja con textos dramáticos sin ser representados cautiva la atención de una audiencia que debe crear en su mente las imágenes para reconstruir el relato. Por otro lado el interprete enfrenta un desafío a su comprensión lectora ya que debe imaginar las acciones que otorgan sentido al relato extrayéndolas no solo de aquel recurso técnico denominado acotación que se utiliza para indicar acciones o modos de hacer, sino que también de las  referencias dentro del texto en que un personaje dice lo que otro hace o el mismo personaje dice de sí mismo.  Estas referencias no siempre son explícitas y muchas veces es necesario bucear en el texto para encontrarlas. De esta necesidad de entender lo que ocurre dentro del texto en lo que a acción y emoción se refiere, es donde radica la potencia de la lectura dramatizada para promover la comprensión textual dado que es imposible interpretar un texto sin comprenderlo.
Finalmente es importante reiterar lo importante que resulta que el guía acompañe el proceso  con rigor y flexibilidad ya que se necesita disciplina para obtener buenos logros y beneficiarse de la práctica pero además es importante que los ejecutores fluyan en el proceso, prueben voces e intenciones, que exploren el texto preguntándose acerca de los sentidos que de este se desprenden y por sobre todo compartan con sus pares y con su profesor o guía, en un juego placentero y educativo.